La contraofensiva de Irán iniciada con la trigésimocuarta oleada el 10 de marzo de 2026 y una escalada sistemática en su intensidad —como se demostró esta madrugada con la trigésimo novena—, está marcando el momento en que Donald Trump y Benjamin Netanyahu deberían admitir que perdieron la guerra convencional contra Irán, y que la Europa otanista de Francia, Italia, Reino Unido y Alemania, no puede sacarles las castañas del fuego.
La pregunta es, ¿qué van a ser? Y la pregunta incluye a Bruselas que camina por el filo de la navaja como si de verdad creyera que no se cortará los pies, o que el oso no rugirá enseñando sus cortantes colmillos y sus garras abiertas, o el dragón no escupirá fuego, al mínimo atisbo de peligro.
Trump y Netanyahu ¿seguirán mintiendo, ocultándoles a sus pueblos la cantidad real de muertos que han tenido, el agotamiento de sus arsenales y su destrucción, la restricción que ya tienen sobre sus presupuestos de guerra? ¿Será demasiado duro para ambos detener la conflagración, aunque sea mediante la infantil mentira de que la ganaron y cumplieron sus propósitos? ¿Confesarán que son los responsables de la crisis económica mundial que se avecina?
¿En verdad creerán que estadounidenses e israelíes, de cualquier color que sea su ideología partidaria e incluso religiosa, no le pedirán cuentas y tendrán que dárselas? ¿Qué el mundo se quedará callado cuando se intensifique la crisis económica, la estanflación se generalice, el caos en el comercio mundial haga cundir el pánico, y empiecen a notarse con brutal fuerza los efectos de la violación del orden mundial, de derecho internacional, de la matanza fascista en altamar y los genocidios protagonizados por ambos?
¿Por qué no se sinceran consigo mismos y les dicen la verdad de todo lo ocurrido a sus pueblos, aun cuando no sea posible en sus casos un examen de conciencia cuyos pecados se puedan lavar con tres avemarías, y se den con el puño en el pecho diciéndole al que los mira de soslayo desde lo alto: “por mi culpa, por mi grandísima culpa?
¿Qué van a hacer? ¿Inmolarse —concepto imposible para ellos dos— apretando botones para convertir en asteroides nuestro hermoso planeta azul?
Ya los jefes del subestimado ejército iraní les informaron que, ante sus rebeldías y mentiras, no les darán la oportunidad de negociar, ni de terminar la guerra. Los iraníes les respondieron con un ojo por ojo no muy religioso, pero en este caso tan necesario como la nalgada docente de Makarenko. Es decir, nada que no hayan dicho antes con groseras palabras Trump y Netanyahu cuando estaban convencidos de que la guerra la ganarían en tres días.
Desde el 10 de marzo, con el inicio de la contraofensiva iraní Operación Promesa Veraz 4, se acabaron los secretos, las mentiras, las incertidumbres. ¿Qué alternativas les quedan al nazismosionista? ¿Trump enviará cientos de miles de soldados estadounidenses para ocupar Irán?
Es que las guerras no se ganan desde el aire, sino desde la tierra, con infantería, cañones, tanques, es decir miles de hombres que llegan al campo de batalla jóvenes, sanos y fuertes, con las bendiciones entre lágrimas de sus padres, y una importante cantidad regresa en ataúdes, o sin piernas. mancos, con un futuro incierto, triste, amargo, como aquellos veteranos de guerra que un día, cuando regresaron mutilados de Vietnam, se fueron al cementerio de Arlington para tirar sus medallas y renegar de Lyndon B. Johnson y Richard Nixon, y se convirtieron en la antítesis del héroe del celuloide y en el súmmum del antibelicismo para hacer la verdadera guerra desde sus sillas de ruedas: la de la paz y la armonía entre los seres humanos.
Lamentablemente, esa guerra no se ha ganado, no tanto porque existan personas malevas como Trump y Netanyahu, y multimillonarios estúpidos y ambicioso como Elon Musk, o despreciables empresas petroleras conocidas que lucran con la guerra, sino porque todavía no se han podido eliminar sus causas más profundas, que están en el agotamiento de un modo de producción ya obsoleto cuyos representantes se obstinan mantenerlo mediante el odio y la violencia.
Las alternativas acerca de Irán no son muchas, pero sí trascendentes: Invasión militar nazisionista muy masiva y martirologio inútil sin premios que repartir. De lo contrario, se acaba la guerra con el reconocimiento de Estados Unidos e Israel de su crimen, o se acaba el mundo. A ese extremo apocalíptico ha conducido Trump a todos los habitantes de la casa común.







