Noventa años no es únicamente una cifra. Son la memoria de varias generaciones que decidieron organizarse para cambiar la realidad que les tocó vivir. Son noventa años de militancia, de compromiso, de conquistas, y también de derrotas. Son las vidas de miles de personas anónimas que entendieron que la historia no la escriben los poderosos, sino también quienes luchan, quienes se organizan y quienes se niegan a aceptar la injusticia como algo inevitable.
Hace 90 años, un 23 de julio de 1936, que se fundaba el Partit Socialista Unificat de Catalunya en el Bar del Pi, en Barcelona. Pocos días después del golpe de Estado contra la República, en un momento en que el enfrentamiento entre proyectos de sociedad era también un enfrentamiento por el futuro de la humanidad. Su creación fue la respuesta de cuatro organizaciones marxistas que entendían que la unidad de la clase trabajadora era una necesidad histórica ante la amenaza del fascismo y ante la urgencia de construir una alternativa para el pueblo de Catalunya. Así, el PSUC nació como partido nacional y de clase, vinculado al PCE, y siendo el único partido de una nación sin Estado reconocido como miembro de la Internacional Comunista. Un partido nacido como expresión de la realidad catalana concreta.
Al frente de aquel proyecto estuvo Joan Comorera, primer secretario general del PSUC. Comorera representó la voluntad de construir un gran partido obrero catalán capaz de intervenir en la sociedad desde una perspectiva marxista. Durante la Guerra Civil, el PSUC participó en las instituciones de la Generalitat y en las organizaciones populares de resistencia antifascista, asumiendo que la defensa de la democracia republicana era también la defensa de la posibilidad de avanzar hacia una sociedad más justa.
Pero la historia del PSUC no puede, ni debe, explicarse solo desde las vidas de sus dirigentes. Podríamos mencionar a Gregorio López Raimundo, Josep Moix, Pere Ardiaca, Miquel Núñez, Lina Òdena o Margarida Abril, que no eran únicamente dirigentes de una estructura partidaria, eran representantes de una cultura política basada en la solidaridad, la formación, y la voluntad de transformar la sociedad.
Pero un partido es, sobre todo, la militancia anónima que lo construye día a día. Son los trabajadores y trabajadoras que organizaron huelgas, los militantes clandestinos que mantuvieron viva la llama de la lucha durante la dictadura franquista, las personas que repartieron prensa ilegal, que crearon espacios de solidaridad y que construyeron organización allí donde el régimen quería imponer silencio. Generaciones de militantes que hicieron de la lucha una forma de compromiso vital.
Durante la larga noche del franquismo, el PSUC se convirtió en la principal fuerza de la oposición antifranquista en Catalunya, presente en las fábricas, en los barrios obreros, en las universidades y en los movimientos populares. Impulsando las asociaciones vecinales, las CC.OO., el sindicato estudiantil, entidades juveniles, y la unitaria Asamblea de Catalunya. Todo un tejido social frente a la dictadura franquista.
Con el fin de la dictadura, el PSUC tuvo un papel protagonista en la recuperación de los derechos y las libertades. Su presencia fue la de una fuerza que no quería una democracia limitada, sino una democracia económica y social. El proyecto del PSUC defendía una Catalunya diversa, popular y solidaria, donde catalán era el que vivía y trabajaba en Catalunya, se impulsara un programa profundamente social, y su camino estuviese fraternalmente unido a los demás pueblos de España.
Como todos los proyectos revolucionarios, el PSUC también vivió contradicciones, debates intensos y dificultades. Las transformaciones del capitalismo, la ofensiva neoliberal y los cambios del último tercio del siglo XX plantearon nuevos desafíos para los y las comunistas. Algunos decidieron “actualizarse” ante el cambio de ciclo, otros mantuvieron el proyecto, construyendo el PSUC viu.
El mejor homenaje a aquellas generaciones no es mirar atrás con nostalgia, sino recoger el hilo de su compromiso y continuar con las tareas que corresponden a nuestro tiempo
Celebrar el 90 aniversario del PSUC no significa convertirlo en una pieza de museo para venerar en una urna de cristal. Mantener la vigencia del legado “psuquero” significa mantener vivo el programa político y el proyecto comunista, adaptándolo a los nuevos tiempos sin perder nuestro horizonte de transformación social. Significa reconocer una tradición de lucha que está estrechamente ligada a la historia del pueblo catalán, y queremos que siga estándolo.
Hoy, noventa años después de la fundación del PSUC, el capitalismo continúa generando contradicciones que afectan a la mayoría social trabajadora. Pero los y las comunistas catalanes apostamos por la necesidad de la organización colectiva, por solidaridad y por la unidad comunista para fortalecer una alternativa necesaria.
El mejor homenaje a aquellas generaciones no es mirar atrás con nostalgia, sino recoger el hilo de su compromiso y continuar con las tareas que corresponden a nuestro tiempo.
Perquè venim de lluny i anem més lluny encara!
Por muchos más años, estimat PSUC.







