Lula continuará al frente de Brasil

Brasil no cabe en el patio trasero de nadie

La victoria electoral ha dado una respuesta. Convertirla en nuevas conquistas sociales y mayores espacios de soberanía será la tarea de los próximos cuatro años.
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Lula da Silva (Brasil) elecciones 25 de octubre 2026 | facebook.com/Lula
Lula da Silva (Brasil) elecciones 25 de octubre 2026 | facebook.com/Lula

El pueblo brasileño ha vuelto a elegir a Luiz Inácio Lula da Silva como presidente de la República. Con el 51,79 % de los votos frente al 48,21 % de Flávio Bolsonaro, Lula ha conseguido una victoria que parecía mucho más difícil después de la primera vuelta del 4 de octubre, cuando el candidato de la ultraderecha obtuvo una ventaja de casi dos puntos. Por primera vez desde el restablecimiento de la democracia, un candidato que había quedado segundo en la primera vuelta ha conseguido remontar y ganar la presidencia.

Hace unas semanas señalábamos que las elecciones brasileñas no podían interpretarse como una simple alternancia entre candidatos. Lo que estaba en disputa era también el modelo de desarrollo, la distribución de la riqueza, el papel del Estado y la capacidad de Brasil para decidir su propio futuro en un escenario internacional cada vez más conflictivo. La victoria de Lula permite dar continuidad a una determinada orientación política, pero no elimina las contradicciones que han atravesado toda la campaña.

La primera conclusión es que el bolsonarismo ha perdido la presidencia, pero no ha perdido su capacidad de movilización. Cerca de 60 millones de brasileños han votado a Flávio Bolsonaro. No estamos ante un fenómeno marginal ni ante una corriente que pueda explicarse exclusivamente por la figura de Jair Bolsonaro. Existe una base social y política consolidada, capaz de articular bajo una misma candidatura posiciones ideológicas reaccionarias, rechazo al Gobierno y malestares económicos y sociales de distinta naturaleza.

Esta realidad merece una reflexión que va mucho más allá de Brasil. Durante los últimos cuatro años, el Gobierno de Lula ha conseguido reducir el desempleo, recuperar poder adquisitivo y sacar nuevamente al país del Mapa del Hambre de Naciones Unidas. Sin embargo, estos avances no impidieron que la ultraderecha llegara a encabezar la primera vuelta electoral.

Los resultados sociales no se convierten automáticamente en conciencia política ni garantizan la adhesión a quienes los han impulsado. Entre las mejoras económicas, la experiencia cotidiana de la población y su interpretación política intervienen numerosos factores. El coste de la vida, el endeudamiento, la inseguridad o las expectativas frustradas pueden convivir con indicadores generales positivos. Comprender esa distancia constituye uno de los principales desafíos para las fuerzas de izquierda, tanto en América Latina como en Europa.

Lula deberá afrontar un Congreso de mayoría conservadora

La remontada de Lula demuestra que era posible reconstruir una mayoría electoral en ese escenario. Pero ganar una elección no significa haber resuelto las causas del descontento. El propio Lula, en su intervención tras conocer los resultados, reconoció la necesidad de cambiar su forma de gobernar y reforzar la relación con la sociedad brasileña.

A esta dificultad se añade la correlación de fuerzas institucional. El Partido Liberal de Bolsonaro contará con 121 diputados en la próxima legislatura, mientras que la federación integrada por el PT, el PCdoB y el PV tendrá 88. Lula deberá afrontar un Congreso de mayoría conservadora, con capacidad para condicionar profundamente las decisiones del Ejecutivo.

Por ello, la cuestión decisiva del nuevo mandato no será solamente mantener los avances sociales, sino encontrar la capacidad política necesaria para profundizarlos. Las propuestas de reducción de la jornada laboral, fortalecimiento de los servicios públicos, redistribución de la riqueza y desarrollo industrial se enfrentarán a resistencias importantes. La continuidad presidencial no equivale por sí misma a una transformación de la correlación de fuerzas sociales.

Autonomía estratégica, soberanía y multeralismo

Pero esta victoria tiene también una dimensión internacional que no puede separarse de lo que está ocurriendo en América Latina.

Brasil es la mayor economía de la región, miembro fundador de los BRICS y una potencia con capacidad para intervenir en la transformación del sistema internacional. Su política exterior bajo Lula ha recuperado la defensa de la autonomía estratégica, la integración latinoamericana, la cooperación Sur-Sur y el multilateralismo, frente a una concepción de las relaciones internacionales basada en la subordinación a una potencia hegemónica.

En su intervención ante Naciones Unidas el pasado septiembre, Lula afirmó que Brasil no cabe en el patio trasero de nadie. Aquella declaración expresaba una concepción de la soberanía que va mucho más allá de la política diplomática. Significa defender la capacidad de cada país para decidir sus relaciones comerciales, desarrollar su industria, controlar sus recursos estratégicos y establecer sus alianzas internacionales de acuerdo con sus propios intereses.

La diferencia entre ambos proyectos presidenciales resultaba especialmente significativa en un momento en que la Administración Trump está reforzando su presión sobre América Latina. Mientras Lula ha defendido el derecho de Brasil a mantener relaciones con distintos centros de poder, Flávio Bolsonaro representaba una orientación de mayor proximidad política con Washington.

La reelección de Lula mantiene abierta la posibilidad de que Brasil continúe desempeñando un papel relevante en la construcción de un orden internacional multilateral. Y esto tiene consecuencias para toda una región en la que las fuerzas progresistas han sufrido importantes retrocesos y donde los proyectos de integración autónoma siguen encontrando dificultades.

Sin embargo, tampoco en el plano internacional cabe confundir la victoria electoral con la resolución de las contradicciones. Brasil seguirá enfrentándose a presiones económicas, comerciales y geopolíticas. Y la defensa de su soberanía dependerá tanto de sus alianzas exteriores como de su capacidad interna para construir un desarrollo menos dependiente y socialmente más justo.

Comprender cómo crece la ultraderecha para atajarlo

La victoria de Lula ofrece, por tanto, una oportunidad política de enorme importancia, pero también deja una enseñanza que la izquierda internacional debería examinar con atención: no basta con derrotar electoralmente a la extrema derecha; es necesario comprender las condiciones que permiten su crecimiento y actuar sobre ellas.

Hace unas semanas concluíamos que en Brasil se elegía presidente, pero también se discutía qué margen tendrían nuestros pueblos para decidir su propio futuro.

Hoy conocemos el resultado de aquella elección. Lula continuará al frente de Brasil y su Gobierno podrá seguir defendiendo una orientación social e internacional diferente de la representada por el bolsonarismo.

Pero la disputa por el futuro de Brasil no terminó anoche. Continúa en las condiciones de vida de millones de trabajadores, en la distribución de la riqueza, en las instituciones, en la capacidad de organización popular y en las decisiones que determinarán el lugar del país en el mundo.

La victoria electoral ha dado una respuesta. Convertirla en nuevas conquistas sociales y mayores espacios de soberanía será la tarea de los próximos cuatro años.

(*) Responsable del PCE para América Latina y el Caribe

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