Obama da las claves de lo que será la política de Biden contra América Latina

En buena parte de su más reciente libro, Una tierra prometida, el expresidente estadounidense Barack Obama explica los límites de acción que tiene una superpotencia, con una conclusión que por obvia no deja de ser trascendente: en política hay una sustancial diferencia entre lo que se quiere hacer y lo que efectivamente se puede hacer. Eso hasta el presidente de Estados Unidos lo aprende.

Si se quiere tener una idea de cuál será la política de Estados Unidos durante los próximos cuatro años hacia el mundo, América Latina y en particular Cuba y Venezuela, ese libro da las claves. Uso del poder blando, de la diplomacia junto con sus aliados y de la triangulación de intereses sin descartar nunca la fuerza como último recurso.

El equipo de política exterior que el presidente electo Joe Biden viene armando, encabezado por dos veteranos de la Administración Obama, Antony Blinken, próximo Secretario de Estado, y Jake Sullivan como Consejero de Seguridad Nacional, comparte esa filosofía pragmática.

No deja de sorprender cómo hay innumerables cosas que el comandante en jefe de la mayor maquinaria militar de toda la historia no puede hacer. Su poder está sencillamente limitado, no sólo por cuestiones constitucionales, sino por la opinión pública y los electores a los que debe responder.

Sin embargo, si lo desea, el inquilino de la Casa Blanca se las puede arreglar para pasar por encima incluso de esos obstáculos. Pero hay una limitación que no puede responsablemente obviar: las consecuencias a mediano y largo plazo de cualquiera de sus decisiones.

¿Por qué, por ejemplo, el presidente de Estados Unidos no hace uso de su inigualable poder militar e interviene en Venezuela, Cuba y Nicaragua? La respuesta la da Obama en varias ocasiones a lo largo de su relato ante distintas circunstancias: “Nuestras opciones eran limitadas”.

Una de esas limitaciones consiste en la posibilidad de transformar un terrible problema en otro mucho mayor. El uso puro y simple de la amenaza o la fuerza no necesariamente resuelve un problema de política exterior.

Esa es la lógica con la que Obama justifica el giro de su política hacia Cuba. En diciembre de 2014 advirtió que su objetivo era el mismo de los presidentes que le precedieron, lo que cambiaba eran los medios.

Recordemos que, al mismo tiempo que Obama se acercaba a los cubanos, comenzaba la política de sanciones contra Nicolás Maduro. Estrategia y diplomacia. Dividir al contrario, no cohesionarlo. Ese va a ser el juego de la política exterior de Estados Unidos para los próximos cuatro años.

Pedro Benítez / Centro Andino de Estudios Estratégicos

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