“Yo soy presidente de la CELAC y les quiero decir que a estas alturas ser presidente de la CELAC sirve para tres cosas, para nada, para nada y para nada”, palabras expresadas muy recientemente en un evento en la isla de San Andrés por parte de quien se ha distinguido en los últimos años por ser, con un espíritu profundamente bolivariano, impulsor de la unidad de los pueblos latinoamericanos, andinos, caribeños o amazónicos: Gustavo Petro Urrego. Y las expresó a solo un mes de que en la ciudad de Santa Marta con gran pompa y despliegue se realizó la cumbre de la CELAC con la Unión Europea. Cumbre en la cual criticó la existencia de la unanimidad que estatutariamente obliga a los pronunciamientos y acciones de la CELAC, lo que en su opinión debería ser cambiado, pues paraliza el accionar y los pronunciamientos en situaciones de carácter urgente, pues es imposible, dijo, que con las diferentes opiniones y visiones existentes se pueda consensuar absolutamente todo.
De manera que no fue en San Andrés donde por primera vez Gustavo Petro critica a la CELAC. En esta ocasión su crítica se dirigió, primero, contra todos los organismos multilaterales regionales e internacionales por su inoperancia ante el genocidio contra Palestina, y en segundo lugar, por la falta de acciones colectivas ante los reiterados y crecientes ataques de Estados Unidos contra la región, por la militarización extrema del Caribe, el centenar de personas asesinadas por tropas yanquis en aguas del Caribe y del Pacífico, las amenazas de una intervención militar en Venezuela y también a Colombia y México. Incluyendo la amenaza cierta del montaje de un proceso judicial al mismo Petro para encauzarlo, justificar una intervención y su apresarlo. La misma suerte que Trump y la derecha opositora venezolana anuncian para el legítimo presidente de Venezuela Nicolás Maduro.
Las observaciones del presidente colombiano nos muestran un panorama poco esperado para una región con un largo y heroico legado de lucha antimperialista, que está en las raíces del surgimiento de los movimientos revolucionarios y nacionalistas. Hoy pareciera que cada gobierno progresista busca salvar solo su propio pellejo ante la andanada antimperialista. El mismo Petro ha sorprendido con su extraña propuesta de que en Venezuela lo que falta es democracia y su propuesta de un gobierno de transición consensuado entre Maduro y la oposición.
¿Ha sido derrotada la América Latina que llegó a ser considerada por los pueblos europeos como una luz de esperanza y el horizonte a mirar en medio de las derrotas en Europa? Obviamente que no. Pero se requiere de un remezón, de un sacudón antes de que sea demasiado tarde ante los nuevos planes monroistas del imperio. En medio de las diferencias, los gobiernos progresistas, junto a los movimientos populares, tienen que encontrar un camino unitario de resistencia, pensando más allá de como cada cual negocia con Trump el nivel de sus propios aranceles, es decir de castigos ilegales financieros como si los condenados a muerte negociaran con el verdugo el grosor de la cuerda que pasará por su pescuezo.
La victoria de la ultra derecha en Chile es un nuevo baldado de agua fría que obliga a la izquierda, de América Latina y también de Europa, especialmente a la que hace parte de gobiernos progresistas, a mirar bien las estrategias que se siguen, para no caer arrastrados por el derrumbe de las socialdemocracias.








