La situación actual arrancó ante el intento de Israel de desalojar de sus viviendas a varias familias palestinas de Sheik Jarrah, un barrio situado en Jerusalén Este

Palestina, ¿una tercera Intifada?

Los medios de comunicación se han llenado de repente con dramáticas imágenes de una nueva escalada de violencia en el extremo oriental del Mediterráneo. Pero han sido sobre todo las redes sociales, y en especial la plataforma Tik Tok, difundiendo videos de los ataques israelíes contra Gaza, quienes ha logrado movilizar a miles de jóvenes que se han sumado a las convocatorias de protesta a lo largo y ancho del planeta: en Chicago, Philadelphia, Boston, Nueva York, Washington DC, Los Ángeles, San Francisco (EEUU), en Toronto y Otawa (Canadá), en Buenos Aires (Argentina), en la Paz (Bolivia), también en los países árabes o en Indonesia. En toda Europa, desde el Reino Unido a Alemania, Bélgica o Italia, o las diversas ciudades españolas, las multitudinarias manifestaciones se suceden, izando banderas palestinas y eslóganes de condena, pidiendo el fin de la agresión israelí, de las expropiaciones de viviendas y libertad para Palestina.

La Federación de Sindicatos Palestinos lanzó una campaña pidiendo sabotear la carga y descarga de barcos israelíes de la empresa Zaim. Los portuarios italianos se negaron a cargar una partida de armas y explosivos con destino a Israel descubierta por la Unión Sindical de Base. Estibadores de otros países también se han negado a cargar barcos con destino a Israel. Estas acciones han sido la respuesta a la desproporcionada agresión del ejército israelí contra el aislado y bloqueado territorio de Gaza.

Son varias las causas que han ido haciendo crecer la indignación de los palestinos hasta desencadenar la crisis de los últimos días y que se ha cobrado ya la vida de más de 232 de ellos, 65 niños, con 1.900 heridos. Israel reporta 12 bajas entre su población como consecuencia de los misiles lanzados por Hamas contra su territorio.

La ira de los palestinos se venía acumulando desde hacía meses, debido a las políticas del ex presidente Trump quien tomó la decisión de reconocer a Jerusalén como capital del Estado de Israel, decisión que va en contra de las resoluciones de la ONU y que dio al traste con los Acuerdos de Oslo. La administración Trump ya había implementado otras acciones hostiles: cortar la asistencia a los palestinos, cerrar el consulado de EEUU en Jerusalén y la Misión de la Organización para la Liberación de Palestina en Washington o dar cobertura a acciones israelíes como la construcción y consolidación de los asentamientos judíos.

Desalojos en Sheik Jarrah

La situación actual arrancó ante el intento de Israel de desalojar de sus viviendas a varias familias palestinas de Sheik Jarrah, un barrio situado en Jerusalén Este, para ser ocupadas después por colonos israelíes, en su política de expansión y de limpieza étnica de la ciudad, buscando así asegurarse el futuro de Jerusalén como capital judía para el pueblo judío.

Desde 1972, los colonos israelíes han utilizado el sistema judicial de Israel para desahuciar viviendas palestinas de Sheikh Jarrah pero también de otros barrios como Silwan o Al Bustan. Se basan para ello en una ley que permite a los judíos que tenían propiedades antes de 1948, año de la fundación de Israel, reclamar sus antiguas viviendas, pero no hay una ley semejante aplicable a los palestinos. Por otra parte, los palestinos encuentran extremadamente difícil, si no imposible, recibir permisos de construcción que sí son fácilmente aprobados para los judíos. Y constantemente se producen casos de derribos de viviendas palestinas con el pretexto de carecer de permisos de construcción, haciéndoles incluso pagar las costas de los derribos. Los derechos de los israelíes son protegidos. Los palestinos, simplemente, no tienen derechos.

Disturbios en la Explanada de las Mezquitas

A la amenaza de desalojos se fue sumando la crispación de los palestinos a lo largo del mes del Ramadán durante el cual los musulmanes acuden a orar a la Explanada de las Mezquitas (llamada Monte del Templo por los judíos), el tercer lugar santo del Islam. Durante esos días estallaron algunos enfrentamientos entre la policía y los palestinos que protestaban también por las barreras de seguridad colocadas en la Puerta de Damasco, en la ciudad vieja de Jerusalén, lo que les impedía reunirse allí durante la noche. Se registraron enfrentamientos también en la ciudad de Haifa, en el norte de Israel, y cerca de la ciudad de Ramala, en Cisjordania.

Y ya se habían producido enfrentamientos entre palestinos y las fuerzas de seguridad israelíes, el sábado 24 de abril por la noche en los alrededores de la Ciudad Vieja de Jerusalén, y el lanzamiento de dos cohetes desde la Franja de Gaza. Pero todo se desbordó con motivo de la actuación policial israelí en prevención de un enfrentamiento, el lunes 26 de abril, con ocasión de la Marcha de la Bandera, un acontecimiento con el que los judíos conmemoran la captura de la parte oriental de Jerusalén en 1967, durante la Guerra de los Seis Días, cuando Israel tomó el control efectivo de toda la ciudad. Más de 200 palestinos tuvieron que ser hospitalizados, informó la Media Luna Roja. Los palestinos culpan a Israel y denuncian que sus agentes irrumpieron tras los rezos en la noche del último viernes del Ramadán haciendo uso de balas de goma y granadas de estruendo.

Jordania, oficialmente el guardián de los lugares santos musulmanes en Jerusalén Este, denunció “la salvaje agresión» de las fuerzas de seguridad israelíes. Y varios países árabes o musulmanes (Egipto, Irán y Turquía) han condenado duramente la irrupción policial en la Explanada de las Mezquitas así como los «intentos de desalojar familias palestinas de sus casas en Sheij Jarrah».

Frente a esta situación, Hamás había amenazado con atacar Israel después de que cientos de palestinos resultaran heridos en esos enfrentamientos con la policía israelí, en un lugar sagrado para los musulmanes en Jerusalén.

Aplazamiento de las elecciones

A todo esto hay que añadir también el descontento generalizado entre los palestinos, que salieron a protestar en diversas ciudades de Cisjordania y también en la Franja de Gaza, por el hecho de que, tras quince años sin elecciones, el 29 de abril el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, anunció su suspensión sine die. Las elecciones parlamentarias en los Territorios Palestinos estaban programadas para el 22 de mayo, las presidenciales el 31 de julio y las elecciones para el Consejo Nacional Palestino del 31 de agosto. En esta ocasión se alega la imposibilidad de participar en las elecciones de alrededor de 400.000 árabes palestinos que habitan en la parte oriental de la ciudad de Jerusalén. Israel alega que en este momento no tienen un gobierno que pueda tomar decisiones para la celebración de las elecciones. Recordemos que actualmente Israel se encuentra en plenas negociaciones para formar gobierno, tras la cuarta elección en menos de dos años.

Pero a la cuestión de Jerusalén hay que añadir que los resultados de las últimas encuestan dan las preferencias del electorado al movimiento islamista Hamás, frente a Al Fatah que gobierna en la Cisjordania y al cual pertenece el actual líder palestino Mahmoud Abbas. Y como alternativa ganadora para la elección a la presidencia de la Autoridad Palestina se perfila la facción de Al Fatah del ex militante Marwan Barghouti, de 62 años, quien encabeza las intenciones de voto y que se encuentra encarcelado en Israel.

Y es en este contexto que Israel, en una nueva exhibición desproporcionada de fuerza, decide atacar Gaza una vez más, bombardeando sin contemplaciones población civil y derribando varios edificios, uno de ellos sede de varios medios de comunicación, con el pretexto de acabar con dirigentes de Hamas.

Esta reciente escalada de violencia de la que es víctima la población palestina se produce en un contexto particular: los países de la región debilitados, Líbano paralizado por una gravísima crisis económica, Iraq y Siria saliendo de largas y recientes guerras contra el terrorismo yihadista y del intento, aparentemente frustrado, de desmembración.

Israel, el bastión creado tras la segunda guerra mundial por las antiguas potencias coloniales para prevenir y contener “el avance del comunismo” en la región de Oriente Medio donde, con las independencias, surgían nuevos liderazgos y dirigentes de tendencias socialistas y nacionalistas no tan afines a las antiguas potencias. Hoy Israel afronta también su crisis y, tras la celebración de unas cuartas elecciones en un breve plazo de tiempo, no es capaz de encontrar un nuevo líder que sustituya a un debilitado Netanyahu, acusado de graves delitos de corrupción y que no consigue formar gobierno. Pero hoy Israel ha extendido la función que se le encomendó en la región a todo el mundo y se ha convertido en asesor y proveedor de asistencia a los países donde gobiernan los más criminales regímenes de derechas.

A la hora de terminar este artículo, y ante la presión internacional, Netanyahu se ha visto obligado a negociar con Hamas y se anuncia por fin un acuerdo de un alto el fuego que al menos dará una tregua a la castigada población de Gaza. Queda por ver cuál será el futuro de los fracasados Acuerdos de Oslo y la solución de los dos Estados. Hoy día ya parece poco probable esa posibilidad, la demografía ha cambiado, la población palestina de Jerusalén ha crecido de un 25% en 1967 a un 40% hoy (90% en la ciudad vieja de Jerusalén), lo que no gusta a la extrema derecha supremacista israelí. La juventud palestina se rebela, en una movilización social con reivindicaciones concretas y pragmáticas y la solución de los dos Estados ya no está en el espíritu de los jóvenes que luchan por sus derechos, sus condiciones de vida, sus espacios públicos y la igualdad con sus vecinos israelíes. Por parte de los israelíes y ante el auge de la extrema derecha, una parte de la población aspira a una anexión plena de gran parte de Cisjordania. Y de alguna manera, ya existe un Estado binacional en todo el territorio, con un solo ejército, una moneda, el séquel, y donde cohabitan individuos que no tienen los mismos derechos. Pero hay un Estado binacional de facto y la lucha de los palestinos ahora es por alcanzar los mismos derechos que los israelíes. Tal vez esa alternativa sirva también para cambiar la naturaleza del Estado de Israel. La comunidad internacional debe ponerse al día ante esta realidad.

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