Que el fascismo es una respuesta del gran capital a los cambios progresistas lo aprendimos en nuestras primeras escuelas políticas de hace ya medio siglo, y lo hemos venido corroborando con el paso de los años, especialmente con los acontecimientos políticos de los últimos tiempos, en la crisis civilizatoria que hoy estamos viviendo, y directamente lo estamos viviendo en nuestras propias vidas con el cuestionado triunfo de la extrema derecha colombiana y la configuración, según denuncia de Iván Cepeda, de un gobierno de corte paramilitar y neofascista.
Las experiencias de Chile y de España
Al estudiar los golpes de Estado de 1973 en Chile y el de España en 1936, encontramos algunos aspectos programáticos similares con los recientes hechos acaecidos en Colombia en cuanto se organizan rupturas de procesos democráticos, unos por la vía directa de la fuerza militar golpista y otros, en nuestro caso, en el marco de los golpismos modernos, subvirtiendo los procesos electorales.
El golpe militar contra el gobierno de Salvador Allende fue una clara advertencia a las organizaciones revolucionarias y democráticas de América Latina de que el imperialismo norteamericano y las oligarquías criollas no iban a permitir experimentos transformadores, alentando con ello salidas armadas en sectores que tenían profundas desconfianzas en las vías electorales. Aquella maravillosa experiencia chilena de la vía pacífica al socialismo fue ahogada a sangre y fuego.
Fascismo nunca más
El 18 de julio de 1936 sectores golpistas de las fuerzas armadas comandados por Francisco Franco perpetraron un golpe de Estado contra la Segunda República Española. Con motivo de este aniversario se realizará en Madrid el Encuentro Estatal por la República que ha difundido un manifiesto bajo el lema ¡Fascismo nunca más! La salida es la República, en el que recuerda que la sublevación fue “organizada por la banca, los terratenientes, los caciques y la gran burguesía, en alianza con partidos políticos tradicionalistas, monárquicos y fascistas, y la define como una conspiración de sables y sotanas contra el gobierno democrático de la Segunda República”.
La Segunda República solo tenía cinco años de existencia, desde la victoria de los republicanos en las elecciones municipales de 1931. El triunfo del Frente Popular, en las elecciones generales de febrero de 1936, supondría una ampliación de las reformas sociales y la democratización del país
Similitudes programáticas
Una ligera mirada a los logros de la Segunda República en España, del gobierno de la Unidad Popular en Chile y del gobierno del cambio en Colombia, nos permite identificar, a pesar de estar distanciados casi un siglo, elementos programáticos comunes en reforma agraria, impulso a la cultura y a la enseñanza pública, la sanidad universal y los derechos de las mujeres. La presencia hegemónica de sectores populares y de clase en el Frente Popular ganador de las elecciones de 1936 garantizaban la orientación rupturista del rumbo transformador. Similar presencia popular encontramos en los tres procesos que comentamos.
De la victoria a la derrota
Las fuerzas progresistas de España y del mundo conmemoramos el noventa aniversario del golpe del 18 de julio, en primer lugar, como una victoria, al fracasar los golpistas en su plan de una toma inmediata del poder al encontrarse con la férrea resistencia del gobierno legítimo y del movimiento popular. Tras el golpe viene una heroica lucha de tres años al cabo de los cuales, en 1939, se impusieron los bárbaros que dejaron centenares de miles de crímenes aún impunes.
Miguel Hernández, Rafael Alberti, Pablo Neruda, Federico García Lorca y Pablo Picasso plasmaron en sus poemas, cantos y pinturas la epopeya de un pueblo que solo pudo ser derrotado porque los golpistas contaron con el apoyo del gran capital internacional, de la armada italiana de Mussolini y de la aviación hitleriana. Solo la URSS y los brigadistas internacionales apoyaron a la acorralada República. Fue insuficiente.
El mundo occidental dejó sola a la España republicana. Europa vivía un momento de auge del fascismo.
Noventa años después de aquel alzamiento fascista que en 1939 diera inicio a cuarenta años de dictadura, el mundo atraviesa por un nuevo auge del fascismo con sus guerras, genocidios y ataques a las libertades y la democracia. Un momento similar a aquellos años que precedieron a la irrupción en Europa de la peste parda y cuya influencia llegó a tierras latinoamericanas.
El falangismo llegó a Colombia
La dictadura franquista y la falange española, y también el fascismo hitleriano, tuvieron sus admiradores y aliados en Colombia, quienes inspirados en su ideología y sus métodos violentos y terroristas incendiaron el país para, entre otras cosas, echar atrás los tímidos intentos reformistas de los años treinta. Ese incendio se regó por todo el país con guerras y conflictos que no se han apagado.
Setenta y cinco años después, cuando el país avanzaba por esperanzadores caminos de transformaciones progresistas y convertido en un referente mundial en las luchas por la paz, la solidaridad, la integración y la lucha ambientalista, el neofascismo internacional impuso a punta de dinero, fraude y engaños digitales a un ilegítimo gobierno de carácter neofascista hegemonizado por los herederos de los monstruos de la violencia y el oscurantismo de la década de los cuarenta. Pero no se quedarán cuarenta años como Franco el dictador español.
Pablo Neruda evoca en su poema Explico algunas cosas, aquel Madrid republicano donde “un profundo latido de pies y manos llenaba las calles, metros, litros, esencia aguda de la vida”, hasta que “una mañana todo estaba ardiendo y desde entonces fuego, pólvora desde entonces”.
Pablo, la vida volverá a triunfar.







