Título: Martes, después de Navidad.
Título original: Marti, dupa craciun.
Dirección: Radu Muntean.
País y año: Rumanía, 2010.
Intérpretes: Dragos Bucur, Maria Popistasu, Victor Rebengiuc, Mimi Branescu, Mirela Oprisor, Iona Blaj.
Guion: Radu Muntean, Alexandru Baciu y Razvan Radulescu. Producción: Dragos Vilcu.
Fotografía: Tudor Lucaciu.
Montaje: Alma Cazacu.
Vestuario: Georgiana Bostan.
Distribuidora: Pirámide Films.
Estreno en Rumanía: 17 Septiembre 2010.
Estreno en España: 21 Septiembre 2012.
No podemos decir que el tema central de «Martes, después de Navidad» es muy original. Trata de un triángulo compuesto por un matrimonio y la amante del marido, de un marido que quiere a su mujer e hija pero se ha enamorado de una chica más joven. En definitiva, un asunto mil veces tratado. Pero que podamos hacer, pese a ello, una valoración tan positiva de la película demuestra que no importa tanto la materia cómo la manera en que se aborde.
«Martes, después de Navidad» es un filme típico de Festival. No es casualidad por tanto que hace dos años en Gijón se alzara con el Premio a la Mejor Película y el Premio a los mejores actores protagonistas, tanto masculino, Mimi Branescu, como femenino, repartido ex aequo entre Maria Popistasu y Mirela Oprisor.
Subrayo esta condición festivalera porque, contra la opinión de algún crítico despistado, que en El País censuraba el ritmo sosegado e intimista con el tópico de que “se ve crecer la hierba”, el que suscribe considera que estamos ante una preciosa pieza de cámara, una de esas obras que contiene en su aparente pequeñez grandes dosis de talento y sensibilidad. Esto es algo que se traduce en veneno para la taquilla comercial, pero que hará disfrutar al espectador más exigente. De ahí lo de filme típico de Festival, que decía más arriba.
Radu Muntean, director de esta pequeña joya, nacido en 1971 en Bucarest, es una de las figuras más destacadas de lo que últimamente ha dado en llamarse «Nueva Ola» de Cine Rumano, en la que podemos encuadrar títulos como «La muerte del Sr. Lazarescu» (Cristi Puiu, 2005) o «4 meses, 3 semanas y 2 días» (Cristian Mungiu, 2007), ambas premiadas en el Festival de Cannes.
Satisfecho el ajuste de cuentas con el pasado ominoso de la etapa Ceacescu en “The Paper Will Be Blue” (Hîrtia va fi albastrã, 2006), que lamento no haber visto, Muntean refleja en su cuarto largometraje las contradicciones existenciales en que se debaten individuos de un nivel de vida que pudiéramos llamar acomodado, integrantes de un tramo alto de la clase media. En varias pinceladas dibuja un retrato delicado y a la vez punzante de un matrimonio que aparenta ser feliz pero está destinado a romperse en mil pedazos. La sutileza de su trazo se manifiesta en la cotidianeidad de las situaciones y en la naturalidad de los diálogos, dichos con voz creíble por unos actores extraordinarios, que el espectador contempla como a través de una cámara oculta.
En coherencia con el minimalismo argumental, Muntean articula las escenas de su historia en un puñado de planos secuencia, más de diez, menos de veinte, en los que la cámara apenas gira sobre su eje, no se desplaza y juega prácticamente sólo con el foco, dejando por ello todo el peso dramático sobre los hombros de los actores. Con tan austeras herramientas narrativas el director trasmite al espectador con enorme habilidad las claves sentimentales sobre las que pivota la vida íntima de sus criaturas: el marido y su esposa, que por cierto son matrimonio también en la vida real, se ven envueltos en la rutina de los compromisos familiares en navidad, en el ritual de compra de regalos para su pequeña hija, en gestos elementales que no excluyen el amor pero sí la vibración de una pasión desaparecida. En contraste rotundo con esa asepsia matrimonial, encontramos a Paul y su amante, Raluca, embargados de ternura después de hacer el amor. Pero Muntean huye de tópicos y lugares comunes, y sus personajes debaten sus anhelos, deseos y frustraciones con la contundencia de una pareja cuyo presente no es satisfactorio y cuyo futuro es incierto.
En pleno corazón de la película una secuencia fascinante y magistral en el manejo de los hilos que envuelven a los personajes se erige en epicentro del terremoto que va a producirse en sus vidas: el encuentro no previsto del trío en la clínica dental. Pocas veces hemos visto agitarse con tanta fuerza las aguas emocionales bajo una superficie en aparente calma.
RECOMENDACIONES
Mátalos suavemente, de Andrew Dominik. Un excelente cine negro, con Brad Pitt como productor y actor, con mirada sarcástica hacia la sociedad norteamericana actual.
El nombre, de Mathieu Delaporte y Alexandre de la Patelliére. Comedia francesa, del estilo “Un dios salvaje”, unos grados por debajo de su mala baba.
Holmes & Watson, Madrid Days, de José Luis Garci. El director de “El golpe” se divierte mezclando el espíritu de Baker Street con los aromas de la Puerta del Sol. Osada y a la vez curiosa.
La delicadeza, De David y Stéphane Foenkinos. Inusual, sorprendente y, aunque irregular, agradable comedia amorosa francesa.







