Con las primeras horas del año, casi sin amanecer, se nos marchó Concha, esta vez para siempre.
Su infatigable voluntad la dedicaba, esta vez, a recuperar los nombres de todas las mujeres que con ella pasaron, en la prisión de Ventas, por el departamento de menores, para que nos les las olvidara, para hacer constar, una vez más, el carácter delictivo de la dictadura de Franco que todas ellas sufrieron y que la justicia debe sacar del anonimato. Luchadoras y represaliadas, como ella. Esta vez, no pudo terminar el empeño.
Pero seguro que lo terminarán otros y otras, porque ella siguió estando, a pesar de la adversidad, en el lado bueno y noble de la causa obrera, predicando con su ejemplo. Con firmeza pero sin resentimiento; al contrario, siempre sonriendo a esa vida que hoy se le ha escapado.
Resistir es vencer, Concha. Y tú venciste, que lo sepas.
Ya no volverán a ser igual en Madrid los 4 de agosto a partir de ahora, aunque sepamos, de corazón, que a las trece rosas hoy se añadió una más, la rosa bonita que será siempre Concha Carretero.







