«Rojas. Relatos de mujeres luchadoras», de Carmen Barrios Corredera

Heroínas en la construcción de un mundo mejor


Rojas. Relatos de mujeres luchadoras
Carmen Barrios CorrederaUtopía libros

Carmen Barrios Corredera empezó su trabajo como fotoperiodista en Mundo Obrero. Su talento le llevó por otros derroteros, incluidos varios premios literarios. Hoy vuelve a estas páginas con un regalo: el libro de cuentos “Rojas. Relatos de mujeres luchadoras”. Ocho historias que podrían haber contado su madre, su compañera, o usted misma, si alguna vez intentó cambiar el mundo.

Corrían los primeros años 60. Mientras en España se imponía el silencio, el mundo escuchaba a Violeta Parra “Lindo se dará el trigo/ por los sembraos / regado con tu sangre/ Julián Grimau“. El Partido Comunista, en la clandestinidad, amalgamaba la lucha contra la dictadura. “De las mujeres se hablaba poco”, se lee en uno de los relatos, “Pero ellas siempre han estado ahí, tejiendo la historia y derribando muros, encargadas de crear las redes de solidaridad y mantenerlas”.

“Rojas” es un homenaje a estas mujeres. Las protagonistas de los ocho relatos viven en un país derrotado, amordazado, pero comienzan a ganar batallas: “cantaron hasta desgañitarse, como si pertenecieran a un solo cuerpo coordinado y potente. Una canción popular, inocente, hasta ese momento, de un minuto para otro se convirtió en un himno de protesta”.

Con un lenguaje poético, influido por el realismo mágico inserto en su bagaje literario y personal, Carmen nos contagia la decisión inamovible de sus heroínas de construir un mundo mejor. Imágenes tan sutiles como poderosas nos arrastran de la historia individual a la colectiva, de los sentimientos más perturbadores a los límites de la justicia social. “Ellas, las mujeres de la generación de mi madre, dieron muchos pasos, adelantaron mucho, en momentos muy difíciles, en una España gris, cerrada, donde las mujeres contaban poco”.

El protagonismo de las mujeres cuenta con dos coprotagonistas imprescindibles: los hombres y Mundo Obrero. Por sus páginas planea la sombra de los represores, sí, ”los que se rebelaron contra el Gobierno legal de la II República, ¿no fueron acaso ellos los que hicieron desaparecer gente, que quisieron borrar los nombres y las vidas y han querido, y todavía quieren, reescribir la historia?” Pero también los camaradas que luchan junto a ellas y que aprenden a respetarlas y a acompañarlas, ”durante la lucha clandestina ellas no se sentían iguales a los hombres, que percibían que su trabajo no era tan relevante. Que lo que hacían ellos era lo importante”.

Hombres que no podían asistir a los dramas cotidianos que marcaban a sus mujeres y a sus hijos porque igual estaban presos: “su hijo es un superviviente igual que ella. Tiene dos años y medio. Le sienta en el suelo, sobre una manta y aguanta las horas. El pobre no llora nunca”. O igual habían sido fusilados: “…me lo mataron ¿sabes?… la tierra me ha escupido, no me quiere dentro… la tierra me ha escupido para conjurar el olvido…”

Las mujeres de Carmen Barrios Corredera, por sabias, saben de la importancia de difundir sus acciones: “De esta protesta no quedó apenas vestigio. Sólo dos líneas escasas aparecidas tiempo después en Mundo Obrero, que acreditaron el suceso”. Y la autora, por antigua trabajadora, conoce perfectamente la composición de nuestro entonces clandestino periódico y su distribución: “para acudir a la cita con los lectores, tenían en Madrid una red de buzones a los que se les entregaba el paquete con el periódico en un lugar prefijado con fecha y hora exacta, y al minuto, y había que cumplir”.

Cumplan, si así lo desean, su cita con “Rojas” y regalen el libro a sus mujeres, o regálenselo a ustedes mismas. Al fin y al cabo, sus conmovedoras historias son, sin duda, la nuestra.

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