Los hechos comienzan el día que Vox decidió realizar un acto en la ciudad de Zaragoza con la mirada puesta en las elecciones de 2019. Hacía solo unas semanas que habían irrumpido con fuerza en el Parlamento de Andalucía como resultado del “Otoño rojigualdo” la reacción de la ultraderecha y de los aparatos del Estado al Procés. En la capital aragonesa la ciudadanía respondió al acto como ocurrió al día siguiente de las elecciones andaluzas; con una movilización de rechazo de claro carácter antifascista y espontáneo. Y como ha ocurrido en diversos lugares del país.
La Policía desde el primer momento se mostró agresiva, equipada con los medios habituales en las manifestaciones más conflictivas: casco, escudos, porras y pelotas de gomas cargadas. Y empujó a la movilización hacia la Ciudad Universitaria donde como suele ser habitual y como herencia de las luchas estudiantiles de la transición, la policía no suele entrar sin orden del Rectorado. Ciertos choques, desde un punto de vista retrospectivo nada graves, típicos de cuando la policía decide que esa movilización social va a ser reprimida sí o sí. Se disuelve la manifestación y comienza eso que suele ser también típico después de momentos de tensión: furgones policiales, tocineras en lenguaje coloquial de nuestra ciudad, a la caza del joven de clase trabajadora.
Al rato largo, en torno a una hora y media después los de azul oscuro irrumpen en un bar de Pedro Cerbuna, fundador de Universidad de Zaragoza que le da nombre a la calle contigua al Campus principal y donde se agrupan decenas de bares y centenares de jóvenes tanto en días laborables como festivos. Deciden que no se van a ir con el furgón vacío y arrestan a 6 jóvenes, dos de los cuales menores de edad. Por edad y por vestimenta coinciden con el prejuicio derechista de radical que tira piedras en una manifestación. Y sí, en este caso acudieron al llamamiento antifascista y ejercieron su derecho a la manifestación; pero aunque esto no hubiera ocurrido así todo apunta a que a los agentes les hubiera dado lo mismo: encajaban en el perfil. Misión cumplida para el mando intermedio de los antidisturbios que podría presentar a sus jefes chivos expiatorios con la que justificarán la injustificable actuación policial para defender al partido de ultraderecha Vox en su aterrizaje en la ciudad de Zaragoza.
El proceso judicial
Los 6 fueron acusados de atentado a la autoridad, desórdenes públicos y lesiones. En el juicio fueron desestimadas pruebas en vídeo, previo peritaje, y reconociendo el juez de las mismas que no servían porque no se podía identificar a nadie. Condenados por autoría colectiva ya que no pudieron individualizar los hechos. Y como única prueba la declaración policial.
Al timón de semejante montaje judicial Carlos Lasala, conocido juez ultraderechista, presidente de la sección sexta de la Audiencia Provincial de Zaragoza será el que los juzgue. El mismo juez, hijo de juez franquista como dicta el casi feudal sistema judicial español, que destacó en los 90s por imponer castigos a los insumisos o que intentó juzgar a Alberto Cubero en su ejercicio de concejal por mandar a Vox a que fueran recibidos como en Vallecas.
Para no alargar más el duro periplo judicial resumimos muchísimo. Se recurrió entonces al TSJA que les aumentó la condena a 7 años por lesiones agravadas. Sin renunciar a que se hiciera justicia y cundiera la razón se anduvieron todos los caminos que deja la justicia. El último paso y final la Sala Penal del Tribunal Supremo que ha dictado la condena de 4 años y 9 meses para los 4 mayores de edad en el momento. Sentencia que ha sido conocida por los 6 y por las familias a través de la prensa; y razón por la cual este caso ha vuelto a salir a la palestra, ha vuelto a tener presencia mediática.
Si queréis un resumen mejor hecho y más detallado del proceso judicial os recomendamos este artículo de las compañeras de AraInfo que relata de una manera más detenida el caso.
La respuesta política
Desde el primer momento los 6 han encontrado en la sociedad civil aragonesa una fuente de apoyo. Ya en los primeros impases del caso fue la Coordinadora Antifascista de Zaragoza quien dirigió y coordinó las acciones de respuesta. El PCE y la UJCE, CGT, IU Anticapitalistas… y en general todas las organizaciones del campo popular han mostrado su rechazo a la condena y apoyo a los 6 y a su campaña. Ha sido un espacio que aunque con los roces habituales de cualquier espacio de coordinación entre diferentes sensibilidades políticas ha sabido tener altura de miras y poner por encima de matices y diferencias tácticas la respuesta antirepresiva.
En la capital aragonesa no es el primer caso de este estilo. Se venía de la experiencia de los 10 de Zaragoza. Diez jóvenes juzgados por ir a detener un concierto nazi en el espacio del Hogar Social Zaragoza y que generó también lazos y espacios de solidaridad. Aun así el caso de los 6 ha tenido muchos más aciertos. Su acercamiento al mundo de la cultura, sus campañas de firmas de manifiestos han generado muchísimos apoyos entre artistas, músicos, intelectuales y periodistas que han superado los estrechos márgenes ideológicos en los que a veces se mueven los espacios antirrepresivos. Como ejemplo valga el internacional rapero maño Kase O con la camiseta de los 6 en el festival VIVE LATINO; festival impulsado por el gobierno del PP y alejado de la cultura y la escena musical aragonesa; con precios elevados y cero contenido social o político. Hasta en este espacio tan adverso los 6 han encontrado un altavoz.
También se ha tenido la altura de miras de pedir el apoyo a partidos políticos del ámbito institucional y personalidades relevantes como diputadas y eurodiputadas que han firmado y han hecho público su apoyo; esquivando el componente “antipolítico” que muchas veces tienen los movimientos antirrepresivos.
Impulsadas por la gravedad del caso que ha motivado a muchas personas a la acción política no hay que olvidar que detrás de la campaña de la que estamos hablando está la militancia de decenas de personas que han estado tozudamente durante estos meses trabajando, es decir militando contra la represión y para que se hiciera justicia. Es gracias a ese esfuerzo colectivo, es decir, a la organización de la clase trabajadora por la cual y aunque finalmente el Estado ejerza su papel represor, los 6 se habrán sentido un poco menos solos. Y la sociedad aragonesa, o por lo menos su parte más consciente, se ha dado cuenta de lo injusto del sistema judicial y de que solo con la organización podemos plantar cara a las injusticias y aspirar a que estas, algún día, dejen de caer sobre los de siempre.
Es tarea únicamente de los y las compañeras que están sacando la campaña de solidaridad adelante elegir ahora qué estrategia seguir. Pero cabe añadir que esta puede ser otra gota más que cae en un vaso a punto de colmarse para el Gobierno más progresista desde la II República. Hay herramientas que tiene un Gobierno como la amnistía para mandar un mensaje a la que debería ser su base social: estamos con vosotros y no con el aparato judicial del Estado. Aunque gran parte de los y las militantes sociales esperan ya poco del Gobierno, hay que poner por encima de desilusiones y hartazgos la vida y juventud de estos 4 compañeros. La esperanza es lo último que se pierde.
Enseñanzas
Por desgracia esta no va a ser la última lucha antirepresiva a la que nos vamos a tener que enfrentar. Por más que las democracias liberales se empeñen en repetir cientos y cientos de veces la mentira de que el Estado es un ente neutral, la experiencia acumulada nos indica lo contrario. De hecho el Estado, en última instancia, una vez se le desnuda de las conquistas arrebatadas con sangre, sudor y lágrimas es esencialmente un elemento represivo. Un elemento represivo para la clase trabajadora y los sectores más desfavorecidos. La ley se escribe bajo aparentes criterios objetivos y universales. La realidad palpable, más allá de la tinta en papel, o píxeles en pantallas de burócratas capitalinos, es que el Rey se va a Dubai y no es juzgado y el hermano de Ayuso tres cuartos de lo mismo. Y eso son solo dos casos que nos hayamos enterado a saber qué harán y desharán los Botín, los Roig, los Florentinos o los Yarza. No es lo mismo la igualdad formal que la real. El marxismo surge y se diferencia de la ilustración básicamente por afrontar esa premisa.
La represión es selectiva. No reprimen indiscriminadamente a las grandes masas de trabajadores. Reprimen para criminalizar y aislar a la parte más consciente de la clase trabajadora. Es esencialmente un mensaje más o menos velado: si protestas vamos a ir a por ti, y nos dan igual los derechos más básicos; me da igual que el derecho a manifestación esté reconocido en la Constitución y la Declaración Universal de Derechos Humanos. El poder son ellos, y de vez en cuando tienen la necesidad de demostrarlo.
Por eso es importante que se señale la Ley Mordaza. Primero porque si se consigue su derogación se estarán consiguiendo unas mejores condiciones en las que luchar. Es rotundamente falso la tesis del “cuanto peor mejor”. Es mucho mejor para la lucha social desarrollarse bajo un régimen con unas mínimas garantías democráticas y esa fue la gran victoria de la transición. La clandestinidad no es una opción, es una imposición. Si se derogan estas leyes casos como el de los 6 serán más difíciles de justificar.
Es importante poner el acento en el aparato del Estado. A algunos y algunas la creencia casi religiosa en que la democracia se impondrá a los intereses de clase en el aparato del Estado no nos cala. Lo expuso Lenin en el “Estado y la Revolución” y lo corroboró en la práctica el presidente Allende con su heroica resistencia. La represión cambiará de bando cuando la clase trabajadora tenga su Estado.







