Es el momento de exigir reconocimiento, con salarios dignos y condiciones laborales decentes, a todas aquellas obreras y obreros cuyo trabajo es vital

La lucha obrera tras la pandemia

Ahora estamos en uno de esos momentos históricos donde las posibilidades de hacer nuestra propia historia con unión, constancia y solidaridad están más abiertas que nunca.

Estamos viviendo días atípicos, una crisis que marcará el futuro de cada uno de nosotros y de la clase trabajadora en su conjunto. Todos sabemos que las relaciones de producción sufrirán modificaciones pero todavía es difícil definir el alcance y las consecuencias exactas de estos cambios para el conjunto de la sociedad.

Todo esto implica que este Primero de Mayo no puede ser uno más. No sólo porque las circunstancias concretas del confinamiento nos impiden llenar las calles de unidad obrera y de reivindicaciones para el conjunto de nuestra clase, sino porque las consecuencias sociales y económicas inmediatas de la crisis sanitaria ofrecen una dimensión nunca vista para un Primero de Mayo, al menos en las últimas décadas. La lucha de la clase obrera es una batalla cargada de futuro, y hoy más que nunca debemos tener la mirada alzada hacia ese futuro. Estamos en las puertas de un nuevo tiempo y las y los trabajadoras/es tenemos que pelear para que en este nuevo tiempo sean nuestros intereses, nuestras necesidades, las que se sitúen en el centro. Como dijo la ministra de trabajo, Yolanda Díaz, hace unos días: no es asumible que en este país tengamos que elegir entre el paro o la precariedad.

La pandemia del coronavirus ha puesto en evidencia dos lecciones fundamentales que debemos tratar de no olvidar nunca: cuando los prioritario es que el mundo siga funcionando, cuando las necesidades básicas son lo primero, queda patente quién es imprescindible: quien nos cuida, nos sana, nos protege y nos suministra todo aquello que hace que la vida sea más llevadera, incluso en los momentos críticos. Sólo la necedad nos puede hacer seguir sosteniendo que el patrón es el eslabón más importante de la cadena. El pueblo es quien más ordena pero también el que crea riqueza, ofrece servicios y dispensa cuidados. La otra lección que nos deja estas difíciles semanas es que nuestros intereses son incompatibles con los de la patronal y la élite económica. Muy pocas veces en el último siglo se pudo constatar con tanta claridad que para la clase empresarial nuestra salud, nuestro bienestar, es secundario. Para los dueños de los medios de producción, lo primero son sus beneficios. Tuvimos que luchar en cada fábrica, en cada comité de empresa, para que se tomaran las medidas de seguridad y sanidad necesarias en la protección de la salud de nuestras compañeras y compañeros; siempre a regañadientes de los patrones. Nunca olvidemos estas dos lecciones.

En lo concreto, es el momento de exigir reconocimiento, con salarios dignos y condiciones laborales decentes, a todas aquellas obreras y obreros cuyo trabajo es vital y se juegan la salud cada día; de que los sectores esenciales, como la salud o lo cuidados, sean íntegramente públicos. La iniciativa privada tiene como objetivo generar beneficios, por lo que no podemos consentir que nadie gane dinero con nuestra salud o con el bienestar de nuestros mayores. Y, por último, la crisis sanitaria puso de relieve la urgencia de crear una industria potente propia. No puede volver a suceder que tengamos que esperar semanas por mascarillas y EPIS que protejan a nuestras trabajadoras y trabajadores.

A mediados del siglo XIX Marx escribió que «los seres humanos hacen su propia historia pero no la hacen arbitrariamente, en las condiciones elegidas por ellos, sino en condiciones directamente dadas y heredadas del pasado». Y de eso va cada Primero de Mayo, de hacer nuestra propia historia con unión, constancia y solidaridad. Ahora estamos en uno de esos momentos históricos donde las posibilidades están más abiertas que nunca. A principios de este siglo se popularizó, entre los movimientos alterglobalización, el lema otro mundo es posible. Casi dos décadas después sabemos, además, que el actual sistema ya no es viable. El capitalismo no es compatible con la vida. Otro mundo es urgente y su construcción empieza hoy.

Responsable de Área Externa y Movimiento Obrero Partido Comunista de Galicia (PCG)

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