La Democracia Cristiana oficializa su respaldo a Jeannette Jara y reconfigura el mapa político chileno

La decisión histórica consolida a la exministra comunista como la candidata única de la izquierda y la centroizquierda chilena
Cartel para la campaña "Jeanette trabaja por Chile". Fuente: X (Jeannette Jara Román)
Cartel para la campaña "Jeanette trabaja por Chile". Fuente: X (Jeannette Jara Román)

En una decisión que ha marcado un antes y un después en la política chilena, la Democracia Cristiana (DC) ha resuelto apoyar la candidatura presidencial de Jeannette Jara, exministra del Trabajo y militante del Partido Comunista. La votación, celebrada este sábado en la Junta Nacional del partido, ha arrojado 167 votos a favor y 97 en contra, reflejando una fractura interna que se ha materializado con la renuncia inmediata de su presidente, Alberto Undurraga.

El respaldo democristiano ha consolidado un amplio bloque político que, por primera vez desde el retorno a la democracia, une a toda la izquierda y la centroizquierda chilena tras una sola figura. Jara ha pasado así de ser la ganadora de una primaria con una contundente mayoría del 60 % a encabezar una alianza inédita, compuesta por el Frente Amplio, el Partido Comunista, los partidos del Socialismo Democrático (PS, PPD, PR) y, ahora, la Democracia Cristiana.

La reacción de la candidata no se ha hecho esperar. “Este no es solo un acuerdo político, es un compromiso con un Chile más justo y unido”, ha señalado en sus redes sociales, reconociendo la complejidad del escenario y la necesidad de construir confianza con una base electoral históricamente distante del comunismo.

La decisión del PDC ha sido mucho más que un simple gesto de unidad. Ha implicado, también, el compromiso de formar una lista parlamentaria común con los partidos oficialistas en las elecciones del 16 de noviembre, reforzando una lógica de convergencia electoral que había parecido impensable durante años, en especial tras la crisis de la ex-Concertación y el creciente debilitamiento del centro político.

El costo interno para la DC ha sido alto. El debate en la Junta Nacional ha reflejado el choque entre dos almas del partido: una, favorable a recomponer vínculos con la izquierda en nombre de la unidad frente a la amenaza de la ultraderecha; otra, crítica con la cercanía con el Partido Comunista, por razones tanto ideológicas como estratégicas. Undurraga, presidente del partido y principal exponente de esta última postura, había advertido que renunciaría si se aprobaba el respaldo a Jara. Y lo ha cumplido.

La senadora Yasna Provoste, en cambio, ha saludado la resolución: “El PDC de Chile ha optado con claridad por la unidad, pensando en Chile. Saludamos a Jeannette Jara, nuestro partido se pone a su disposición para construir una propuesta programática y electoral unitaria que represente y convoque a las grandes mayorías de nuestro país”.

Desde el Partido Comunista, su presidente, Lautaro Carmona, también ha reaccionado a la decisión con un mensaje que reafirma el horizonte común: “Toda nuestra valoración a los acuerdos de la Junta Nacional del PDC. Avanza la unidad más amplia de los sectores progresistas con el fin de conquistar el gobierno y una mayoría parlamentaria. Llevemos la unidad a todos los territorios y sectores del país”.

La candidatura de Jara, confirmada tras su holgado triunfo en las primarias del pasado 29 de junio, ha abierto una fase inédita en la política chilena. Se trata de la primera vez que una dirigente comunista encabeza una candidatura presidencial respaldada por todo el espectro progresista, incluida la Democracia Cristiana, que durante décadas fue adversaria directa del PC en el campo político e ideológico.

El contexto ha sido clave. La derecha ha llegado fragmentada a este ciclo electoral, con al menos tres candidaturas: la de Evelyn Matthei, representante de la derecha tradicional (UDI y RN); la de José Antonio Kast, líder del Partido Republicano y figura central del pinochetismo contemporáneo; y la del diputado Johannes Kaiser, vinculado al discurso de la extrema derecha global.

En ese escenario, el bloque oficialista ha optado por cerrar filas en torno a una sola figura. No ha sido una decisión exenta de riesgos: el anticomunismo todavía conserva fuerza en ciertos sectores del electorado, y algunos partidos de la antigua Concertación han mostrado reticencias frente a una candidatura que rompe con el molde tradicional de la centroizquierda chilena.

Pero también han visto en Jara una figura con capacidad de articular mayorías, tras haber desempeñado un papel destacado en la agenda social del Gobierno de Gabriel Boric. Su paso por el Ministerio de Trabajo ha estado marcado por la tramitación de leyes relevantes, como la reforma previsional, el aumento del salario mínimo y la reducción de la jornada laboral, iniciativas que han contribuido a proyectar una imagen de gestión eficaz y sensibilidad social.

La confluencia de estos apoyos ha dejado a Jara como favorita en los sondeos, en una disputa que parece encaminarse a un nuevo enfrentamiento con José Antonio Kast, tal como ocurrió en 2021 con Gabriel Boric. La diferencia, esta vez, es el bloque político que sostiene su candidatura: más amplio, más plural y con una carga simbólica profunda.A menos de tres semanas del cierre del plazo para inscribir candidaturas presidenciales, previsto para el 16 de agosto, la izquierda ha logrado una convergencia inédita. En contraste, la derecha parece haber apostado por la multiplicación de liderazgos, con el riesgo de dispersar su base electoral. El país se encamina hacia una elección altamente polarizada, en la que el eje ideológico vuelve a tomar centralidad.

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