El orden del discurso de la postverdad es propio del negacionismo: negación de la prueba y evidencia empírica, del reino de la razón contra la barbarie, de la vida contra el fascismo de los buitres de Wall Street y los macarras de la moral del Tea Party y los escuadrones de la muerte al servicio
Bienvenidos al desierto de lo real. Ya sabíamos que la información es poder y que la captura del código es central en el nuevo régimen de mediación social. Apenas hoy constatamos, con Wikileaks, las formas de operación y control de la CIA. Una revelación por la que la mayoría de la población empieza a ser
De Obama a Trump, de Facebook a Twitter, de la cultura underground situacionista al movimiento Yo Soy132 o la guerrilla semiótica de la cibercultura graffiti, las nuevas tecnologías de la información han modificado, estructuralmente, las formas de organización y acción política. Algunos sitúan el punto de inflexión de esta mudanza en el levantamiento zapatista (1994),
Más allá de la reedición de la historia como farsa, los acontecimientos en curso apuntan la necesidad de abordar cuestiones sustantivas sobre el decir (información) y el hacer (acción política) en tiempos de libre comercio. Primero porque socava las bases de toda posible convivencia democrática, y segundo porque el conflicto, la guerra económica y social,
En la vida pública, hay personajes y patizambos. Sobra decir a qué tipo responde el disimulado periodista que encabeza el título de esta columna. Más aún cuando, en raras ocasiones como recientemente, es posible visualizar el necesario contrapunto catódico de reflexividad que deja en evidencia el verdadero perfil del sujeto en cuestión. La entrevista de
La modernidad es un espejismo. Y el imperio de la mirada, una condición existencial de la cultura espectacular. Sean los escaparates de los pasajes de París, que supo interpretar con magisterio Walter Benjamin, o las ventanas mediáticas, el mito de la transparencia es una exigencia definitoria de nuestro tiempo, el brillo luminoso del fetichismo de