En el mismo momento en que escribo estas líneas, las balas del ejército peruano asesinan al pueblo desarmado en Juliaca, abriendo una profunda herida en el corazón dolido del Abya Yala. Un ejército criminal al servicio de una oligarquía limeña indigna, racista y colonial que aún añora ser capital del virreynato. Por eso es violenta,