Cuenta José Saramago que su abuelo, sabiéndose en trance de muerte, salió al huerto y abrazo uno a uno a los árboles despidiéndose de ellos. Este es José, el de Azinhaga, el que habló de su abuelo y de las gentes de Portugal con el desprendimiento del que se sabe gente y no se dedica a oírse todo el tiempo así mismo. Este es José, y ahí está, recogida en…