Oficialmente, la USAID nacía como tal bajo la administración Kennedy, en 1961, como una agencia para promocionar, país a país, el desarrollo económico y social a imagen y semejanza del modelo americano y que, aunque técnicamente es independiente, depende directamente del Presidente, el Departamento de Estado (Ministerio de Exteriores) y el NSC (National Security Council), cuya función es coordinar y asegurar todas las actividades correspondientes a la “seguridad nacional” estadounidense1. Tengamos en cuenta que la organización no surge de la nada, sino de un complejo “remozado” de organizaciones preexistentes, entre las cuales estaban la Economic Cooperation Admistration, encargada de desarrollar e implementar el Plan Marshall en la Europa de la Posguerra o la USFOA (United States Foreign Operations Administration), creada tras el fin de la Guerra de Corea en 1953 con la intención de favorecer la cooperación y el desarrollo, transformándose, tan solo un año después en la ICA (International Cooperation Administration)< y que finalmente acabaría fusionándose con otras agencias dando lugar la USAID. Por lo tanto, su nacimiento se da en el contexto de la “Guerra Fría”, pero con un pasado reconocido, y que continuaría actuando en conflictos determinados como la Guerra de Vietnam o en misiones específicas alrededor del mundo, cuyo máximo exponente fue y sigue siendo la injerencia en los asuntos de Latinoamérica y el Caribe, si bien en la actualidad opera en más de 100 países, hecho que habla de lo perpetuo y anacrónico de sus funciones, fiel reflejo de la política intervencionista de la que todas las administraciones estadounidense han sido gala. Ante la opinión pública mundial, la USAID se presenta, en palabras de su Director Rajiv Shah con unos claros objetivos: “promover nuestros valores (estadounidenses) fuera del país", que no solo implica la lucha por "reducir el hambre, la extrema pobreza y el sufrimiento", sino también el "respaldo a los derechos humanos" y la promoción de la "sociedad civil que crezca y florezca"2.
Otros importantes organismos de injerencia estadounidense a lo largo de todo el siglo fue la USIA (United States Information Agency), creada en 1953 por el presidente Eisenhower y calificada por la URSS y demás países de la órbita socialista como “el órgano de propaganda política extranjera de los EE.UU., gastando más de 2.000 millones de $ anuales en promocionar el “american way of life” y denostar a la URSS y sus aliados en más de 150 países de todo el mundo. Por su parte la NED (New Endowment Democracy), organización sin ánimo de lucro pero que, sorprendentemente, también depende del Departamento de Estado y cuya financiación depende del Congreso de los EE.UU., dentro del presupuesto destinado a la USAID y ala ADA (Agency for Development and Assistance) y que ha sido acusada, entre otros, por el gobierno de Venezuela de patrocinar y subvencionar a movimientos juveniles opositores entre 2005 y 2007 o a medios y periodistas de la oposición en 20103.
En los últimos años, no ha sido raro encontrar que algunos gobiernos Latinoamericanos hayan expresado claras reticencias a las labores ejercidas por la USAID y demás agencias estadounidenses en sus respectivos territorios, véase, Venezuela, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Bolivia u Honduras, todos miembros del ALBA salvo este último, expulsado tras el golpe de estado contra el presidente Zelaya en 20094, y que en la actualidad representan uno de los contrapoderes internacionales anticapitalistas más fuertes contra el poder ejercido desde Washington. También existen indicios como otros miembros pertenecientes al MERCOSUR, como Brasil, Argentina o Paraguay, éste último, donde también se ha probado que la USAID tenía convenios con determinados partidos de derecha y centro izquierda, así como con instituciones jurídicas, la fiscalía o la policía previamente al golpe de estado institucional contra el presidente Lugo5.
No hay que extrañarse de las crecientes reticencias de estos países ante las actuaciones de todo este tipo de organismos, más cuando, desde la mismísima fundación de la OEA (Organización de Estado Americanos), en 1948, la injerencia estadounidense en la política latinoamericana ha sido continua, tanto a través de la financiación y apoyo a grupos opositores para “la lucha contra el movimiento de liberación nacional y las fuerzas progresistas del continente”, la sustentación de regímenes dictatoriales como el de Somoza en Nicaragua o la propuesta y presión para el mantenimiento de las sanciones contra Cuba desde 1962, uno de los puntos que mayores conflictos ha desencadenado en el organismo en los últimos años.
Con la progresiva publicación de los “cables” de Wikileaks6, el secreto a voces de la injerencia de la USAID se hizo vox populi, algo que sería confirmado, a través de rueda de prensa, por Mark Feierstein, actual administrador adjunto de la USAID para América Latina y el Caribe. En ella, reconocía que se otorgaban ayudas a partidos y grupos opositores de los países miembros del ALBA que, en palabras unos meses antes del Director de la USAID, Rajiv Shah, era un foco donde el “totalitarismo avanza”. Este tipo de declaraciones, serían incluso reprendidas por miembros de la oposición en alguno de los países citados, como el especialista en derecho internacional nicaragüense Róger Guevara Mena, excandidato del APRE en las elecciones del 2011, que afirmó que los países del ALBA tenían un factor común, ser Estados que “buscan la autosuficiencia y no necesitan el apoyo norteamericano”7.
También, recientemente, Juan José Gutiérrez, el representante de Vamos Unidos USA, organización estadounidense que luchar por el reconocimiento de los derechos de inmigrantes latinoamericanos en el país, afirmaba nuevamente que “la USAID usa organizaciones no gubernamentales para interferir en los procesos políticos internos de países con cuya política EE.UU. no está de acuerdo. “El mecanismo más importante de EE.UU. es usar un gran presupuesto para financiar a estas organizaciones en los estados que dicen que están a favor de promover la democracia y los derechos humanos […] otro mecanismo que usa el país norteamericano es extender becas a los estudiantes latinoamericanos para que lleguen a EE.UU., donde puedan ser influidos, y para que regresen a sus países y en el futuro favorezcan a los políticos de EE.UU., incluso reclutándolos para colaborar con las agencias centrales de inteligencia.8”
A raíz de estas informaciones y de otras que se vienen sucediendo en los últimos años, Eva Golinger, abogada e investigadora venezolano-estadounidense, especializada en derechos humanos internacionales y derecho de inmigración, autora de populares libros como El código Chávez o La agresión Permanente: USAID, NED y CIA, junto con el periodista canadiense Jean-Guy Allard, y conocida por ser una de las precursoras de la Corte Penal Internacional de la Haya, abogando porque EE.UU. aplicase en su territorio el derecho internacional, reafirmaba en el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (Ciespal) que las ONGs subvencionadas por la USAID no son más que organismos destinados a la desestabilización de países donde existen gobiernos de corte progresista “que no se subordinan a esa agenda y a sus intereses”9. Cargaba también contra determinados medios de comunicación a los que tachaba de estar implicados en una telaraña imperial que acaba valiendo como garante de las intervenciones de estos organismos de injerencia a fin de satisfacer sus intereses, dado que la mayor parte de esos medios están en manos privadas, tanto en los EE.UU como en los países en cuestión, véase Venezuela, Ecuador o Bolivia.
Estas críticas eran secundadas nuevamente, el pasado domingo 23 de Septiembre, por Julian Assange, quién, desde la Embajada ecuatoriana en Londres afirmaba que aunque la Casa Blanca no está “en una situación de poder tener dictaduras agresivas” en América Latina, “esa influencia ahora se expresa en la financiación de ciertas ONG y grupos por parte de la Usaid”. Añadiría también que “Estados Unidos intenta mantener a grupos bajo su control, ya sea a través de la OEA (Organización de Estados Americanos), la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) o por medio de otros arreglos”10. Con esta intervención, Assange se reafirmaba en las declaraciones hechas el pasado enero cuando aseguraba que “este año el presupuesto del Departamento de Estado y el presupuesto de la Usaid (agencia de asistencia del Departamento de Estado) han pasado a ser parte del presupuesto de seguridad nacional. […]Según la descripción de esta maniobra que aparece en la página web del Departamento de Estado, ya que éste estaba trabajando codo a codo con los militares y la Usaid estaba trabajando codo a codo con los militares, entonces es natural que sus presupuestos pasaran a formar parte del presupuesto para la seguridad nacional. La Usaid forma parte del esquema de seguridad nacional y eso representa un importante traspaso de poder.11”
En la actualidad, la mayor parte de los países citados se encuentran en proceso de investigación sobre las actividades de la USAID y demás organismos en sus territorios, obteniendo, día a día, nuevas pruebas que no hacen sino confirmar los continuos intentos de desestabilización por parte de estos organismos, siendo, junto con el Pentágono, el brazo garante de la injerencia y el neocolonialismo encubierto que se teje desde Washington.
2. http://www.el-nacional.com/mundo/USAID-reafirmo-compromiso-Latinoamerica-Caribe_0_49195233.html
3. http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article37750
4. http://www.jornada.unam.mx/2011/11/16/opinion/025a1pol
5. http://otramerica.com/temas/la-patria-sojera-y-usaid-detras-del-golpe-de-estado-de-paraguay/2125
6. http://suramericapress.com/?p=4108
10. http://www.correodelorinoco.gob.ve/injerencia/eeuu-sostiene-injerencia-america-latina/







