En un contexto social, económico y político de excepción, el Presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, ha convocado anticipadamente las elecciones al Parlamento de Galicia para hacerlas coincidir con los comicios autonómicos en Euskadi. Esquerda Unida es la única organización política a la que no ha sorprendido el adelanto electoral, puesto que ya había celebrado sus convenciones provinciales, habiendo ratificado en su Consello Político Nacional el programa y las candidaturas electas y elegido en la persona de Yolanda Díaz a su candidata a la Presidencia de la Xunta. Algo que ni el propio partido convocante había previsto, y mucho menos un PSOE que tenía su primarias convocadas para el mes de octubre y que se vio obliga- do a elegir a su principal candidato por la vía de urgencia y por eliminación.
Galicia está sufriendo las consecuencias de una economía especulativa que ahora hace aguas y que ha arrinconado durante años a la economía productiva; de políticas a las que no fue ajeno el anterior gobierno bipartito del PSOE y BNG, y que ha tenido consecuencias nefastas para la mayoría social, para la economía y para el medio ambiente. Años de especulación, de subordinación a los poderes del “ladrillo”, de inútil despilfarro cuyo paradigma es la faraónica obra de la Cidade da Cultura, en el monte Gaiás.
Las elecciones autonómicas del próximo 21 de octubre en la sucursal del gallego Rajoy, se celebran en un mar de incertidumbres, con un rescate soberano convertido en espada de Damocles, con una sociedad movilizada frente a los recortes sociales y las políticas neoliberales y antisociales del PP, y con todos los sectores productivos afectados y perjudicados por dichas políticas, desde el naval gallego a la ganadería pasando por la pesca, la industria y el pequeño comercio. Feijóo ha llevado a la sanidad y la educación públicas a un proceso de paulatina privatización y demolición mientras los presupuestos se centran en proyectos no prioritarios como el tren de alta velocidad, en su afán de continuismo de la política desarrollista de los últimos años como si nada hubiese pasado. A ello hay que sumar el aumento del paro y la pobreza, con una población excesivamente envejecida que es candidata a la exclusión social, sin olvidar los miles de afectados por las participaciones preferentes que en estos meses protestan en las calles.
Con este panorama, es esencial el éxito electoral de EU para devolver la voz en las instituciones autonómicas a la izquierda alternativa y confirmar el crecimiento apuntado por IU en todo el Estado. Galicia cuenta desde 1993 con un Parlamento integrado únicamente por tres partidos políticos: Partido Popular (PP), Partido Socialista (PSdeG-PSOE) y Bloque Nacionalista Galego (BNG). Desde ese año, fecha en la que se elevó la barrera legal del 3% al 5% por circunscripción para obtener representación, se ha perpetuado un “tripartidismo armónico” (juego de palabras referido al famoso “bilingüismo harmónico” acuñado por el Presidente) entre las tres fuerzas políticas parlamentarias, que es estos casi veinte años se han sentido muy cómodos sin intrusos en las instituciones. Este “tripartidismo armónico”, basado en la alternancia institucional y el antagonismo formal del binomio PP, por una parte, y PSdeG-BNG, por otra, y se ha visto reflejado en el resto de instituciones locales y provinciales de Galicia.
Alternativa galega (Esquerda Unida-Anova)
Dentro del proceso de convergencia social establecido en la organización surge la coalición entre EU y Anova, un proyecto liderado por el histórico nacionalista Xosé Manuel Beiras, y configurado por distintos actores políticos que remarcan el carácter excepcional y de emergencia del actual contexto social para poner el acento en las cuestiones de clase sin renunciar a las identitarias. Todas las encuestas electorales indican la entrada de EU en el parlamento gallego desde su salida en 1993, pero reflejan el claro efecto multiplicador de dicha coalición, que vendría a revolucionar el panorama político gallego frente a la referida parálisis institucional autonómica de las últimas dos décadas, con horquillas que oscilarían entre los tres y los ocho diputados. La coalición Alternativa Galega (Esquerda Unida-Anova), que cuenta con el apoyo unánime de la dirección federal de IU mostrado en el Consejo Político Federal del pasado 8 de septiembre, y de ser refrendada por las bases de EU irrumpirá con fuerza en el Parlamento, aportando un necesario soplo de aire fresco a la sociedad gallega, que en todas las encuestas castiga en mayor o menor medida a los tres partidos.
La coalición electoral técnica entre EU y Anova se produce en torno a tres acuerdos básicos: la plena garantía de la identidad de EU; un acuerdo sobre las candidaturas y una síntesis programática que responde a las líneas rojas irrenunciables de EU, “frente a la degradación de lo público, frente a los ataques asestados al cuerpo de derechos de la mayoría social” y que “le ofrezca al pueblo gallego una herramienta que hegemonice en las calles y en las instituciones una política de izquierdas, real, transformadora y anticapitalista capaz de derrotar las políticas impuestas por la derecha”.
Parafraseando el Manifesto del Partido Comunista, un fantasma recorre Galicia: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Galicia se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Presidente Feijóo, el PP, el PSOE, el BNG, CxG y numerosos articulistas partidarios.
Desde el anuncio de una posible coalición electoral de carácter anticapitalista, ¿qué partido no ha dedicado descalificativos a EU, una fuerza que en elecciones autonómicas pasaba mediáticamente despercibida? Feijóo ha dicho que Galicia corre el riesgo de ser gobernada por los que asaltan super- mercados. Su Conselleiro de Presidencia, Alfonso Rueda, a su vez responsable de campaña del PP, asegura que votar a EU supone «que los comunistas gobiernen». Pachi Vázquez llama al voto útil porque “nos vamos a jugar todo por un puñado de votos, y no se puede perder un solo voto de la izquierda”. Francisco Jorquera, candidato del BNG, afirma que “el BNG no entraría en un Gobierno que recorta como el andaluz”. Y CxG, grupo escindido del BNG llamaba a la creación de un frente pero excluyendo a EU por “española” y “anticapitalista”.
Por lo tanto, Esquerda Unida está ya reconocida como una fuerza emergente por todos los partidos de Galicia, por los medios de comunicación y, lo que es más importante, por el conjunto de la sociedad gallega. Sólo resta confirmarlo el próximo 21 de octubre.






