Plano Picado

Contra la calor, gazpacho andaluz

Carmina o revienta. España 2012.
Dirección y guion: Paco León.
Interpretación: Carmina Barrios, María León, Paco Casaus, Ana Mª García, Raimundo Carrasco, Fran Torres, Miguel Alcíbar, José Mari Bizcocho.
Música: Pony Bravo.
Fotografía: Juan González Guerrero.

El mundo es nuestro. España 2012.
Dirección y guion: Alfonso Sánchez.
Interpretación: Alfonso Sánchez, Alberto López, Alfonso Valenzuela, Joserra Leza, María Cabrera, Daniel Morilla, Olga Martínez, Francisco, Antonio Dechent.
Música: Maravilla Gypsy Band.
Fotografía: Daniel Mauri.

Nada hay más eficaz contra la depresión acechante que la risa. Nada más demoledor contra el sistema que el “cachondeo” crítico. Y si de alguna región podría pedirse aplicación práctica de tal principio, pocas habría tan indicadas como Andalucía. Coincidentes en el momento de su estreno, el pasado mes de julio, nos llegan de allí dos buenas demostraciones de que el talento al servicio de un buen guión puede suplir la carencia de grandes inversiones, como tantas veces hemos señalado. Son dos productos muy pegados a la tierra en todos los aspectos, ésa es la principal característica que comparten entre otras muchas, en el retrato de personajes reconocibles, casi arquetípicos, con su peculiar modo de expresión, con su gracejo tan imitado como inimitable si se quiere auténtico, y también en el despliegue filosófico que se debate entre el vitalismo, el desencanto, la resignación y la pelea contra todo y contra todos.

“Carmina o revienta”, ópera prima de ese “showman” y polifácetico actor que es Paco León, producida con cuatro duros (100.000 euros reunidos con variadas aportaciones y el esfuerzo capitalizado de muchos integrantes del equipo de producción, frente a un coste medio de 1,5 millones de una película española) han sentado un precedente interesantísimo al estrenarse simultáneamente en salas, Internet y mercado de dvd. Naturalmente, no todo el mundo ha comprendido la jugada; por desgracia los exhibidores han visto menoscabados sus intereses y han intentado que la película se viera lo menos posible, según palabras de Paco León. Para hacer balance final de la experiencia habrá que esperar un tiempo pero mientras tanto conviene reseñar sus valores cinematográficos, sin los cuales todo lo anterior carece de sentido.

Situada en el limbo genérico que le da el aire documental, Carmina es un falso autorretrato de una mujer corajuda, irresistiblemente dura y tierna a la vez, deslenguada y procaz, superviviente frente a los embates de la economía y la sociedad, dotada con un poderoso instinto vitalista que provocaría la envidia del más flemático explorador del siglo XIX. El a veces atrabiliario sentido del humor que destilan sus comentarios, y lo estrafalario de su modus vivendi no empañan la imagen más reconocible y honda que nos figuramos de la sabiduría popular. La conjunción de algunos actores (entre ellos María León, hija de la protagonista y hermana del director, que está espléndida, teniendo que llevar al límite su registro para alcanzar la desmesura de su madre) con otros voluntarios de la interpretación no profesionales dibuja un cuadro hiperrealista de la Andalucía cañí, suma placentera de la espontaneidad, la torrencial desenvoltura de un monstruo de la escena, Carmina Barrios, junto a cuya colosal figura empequeñecen muchos de los personajes que hemos visto tantas veces en el universo Almodóvar. Corto en extensión (poco más de 70 minutos) y parco en aconteceres dramáticos, el filme rezuma autenticidad tragicómica por los cuatros rotundos costados de su protagonista.

“El mundo es nuestro”, dice la pareja de peripatéticos asaltantes de una sucursal bancaria sevillana, ubicada estratégicamente en la ruta de uno de los pasos semanasanteros para propiciar una secuencia final desternillante, en la mejor onda de un Berlanga que hubiera trasmutado su mordacidad levantina en una guasa andalusí conservando el total de octanaje satírico, sarcástico y ácrata que le caracterizaban.

También esta película es –a la fuerza ahorcan- un modelo de financiación acorde con los tiempos que corren y con los presupuestos ideológicos en los que se basa. Microfinanciación colectiva (o “crowfounding”, según la expresión cursi de gentes menos puristas con el idioma) significa en el caso de esta pequeña gran película haber reunido decenas de pequeños accionistas o colaboradores económicos para levantar la producción. También está la crisis, no ya como telón de fondo sino en primer término, en la trama de esta enloquecida y tronchante aventura delictiva de “El Cabesa” y “El Culebra”, que quieren emular al Dioni con algo menos de pericia y muchas toneladas más de chirigotas y cachondeo.

Alfonso Sánchez firma como director y guionista un trabajo que parece el vertido en un recipiente más amplio de la habilidad mostrada en múltiples episodios en Youtube por la dupla que compone junto a Alberto López. Patente dejan una escandalosa capacidad para la escritura de diálogos chispeantes, cargados de verdad y localismos andaluces, con ese estilo inconfundible de quien ha mamado la sílaba puesta al servicio de la economía verbal y el derroche de ingenio por bandera, continuamente en el alambre del exceso pero manteniendo la verticalidad, bajo la cual el humor desbocado no emborrona los apuntes de la realidad social a la que prometen fidelidad eterna. Tipos característicos de la Andalucía y de la España de hoy, de vividores y pringaos, de gente perpleja y gente contemplativa, de estafadores y evasores fiscales maridados con pobres diablos en busca de la limosna fraudulenta del seguro de desempleo. Pero ojo, nada de batiburrillo, secuencias controladas con un dominio del tempo digno de unos buenos aprendices de Azcona.

Contra la forzada parálisis en una industria estrangulada, agudeza, espíritu crítico y talento a borbotones. ¿Quién dijo crisis?

RECOMENDACIONES

Prometheus, de Ridley Scott. No debe considerarse en sentido estricto -como señaló la publicidad- una precuela de «Alien», pero no está muy lejos de su belleza y asombro.

El caballero oscuro, la leyenda renace, de Christopher Nolan. Enrevesada y atravesada por confusas ideas sobre la rebelión social, decepcionante.

El exótico Hotel Marigold, de John Madden. Un reparto tan excelso de viejas glorias británicas merecía trenzar la historia con más gracia y menos tópicos.

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