La afilada punta del cálamo

¡Santiago y cierra España!

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Asombrosa Derecha: Santiago Carrillo, que fue comunista y después «carrillista», ha sido enterrado mediaticamente como un prohombre de la reciente historia de España. Algunos de los tuyos, con el reflejo pavloviano del caso Paracuellos, han ofrecido calificativos dramáticos y desagradables, ampliamente compensados por esa unanimidad en hablar de nuestro hombre como figura fundamental de la Transición, imprescindible para pactar, en su momento, nuestras renuncias a cambio de esta Democracia que hemos disfrutado en progresivo deterioro y que ya empezamos a dar por muerta, si no en las formas, (o también) en sus resultados y en su porvenir.

Nada tengo que objetar a que me digas ahora que el Sr. Carrillo era un gran hombre político. ¿Ahora me lo dices? Y ¿por qué méritos? ¿Por un papel determinado o es un premio a toda una carrera?… Simplemente me suena a hipocresía y a malas intenciones. Yo soy de los que no se fían de los reconocimientos que vienen de los enemigos de clase. Es más, cual perro apaleado con el rabo entre las piernas, sólo me faltaría tener que tragarme esa bola unánime de criterio que insiste en el papel tan importante que tuvo D. Santiago, y que me ofrece. -en plan golosina- la otra mano de quien me da con el palo, quien me recorta y quien me confunde.

Pocos artículos de prensa han hecho un elegante y sugestivo resumen de los complejos aspectos que rodearon el quehacer de Santiago Carrillo a lo largo de su larga y siempre apasionante actividad política, como el de Manuel Fernández Cuesta en Público. Espero que lo hayas leído y que le saques todo el humor negro que contiene, aunque no sirva más que para no autoengañarte demasiado con el eco casi unánime de tu interesadísima proclama mediática. Nos falta, por desgracia, la pluma de Manuel Vázquez Montalbán, que hubiera hecho una necrológica memorable, tanto como aquella advertencia de «no los unas tanto, Santiago, que los ahogas», que le escribió en su día. Y nos falta, también, quizás, librarnos de complejos ante tu calculado mensaje subliminal: aquí lo único que vale es tragárselas de a puño con tal de salvar a … (póngase España, la Democracia, la Economía…). A mi eso me suena a «Todo por la Patria» pero sin llegar a saber de quién es esta señora que nos exige tanto. O sea, como que, de repente, la «unidad de destino en lo universal» se coloca en la lista de tareas por delante del triunfo de la famélica legión.

Yo sigo desconfiando de lo que pueda haber detrás de esos reconocimientos a quienes participaron de forma tan fundamental (como ahora nos dicen) en la Transición y promovieron tantos cambios (ahora nos recalcan que fueron imprescindibles, oportunos) que finalmente afectaron más a las expectativas de sus propios partidarios que a las de los que se sentaban al otro lado de la «mesa de negociaciones». Yo sigo lamentando que no se publiquen para el gran público palabras más frescas que los tópicos al uso sobre la muerte de un prócer. Parece que estamos en una compactadora mediática que utiliza toda suerte de sustancias banales para fabricar un compost anodino que fertiliza flores de plástico. Al final, las cuidadas y medidas declaraciones de algunos dirigentes actuales me dan la impresión de que seguimos transitando.

Tú, asombrosa derecha que todo lo deglutes sin que se te corte la digestión, me has dado, en su hora final, muchos datos para entender qué significó Santiago Carrillo. Y cuál es la historia que se escribirá de la Transición, historia de personajes que parecen suspendidos en el aire tomando, según convenga para la moralina de la anécdota, la decisión más inteligente y la renuncia más dolorosa… por el bien de España.

¿Es el reconocimiento de nuestra derecha a Carrillo como una precuela ejemplarizante de los sacrificios que nos quedan por sufrir? ¿Tendremos que poner el otro carrillo ante la difícil situación en que vive España? ¿Tenemos más próceres en ciernes dispuestos a sacrificarse y sacrificarnos por el futuro de … (póngase la Patria, la Democracia, otro mundo es posible pero no será el nuestro…). ¿Seguiremos exponiéndonos a un aniquilamiento político y emocional partidario en nombre del «interés general»?

Quedo atento a tus editoriales y a tus gacetillas.

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