Plano Picado

Melodramón lacrimógeno

Título: Lo imposible.
Título original: The impossible.
Dirección: J.A. Bayona.
País, año: España. 2012.
Intérpretes: Naomi Watts, Ewan McGregor, Tom Holland , Samuel Joslin, Oaklee Pendergast, Marta Etura, Sönke Möhring , Geraldine Chaplin 
Guion: Sergio S. Sánchez, basado en un argumento de María Belón.
Música: Fernando Velázquez.
Fotografía: Óscar Faura.
Distribuidora: Warner Bros Pictures International España.
Estreno en España: 11 Octubre 2012

El fin de semana de su presentación en salas comerciales “Lo imposible” se convirtió, según fuentes de la distribuidora Warner, en el estreno más taquillero de la historia del cine en España, con 1.400.000 espectadores y más de 10 millones de euros de recaudación. Supongo que hay que felicitarse porque una película española consiga esos registros en venta de entradas (aunque no lo parezca -está rodada en inglés con estrellas internacionales- es de nacionalidad íntegramente española). Sobre todo en un tiempo en el que están encendidas todas las alarmas sobre el abismo al que se encamina la industria.

Como en ocasiones anteriores –véase el caso de “Los otros” o “Ágora”, de Alejandro Amenábar- parece que para demostrar una solvencia técnica al nivel de cualquier otra cinematografía y exportar producciones al resto del mundo sea necesario renunciar a algunas señas de identidad cultural, especialmente el idioma. Incluso cuando se narra una historia de la que se recalca que es una historia verdadera, vivida realmente por una pareja de españoles, en la pantalla luce mucho mejor un matrimonio «cool» formado por Ewan McGregor y Naomi Watts; el márketing y las ventas son el altar supremo en el que puede sacrificarse cualquier “pequeño” detalle de autenticidad. En todo caso, de lo que no cabe duda es de que la factura técnica alcanza un nivel irreprochable e incluso cabe decir… apabullante. Otra cosa muy distinta es el balance en el juicio global que nos merece, consideradas las ideas que la historia de “Lo imposible” expresa y el tono melodramático y sensiblero con que lo hace.

Seguramente todo el mundo sabe, dado el bombardeo publicitario desplegado, que la película relata uno de los episodios humanos vividos en el contexto de una gran tragedia, el sunami que asoló las costas del sudeste asiático en 2004. La recreación de ese gigantesco desastre es el valor principal –y único, diría yo- de la función, lo que realmente ha atraído al público a las pantallas, pues ciertamente esa larguísima secuencia es impresionante; el dramatismo y la asombrosa verosimilitud de lo visto la convierten en un magnífico espectáculo cinematográfico.

Pero el interés de la película cesa tan pronto lo hace el ruido atronador del agua. Es el prólogo más extenso e intenso nunca rodado por nuestras cámaras. Pero lo que nos espera a continuación es un ir y venir de los protagonistas deambulando perdidos en el caos de los hospitales hasta conseguir reencontrarse. No les destrozo ninguna expectativa (al contrario, se lo advierto) si les digo que la pretendida emocionalidad de esa situación huele a tv movie, a sesión de tarde en la butaca del salón, a impostada familia sufriente, a atracón de empalagosas enseñanzas sobre las bondades de la unidad familiar. El despliegue de trucos obligados, tópicos de la puesta en escena (como que el hijo casi se roce con el padre sin que lleguen por el momento a verse) para intentar levantar un suspense inexistente resulta cargante. Pero no tanto como la decisión de eliminar de la pantalla cualquier rastro de la verdadera magnitud de la hecatombe. Más de un cuarto de millón de muertos debería dejar un rastro muy desagradable ante nuestros ojos, bastante menos edulcorado de lo que recomienda el buen gusto y la educación de nuestros atolondrados hijos. Bayona se muestra abducido por el cine norteamericano, en el mejor y en el peor de los sentidos.

Si, por razones presupuestarias, hubiera habido que arrancar del guión la secuencia del sunami y la película comenzara justo después, el pastelón sería insufrible. Lo saben los autores (o lo sospechan) y por ello vuelven a incluir al final algunas escenas más del cataclismo. Pero esta vez ya no impresionan tanto, el crédito conseguido al inicio se ha despilfarrado.

RECOMENDACIONES
LOOPER, de Rian Johnson. Viajes en el tiempo en un interesante thriller. Con Bruce Willis (contenido) y su alter ego (gracias al maquillaje), Joseph Gordon-Levitt

COSMOPOLIS, de David Cronenberg. Mucho más interesante el poso que deja la película que su visionado (a veces francamente tediosa).

7 DIAS EN LA HABANA, de Benicio del Toro, Pablo Trapero, Julio Medem y otros. Vivir cada día hoy en Cuba. 7 episodios, 7 directores, el país cambia poco y la mirada que se tiene de él, menos aún.

A ROMA, CON AMOR, de Woody Allen. Decepción. El director neoyorquino en sus horas de menor inspiración: chistes que pierden su gracia por alargados.

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