Nos llega la triste noticia del fallecimiento el día 8 de mayo de Javier Martínez Peinado, economista marxista de la Universidad de Barcelona.
Aunque desarrolló su actividad académica como profesor del Departamento de Política Económica y Estructura Económica Mundial de la UB a la sombra de José María Vidal Villa, posiblemente el economía marxista más relevante de la academia española, Javier Martínez Peinado ha sido un elemento imprescindible en el mantenimiento de un núcleo duro de pensamiento marxista en la universidad española, cada vez más hostil al pensamiento crítico.
Su participación en asociaciones de economistas de izquierda ha sido una constante en las últimas décadas, siendo fundador de organizaciones de cierta raigambre crítica como las Jornadas de Economía Crítica o la Sociedad de Economía Mundial, y mantenía una notable relación con universidades iberoamericanas, a través de organismos como el Congreso de Economistas de América Latina y el Caribe, la Red de Estudios sobre Economía Mundial de México o la Red de Economía Global de Brasil.
Con J.M. Vidal Villa escribió muchos de sus mejores textos, recogidos en libros como Estructura económica y Sistema Capitalista Mundial (1987) o el manual de Economía Mundial (1995), cuya segunda edición del año 2000 estaba requiriendo una actualización que nunca podrá llevar a cabo.
Había iniciado un proceso de sistematización de su pensamiento, en libros como Desarrollo económico y superpoblación (1996) y El capitalismo global. Límites al desarrollo y la cooperación (2001); siendo miembro directivo y patrono de la ONG «MÓN 3», sus libros y artículos son una vacuna contra el pensamiento débil que quiere encontrar en la cooperación más de lo que esta puede dar para la transformación del mundo. La necesidad de la transformación socialista es una de las claves imprescindibles de su lectura del desarrollo posible.
Su análisis de la globalización y la fábrica mundial como fase del superimperialismo à la Kautsky introdujo un elemento provocador y controvertido, que podría haber dado lugar a importantes debates si se hubieran escrito en un país más preparado para el diálogo intelectual.
Siempre fiel a lo que en alguno de sus escritos reclamaba, el compromiso intelectual de los economistas, “un deber inexcusable para, (…) empezar a buscar otros caminos que conduzcan, no a una globalización siniestra como la actual, sino a una globalización del reconocimiento del esfuerzo y el trabajo realizados.”
Su fallecimiento debilita mucho la presencia del pensamiento marxista entre los economistas de la universidad española en general y en la catalana en particular.






