Bolonia en el retrovisor

Bolonia, puesta en marcha por el Gobierno del PSOE, lo que ha hecho es abrir las puertas de par en par a la profundización del elitismo y el clasismo en la universidad pública.

A finales del mes de junio, el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba hizo suya la bandera de defender a los estudiantes y futuros estudiantes que ahora ven amenazada la posibilidad de seguir con sus carreras académicas si no consiguen un 6,5 de nota media en su expediente y, sobre todo, si no poseen los medios económicos necesarios.

La intención de Rubalcaba es la esperada de un líder de la oposición, aunque este se cuente en las filas del social-liberalismo, pero, una vez más y ya son incontables en esta columna, la sombra de la acción del último Gobierno del PSOE es alargada y posa un negro velo sobre la pretendida labor de oposición de Rubalcaba.

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, en el que Rubalcaba ocupó varios puestos importantes, entre ellos el de vicepresidente, puso en marcha en España el Plan Bolonia, un plan educativo a escala europea (que en nuestro país se cristalizó en la LOU) que, a grandes rasgos, dificultaba la posibilidad de obtener un título universitario con unas mínimas garantías laborales a los hijos de las clases trabajadoras. Rubalcaba estaba tan convencido de las ‘bondades’ del Plan Bolonia que afirmó en campaña electoral que no lo retiraría a pesar de contar con un rechazo generalizado de la comunidad estudiantil.

Bolonia suponía que elementos como la especialización en cada una de las carreras universitarias, los llamados posgrados, pasaban a ser de pago y a casi equipararse con los ‘másters’ privados.

Además, se recortaron las becas y se obligó prácticamente a los estudiantes con menos recursos, es decir a los descendientes de la clase trabajadora, a pedir créditos a las entidades financieras, lo cual les hacía entrar desde edades muy tempranas en el laberinto de la deuda.

Por otra parte, este plan concebido en Bruselas y destinado a ‘modernizar’ la educación aumentaba la entrega de estudiantes como mano de obra gratuita a la empresa privada, que además gozaban de importantes ventajas fiscales si creaba plazas para los mal llamados becarios. Y, por si fuera poco, se decidía casi por decreto que las enseñanzas ‘de letras’ y ‘humanidades’ no eran útiles en el mundo moderno y tenían que empezar a renunciar poco a poco a recursos públicos.

Todo esto fue la joya de Bolonia, puesta en marcha por el Gobierno del PSOE, que como tantas otras veces, lo único que ha hecho es abrir las puertas de par en par a la profundización del elitismo y el clasismo en la universidad pública que vemos estos días. La brutal subida de tasas y la nueva subida de notas para obtener una beca, que dificultan hasta el extremo que un estudiante de clase trabajadora pueda terminar sus estudios con éxito sin arruinarse, no son sino una nueva herramienta de la guerra de clases que los grandes intereses financieros y empresariales llevan a cabo a través de sus enviados políticos, tenga el nombre de ‘Ley Wert’ o Plan Bolonia.

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