El vaciamiento de la Constitución es claro

Reflexión pre-electoral

Y es que el problema en esta hora no estriba en poner los cinco sentidos en procesos electorales. No negaré yo la importancia de unas elecciones pero sí que me cuestiono el camino hacia ellas.

En las direcciones de todas las fuerzas políticas y en los proyectos de candidaturas para las elecciones europeas cunde el nerviosismo a causa de la supuesta importancia que para el futuro tienen tales elecciones. En nuestra zona de influencia está cobrando peso la preocupación por la gobernabilidad de las instituciones que irán surgiendo de las próximas elecciones generales, autonómicas y locales. Y como siempre se invoca el sempiterno ritornello de “parar a la derecha, parar al PP”, es decir, concretar la confrontación ideológica, política y programática en unas siglas solamente. Como tantas veces, lamento disentir en esta valoración. Se suele aducir que a la consigna de “parar a la derecha” se le ha añadido “y a las políticas de derechas”. La experiencia vivida nos ha mostrado la inanidad, la inconsistencia de esa segunda afirmación.

El 2 de agosto de este año el Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó un informe en el que se hablaba de la situación de España y de las recetas que a su juicio convendría aplicar paras salir de la crisis, crecer económicamente y crear empleo que es el mantra trinitario con el que se cubre la troika para seguir perpetrando el desmontaje del Estado de Derecho. En dicho informe se advierte que si se mejora algo la economía, tendremos una tasa de paro del 25% en el 2018. Y ello si se reducen los salarios nominales un 10%, se aumenta el IVA y se profundiza en la reforma del mercado de trabajo. Se aconseja que todo ello pueda ser producto de un gran pacto social y político. Por lo demás adelanta que la deuda pública se situará en el 106% del PIB y la deuda privada seguirá en el 236% del PIB. A todo lo anterior se añade que el rescate público a la banca española puede cifrarse en 246.441 millones de euros.

Pero en el informe hay algo más. El autor o autores del mismo muestran su preocupación por las resistencias sociales a las políticas de recortes y también a la degradación en la valoración de las fuerzas políticas y sindicales y muy especialmente en los dos partidos mayoritarios que sostienen las instituciones. Resulta obvio que el componente ideológico del FMI tiene más concomitancia política con el PP pero también es obvio que la alternativa de un Gobierno del PSOE no sería una desgracia sino una molestia nada insoslayable. Me fundamento en dos razones: una es la experiencia política y social de los últimos veinte años y especialmente en la época de Rodríguez Zapatero.

La segunda razón es obvia; ambas fuerzas políticas comparten en su totalidad los hitos más importantes que han ido conformando la actual UE. Desde el Acta Única hasta el Tratado de Lisboa o las decisiones de última hora, ambos partidos subrayan su europeísmo haciéndolo sinónimo del proceso que ha culminado en la UE y la moneda única. Quiero decir que en los parámetros, valores, contenidos y programas que estructuran su proyecto compartido (salvo en alguna que otra cuestión puramente coyuntural) ambas fuerzas son las cariátides que sostienen el edificio europeo.

Pudiera pensarse que tal vez una visión más progresista que la del PP introduciría elementos positivos de corrección a favor de los trabajadores en algunas medidas de política económica y social. Pensar eso es olvidar en qué barco nos han enrolado desde el Tratado de Maastrich, pero también es obviar peligrosamente los datos últimos del proceso.

Hace menos de año y medio constatábamos que la UE estaba acabando con el llamado Estado del Bienestar. Hoy constatamos dos evidencias. La primera es que ante nuestras narices se está acabando de transformar el modelo productivo con reglamentaciones y derechos en otro basado exclusivamente en la ausencia total de derechos y normas. El vaciamiento de la Constitución es claro, tanto en su letra como en su espíritu. La otra cuestión es sin duda mucho más terrible y preocupante porque es el corolario del proyecto europeo que dirigen los poderes financieros y su ama de llaves frau Merkel. Si los lectores entran en la red y buscan el significado de lo que se conoce como Estado Fallido encontrarán con premonitoria anticipación el futuro de lo que llamamos España o Estado español o griego, o portugués o italiano; por ahora. Y si bien es cierto que aquí no hay Señores de la Guerra, no es menos cierto que esa versión de poderes que cuestionan por la vía de los hechos la autoridad del Estado o se sirven de ella tienen nombres; he aquí algunos: Banco de Santander, BBVA, Caixa Bank, Repsol, Cepsa, BP, Endesa, Ibedrola, Gas Natural, Telefónica, Vodafone, Orange, Iglesia Católica, grupos mediáticos, etc. etc. etc.

Y es que el problema en esta hora no estriba en poner los cinco sentidos en procesos electorales. No negaré yo la importancia de unas elecciones pero sí que me cuestiono el camino hacia ellas; como objetivo único o simplemente como recogida de consensos alianzas, trabajos previos y sobre todo claridad consistente en saber con quién estamos, por qué y para qué. En esta hora de España (y utilizo el término España con la misma fuerza y comprensión para su diversidad nacional con que la utilizaron Dolores Ibárruri, Manuel Azaña o Juan Negrín) la tarea más urgente, más dramáticamente urgente es ayudar a organizarse a la mayoría social, a la Nación, al Soberano como se quiera decir. La recompensa, si la hay, será mucho mayor: construir otra realidad y un mayor peso nuestro en ella por añadidura.

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