Llegó el comandante y mando a parar; ¡se acabó la recesión!

Rajoy puede ordenar que haya recuperación, pero realmente lo que hace es transmitir seguridad a los especuladores.

En estas últimas semanas hemos sido testigos del triunfo de la voluntad política sobre las inmutables leyes del mercado. Rajoy ha decidido que la recesión –no la crisis, atentos al detalle– se acabe. Él mismo lo avanzó en su visita a Nueva York. Botín, con esa delicadeza que le caracteriza lo reafirmó –“está llegando el dinero a espuertas”– y Felipe de Borbón, que sustituye a su egregio padre como propagador de la misión civilizadora de ACS, FCC, Repsol y Abengoa lo recalcó en las sesiones paralelas de la moribunda cumbre hispanoamericana. El Banco de España emitió una sesuda nota de prensa en la que afirmaba que se intuía un cambio de tendencia; y el Instituto Nacional de Estadística, tres días después, casualmente anticipó un crecimiento del 0,1% en el tercer trimestre. Un cínico diría que si la caída del PIB desde el inicio de la crisis ha sido del 6,8%, a este ritmo se necesitarán más de 65 trimestres para volver a situarnos al nivel perdido. O lo que es lo mismo, en 2030 regresaríamos a 2007.

Pero la pregunta no es cuándo regresaremos a 2007 sino cómo. ¿Regresaremos en 2030 a los niveles salariales de 2008? ¿La cobertura de los servicios públicos será la de 2007? ¿Las personas que se jubilen en 2030 cobrarán las mismas pensiones que se cobraban en 2007? La respuesta, no hace falta ser un experto en economía, está clara. No a todo. Los salarios y las pensiones serán menores y la cobertura de servicios públicos será peor. Incluso aunque hayamos llegado a un paro “normal”, del 8 al 10%. ¿Por qué? Porque todo el secreto está en la reducción del salario directo y el indirecto. Lo que ya hizo Alemania en los primeros años 2000, la clave del “milagro alemán”. Una vez que todos hayan hecho lo que Alemania, ¿qué hará ésta? ¿Otra vuelta de tuerca a los trabajadores alemanes? Y los demás después, ¿otra más a los suyos?

El problema es otro, es un problema de recuperación de la inversión que genere nuevos empleos. La propia nota del INE deja entrever que la inversión está bajo mínimos. Se ha producido un aumento de los beneficios, pero estos se aplican a reducir el endeudamiento de las empresas o a sumarse a la nube tóxica de capitales que alimentan especulativas en los países emergentes. En el sistema capitalista, la regla es la tasa de ganancia. La tasa de ganancia es una fracción, arriba el beneficio, abajo el capital invertido. Da igual que sea productivo o improductivo. Y si hay demasiado capital, nunca hay beneficio suficiente por mucho que se achiquen los salarios. Rajoy puede ordenar que haya recuperación, pero realmente lo que hace es transmitir seguridad a los especuladores. Dice Expansión que los fondos extranjeros cuentan con al menos 20.000 millones de euros disponibles para invertir en el ladrillo español y otros activos bancarios: algo de gran utilidad social y generador de empleo. Aunque claro, cuando el PSOE gane todo se arreglará… Como la ley Wert, las pensiones y la OTAN.

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