Durante el pasado mes de noviembre el secretario general del PSOE y, hasta el momento, líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba se erigió como defensor de la vida y de la dignidad de los inmigrantes al denunciar la existencia de concertinas, unas cuchillas circulares extremadamente lesivas, en la valla de Melilla para intentar ponerle puertas a la desesperación humana y detener a los inmigrantes que intenten saltar dicha valla.
Las concertinas constituyen un insulto a la dignidad del ser humano además de provocar unas lesiones terribles en los cuerpos de los inmigrantes que intentan cruzar la frontera entre África y Europa.
El Gobierno del Partido Popular y, en especial, su ministro del Interior Jorge Fernández Díaz llegó a afirmar que dichas cuchillas producen “erosiones leves” en los cuerpos de los inmigrantes, cuando en realidad llegan a desgarrar piel y músculos.
Rubalcaba, una vez más, mostró en la oposición una sensibilidad que llega tarde, porque ¡Oh, sorpresa! Las concertinas no son un invento de ahora, ni mucho menos; esas sangrientas cuchillas se instalaron en la valla de Melilla allá por 2005.
En aquel año, el Secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, firmó una orden por la cual se acordaba la adjudicación, por valor de 4.709.281 euros a la empresa Dragados, de la instalación de medidas de seguridad perimetrales en Melilla entre las que se incluían “concertinas de acero inoxidable, y bayonetas en la prolongación de los postes” de la valla.
En aquel año 2005, Alfredo Pérez Rubalcaba era portavoz parlamentario del Grupo Socialista y no hizo oír su crítica ni su opinión en contra de esta decisión tan cruel como inútil, tampoco se oyó dicha crítica cuando en abril de 2006 ocupó la cartera de Ministro del Interior ni, cuando, cuatro años más tarde, en 2010, fue nombrado además vicepresidente primero y portavoz del Gobierno.
Así, nos encontramos una vez más con un ejemplo de política de doble filo por parte de Alfredo Pérez Rubalcaba y el PSOE, y en este caso especialmente sangrante por los efectos inmediatos que tienen decisiones como las que hemos comentado en la integridad física y en la dignidad de las personas que lo único que buscan es intentar labrarse un futuro mejor en una Europa que no duda en exprimir las riquezas de África, a menudo mediante cruentas guerras, pero que se rasga las vestiduras cuando sus hijos intentan encontrar un porvenir o, simplemente, salvar sus vidas.







