Película: Omar, de Hany Abu-Assad

Unos ríen, mientras otros sufren


Película: Omar
Hany Abu-Assad

Título: Omar.
Dirección y guion: Hany Abu-Assad.
País: Palestina. 2013.
Intérpretes: Adam Bakri (Omar), Leem Lubany (Nadja), Waleed F. Zuaiter (agente Rami), Samer Bisharat (Amjad), Eyad Hourani (Tarek).
Producción: Hany Abu-Assad, Waleed F. Zuaiter y David Gerson.
Fotografía: Ehab Assal.
Montaje: Martin Brinkler y Eyas Salman.
Distribuidora: Golem.
Estreno en España: 4 Julio 2014.

El azar trenza a veces desconcertantes conexiones: el mismo día en que la prensa advierte que el ejército israelí bombardea por enésima vez la franja de Gaza en venganza por el asesinatos de tres jóvenes autoestopistas, por razones profesionales me toca ver dos películas que definen bien la distancia entre dos mundos, la que separa a Estados Unidos de aquella tierra abandonada de los dioses, a los que tanto apelan sus habitantes con intenciones e intereses diametralmente opuestos.

A las diez de la mañana la industria norteamericana me obsequia con una parodia del género del oeste, Mil maneras de morder el polvo, escrita, producida, dirigida e interpretada por Seth MacFarlane. Desprejuiciada defensa del consumo de sustancias y del sexo premarital sin complejos, con una mirada desmitificadora, antimachista y antirracista, es decir, cuestionando valores impresos en el ADN del western, los yanquis se ríen de sí mismos. Todo ello es muy saludable y lo colocamos en el haber. En el debe, el sentido del humor para el que no nos sentimos debidamente preparados: escatología en proporciones inasumibles, palabrotas como inocente expresión de rebeldía ante lo socialmente establecido como correcto. Gracia, en realidad, demasiada gracia no nos hace, salvo en algún momento aislado. Pero es una diversión, una simple diversión, apenas unos arañazos en la coraza del sistema.

Poco después, a las doce y media, la película siguiente, Omar, escrita y dirigida por Hany Abu-Assad, el mismo que nos estremeció en 2005 con Paradise now, nos devuelve a la vida real. El primer plano es definitivo a ese respecto: Omar, el protagonista, se encuentra, a punto de escalarlo, junto al ominoso muro de la vergüenza israelí, que le separa de tantas cosas, entre ellas, de sus dos amigos y de Nadia, la hermana de uno de ellos, Tarek, el líder del grupo. Se acabó la diversión, Omar me recuerda que el cine, además de diversión, es testimonio, poderoso, impactante, de lo que le sucede a millones de personas, en el instante mismo en que yo sonrío ante uno de los chistes de MacFarlane.

Luego, acabada la proyección, se impone la reflexión cinematográfica, el análisis sobre los aspectos más o menos conseguidos por el director palestino. Se me antoja el recuerdo de que Paradise now me resultó más conmovedora que Omar, porque los hilos narrativos de ésta no se engarzan con toda la suavidad que uno desearía. Aquí la peripecia política, el percutiente asunto de la traición en las filas de la resistencia palestina y la cadena de desconfianzas que provoca, se entremezcla con el deseo amoroso. Sin duda, se trata de algo que humaniza el discurso, pero a su vez lo complica y hace que la película tenga altibajos en su discurrir.

Pese a todo, los cinco intérpretes (que encarnan a los tres amigos combatientes, la adolescente cuyo amor se disputan dos de ellos, y el policía israelí que intenta captar al protagonista para convertirlo en infiltrado y chivato) se integran, con la misma naturalidad que los felinos en la sabana, en el torturado paisaje de Cisjordania, y ésa es una de las principales bazas de la película: la autenticidad. El relato de Hany Abu-Assad conjuga con algunas dificultades menores un drama sociopolítico con otro amoroso de tintes shakespearianos, y el resultado está en interés muy por encima de cualquier comedia o cine de evasión. Ése que inevitablemente se cuela por todos los intersticios en las taquillas para entretenernos o hacernos reir, mientras otros padecen lo que nunca se podrá contar.

RECOMENDACIONES

OPEN WINDOWS. Nacho Vigalondo, 2014. Asombroso prodigio narrativo (toda la acción transcurre y es vista en monitores) pero pompa de jabón vista y olvidada.

STELLA CADENTE. Lluis Miñarro, 2013. Un juguete, una comedia anacrónica, un cruce de caminos genéricos… inclasificable y recomendable. Véase necesariamente en catalán: una gozada.

POST TENEBRAS LUX. Carlos Reygadas, 2012.. Uno de los directores más libres, creativos y rompedores del siglo XXI. Obra maestra no apta para todos los gustos.

MADRE E HIJO. Calin Peter Netzer, 2012. Maravillosa exhibición actoral de Luminita Gheorghiu. Madres no hay más que una; y melodramas tan gloriosos como éste, pocos.

METEORA. Spiros Stathoulopoulos, 2012. En el interior de dos conventos late una preciosa y esclarecedora historia de amor.

EL VIEJO QUE SALTÓ POR LA VENTANA Y SE LARGÓ. Felix Herngren, 2013. Fue un gran éxito de ventas literario y es una sorprendente y divertida comedia disparatada al estilo de Forrest Gump.

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