La memoria de las chinches

Se han tenido que cerrarse dependencias del madrileño Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, pionero de la especialidad pediátrica en España, a consecuencia de la plaga de chinches que sufre y que ha atacado tanto a personal del centro.

“Nos comían vivos, pese a nuestros intentos por limpiar y limpiarnos, los piojos y las chinches.”
(Miguel Núñez, sobre la prisión de Atocha)

Aunque su presencia era habitual en tiempos pasados ya prácticamente habíamos descontado su existencia, no obstante ‘las chinches de la cama’ de nuevo andan entre nosotros. En fechas recientes han tenido que cerrarse dependencias del madrileño Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, pionero de la especialidad pediátrica en España, a consecuencia de la plaga de chinches que sufre y que ha atacado tanto a personal del centro sanitario como a niños ingresados. Al mismo tiempo, los empleados de la Lavandería Hospitalaria Central (AEHL), que da servicio a los hospitales públicos madrileños también sufren una plaga de chinches.

En las salas donde aparecieron los insectos parásitos se ocupan de cirugía de lactantes y oncología, “donde los niños tienen las defensas muy bajas”. Además aseguran los empleados que la limpieza del hospital “es bastante deficiente, ya que hace un año echaron a un 40% de los trabajadores y los que hay ahora tienen que hacer casi el doble de trabajo”. Es decir, este asunto habría nacido cuando el Gobierno regional de la CAM decidió privatizar la Lavandería en beneficio de Fundosa Lavanderías Industriales, que pasó a encargarse de la ropa de los 19 hospitales de la región. Poco tiempo después de la adjudicación los trabajadores del centro se movilizaron por la rebaja del 43% en el sueldo que pretendía aplicarles la concesionaria: de 1.100 euros mensuales de media a 645 euros. Estuvieron 42 días de brazos caídos. El 18 de enero se selló la paz y los trabajadores sufrieron un serio recorte en sus nóminas.

Desde otro prisma, ofrecido por la aséptica Asociación Nacional de Empresas de Control de Plagas (Anepla), conocemos que España “no es ajena a esta incipiente plaga, erradicada en el país hace medio siglo, y que se ha convertido en un daño emergente en Europa y Estados Unidos, así como otros países desarrollados”. Entre las causas, se nos señala al aumento de la pobreza. “La crisis podría ser uno de los factores que haya potenciado la reaparición de este tipo de plagas”, al entender que “se ha invertido menos dinero, por ejemplo, en el mantenimiento de instalaciones”.

Más allá de que los de Anepla arrimen el ascua a su sardina, cierto es que la verdadera plaga que avanza como la marabunta, de momento imparable, es la precariedad que emana de unas políticas regresivas en lo laboral y, por tanto, antisociales que han sido diseñadas por unos pocos y que nos afectan a todos con su deterioro constante de unos derechos que fueron conquistados y que ahora nos roban. Esto es, de la misma forma que nos sirve de observatorio cómo el cambio climático está desactivando a las abejas y con ello el nivel de polinización con todo lo que ello significa, también podríamos utilizar el argumento de las chinches como un indicador social que nos estaría revelando dónde nos encontramos y el rumbo que consagra nuestra “evolución”.

¿Estaríamos muy errados si nos explicásemos la reaparición de las chinches a través de cuestiones tales como que en España un 40% de los hogares se ve incapaz de afrontar gastos imprevistos y un 13,7% llega con extrema dificultad a fin de mes? ¿Suelta chinches la Cruz Roja cuando avisa de que en España hay 30.000 familias que pasan dificultades para alimentar a sus hijos? ¿Tiene o no tiene ‘chinches’ que las dificultades (o imposibilidad) de pagar la luz y el gas estarían detrás, según algunos expertos, de entre 2.300 y 9.300 muertes prematuras al año? Y bien, podríamos seguir sumando circunstancias que explican las chinches, aunque bastaría con una advertencia; que las cifras de la crisis española son consideradas de mayor gravedad que las de la gran depresión tras el crack del 29 en EE.UU.

En su obra “La chinche” nos sitúa Mayakovski en la Rusia revolucionaria, donde un obrero y miembro del partido llamado Prisipkin, aspira a una vida más cómoda y refinada. Para lograrlo traiciona a su novia Zoia y seduce a la hija de un rico peluquero. La boda se celebra, pero se produce un incendio en el que todos perecen menos Prisipkin, que queda congelado por los chorros de agua que arrojan los bomberos. Pero cincuenta años después, los científicos del futuro descongelan a Prisipkin, que abre los ojos a un mundo completamente distinto al que dejó y que le horroriza. Como recuerdo sentimental del pasado sólo le queda una chinche, albergada en el cuello de su camisa, que ha sido descongelada con él. Prisipkin quiere retenerla para conservar por lo menos un punto de contacto con lo que fue su vida anterior…

Darwin mostró con sumo detalle que hay continuidad entre los seres humanos y los animales, también en la vida mental…, ¿experimentarán las chinches sensaciones déjà vu?

#ChinchesYyogaIncompatibles

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