La unidad popular constituye el instrumento político fundamental para transformar la vida de la gente. El PCE debe jugar un papel activo y profundo de cara a que esta estrategia se exprese en las próximas elecciones generales.
Los procesos de unidad popular no suelen caracterizarse por la dilución de todo lo organizado, sino más bien por la unidad de lo diverso. En el mismo sentido, estos procesos suelen terminar en fórmulas de frente popular, o como se quiera denominar a este acuerdo con los ciudadanos, a este acuerdo por la base, sí, pero también con los representantes de las fuerzas sociales y políticas organizadas (por abajo, por en medio y por arriba), tal como se ha ensayado en una serie de ciudades.
El PCE, con independencia de lo que hagan otros, debe asumir su responsabilidad histórica. No se trata de un proceso de dilución ni de sometimiento; se trata, porque es necesario, de un proceso pedagógico en el que se explique que es posible esa unidad de lo diverso y que constituye una oportunidad histórica para derrotar al bipartidismo y, lo que es igual, derrotar ese proceso dirigido a conseguir una segunda transición que organizaría los próximos 30 años sobre la base de la explotación y la marginalidad estructurales.
Hay condiciones para poner en marcha este imaginario: imaginar lo que va a pasar y transmitir el deseo de que ocurra desde la participación de todos y cada uno. Es posible, nada está escrito. Otra cosa es realizar una suerte de desistimiento desde el principio: no hay condiciones ni posibilidad de crear la nueva realidad. Lo cual nos llevaría no solo a un problema de irresponsabilidad histórica, sino al borde mismo del abismo. El esencialismo del cierre de filas nos llevaría con toda probabilidad a lo contrario de lo que se pregona: el aislamiento y la desaparición.
Pero el cumplimiento de este calendario histórico necesita de una gran decisión a la hora de arrancar y defender los criterios de la unidad popular, ciudadana y de clase, con los ciudadanos y las organizaciones. No vale silbar mirando al techo. No vale mirar para otro lado. No vale ganar tiempo reteniendo el balón en las bandas o haciéndolo desaparecer. No vale dejar pasar el tiempo con un leve encogimiento de hombros. El PCE no puede hacer ese ejercicio de ambigüedad y, hasta cierto punto, de resignación. El PCE debe ser el factor clave para darle una oportunidad a esta estrategia, a este calendario. Es uno de los momentos claves de nuestra historia, tan esforzada, tan difícil, tan necesaria. Si seguimos siendo necesarios, ahora hay que demostrarlo.
¿Por qué camino hay que tirar? Depende de adónde quieras llegar. No vale esta vez quedarse congelados en el centro de la rotonda, dando vueltas sin descanso. Hay un camino a la izquierda señalado con un rótulo: unidad popular, frente popular.







