El colectivo LGTBI denuncia que la igualdad real está aún por conquistar

Un 76% de las personas LGTBI se han sentido discriminadas en la escuela y un 30% de los/as jóvenes víctimas de homofobia/bifobia han intentado quitarse la vida.
Manifestación del orgullo en Madrid el pasado día 4 de julio | Foto: Izquierda Unida

Asistimos a una verdadera ofensiva por parte de los poderes económicos, políticos y culturales que ha supuesto un empeoramiento de las condiciones de vida de muchas mujeres y de muchas personas LGTBI. Desde el gobierno del PSOE, con la eliminación del Ministerio de Igualdad y la reforma del artículo 135 de la Constitución, se preparó el terreno para cuestiones que el Partido Popular luego bordó a su manera. Luego, ambos son cómplices de la creación de un escenario nefasto para las mayorías sociales a través de numerosos recortes sociales, derechos y libertades.

Para el colectivo LGTBI el camino hacia la ansiada igualdad real aún está por conquistar. Si bien hemos logrado por medio de la lucha y la presión social avances legislativos: este año se cumplen diez años de la aprobación del matrimonio igualitario y siete de la ley de identidad de género, este no es más que el punto de partida del movimiento LGTBI. Nuestro país ha sido vanguardia en cuanto a derechos legales para la comunidad LGTBI, pero la igualdad real aún está lejos.

Hoy seguimos sufriendo las consecuencias de vivir en un sistema heteropatriarcal que oprime a toda aquella persona que se sale de la norma social imperante. Somos discriminadas y violentadas en cada ámbito de nuestra vida: escuela, trabajo, espacios públicos…Según el último informe del Ministerio del Interior del 2014, el 40% de los delitos de odio de ese año fueron por motivos de orientación sexual o identidad de género.

Sin embargo, no solo sufrimos violencias físicas, sino que la comunidad LGTBI padecemos múltiples tipos de violencias que hay que erradicar para poder vivir en un verdadero Estado democrático, donde la igualdad sea un pilar fundamental porque sin igualdad no hay democracia posible.

Es violencia que se expulse a las mujeres lesbianas, bisexuales y solteras de las técnicas de reproducción asistida públicas mientras se obliga por medio de la modificación de la Ley del Aborto a ser madres a aquellas que no quieren. Es violencia que no se eduque en diversidad afectivo sexual en las aulas cuando un 76% de las personas LGTBI se han sentido discriminadas en la escuela y un 30% de los/as jóvenes víctimas de homofobia/bifobia han intentado quitarse la vida, son violencia las reformas laborales que obligan a las LGTBI a volver al armario para tener que ser aceptadas en el mundo laboral, espacio donde el 30% de las personas LGTBI se han sentido discriminadas, son violencia los recortes en políticas de igualdad priorizando el pago de una deuda ilegítima y obligando así a todo un colectivo a vivir en la precariedad, es violencia que se retire la medicación a personas migrantes con VIH-SIDA sin tarjeta sanitaria por encontrarse en una situación irregular y que con la excusa de una crisis estafa no se lleven a cabo campañas de prevención y sensibilización del VIH/Sida e ITS, es violencia que se patologice las identidades trans y no se lleven a cabo políticas de inserción laboral que acaben con el excesivo paro de las personas transexuales, donde solo un 20% trabajan con contrato laboral y es violencia que a las personas mayores LGTBI se les condene a la invisibilidad y no se les reconozca su sexualidad.

Para hacer frente a la LGTBIfobia, al odio y discriminación hacia el colectivo LGTBI, es necesario impulsar la denuncia pública y visibilizar estas violencias y vulneración de derechos, para así poder legislar desde las instituciones para lograr erradicar la LGTBIfobia de raíz y vivir en municipios donde la igualdad real sea una realidad.

Es el momento de llevar a cabo una ley contra la LGTBIfobia que erradique las violencias y discriminaciones que sufrimos, pero que también atienda a la prevención y a la educación como pilares fundamentales de una sociedad democrática y libre. Una ley integral de transexualidad que despatologice a las personas transexuales y les garantize la autodeterminación de su género, que legisle para acabar con los altos índices de paro y ofrezca posibilidades reales y dignas de inserción laboral de este colectivo. Y un Plan Nacional de Salud Sexual que se dote presupuestariamente para llevar a cabo campañas de sensibilización y prevención de VIH/SIDA e ITS, así como también combatir la serofobia.

Y para lograr estos derechos, es necesario continuar unidas en las calles para hacer frente a las normas de un sistema capitalista heteropatriarcal que nos discrimina y oprime, un sistema al que solo podemos vencerles desde las calles con una intensa movilización social y desde las instituciones con propuestas políticas de transformación social.

Las LGTBI sabemos que la revolución social que necesitamos para vivir en un nuevo país donde nuestros derechos y libertades sean reconocidos pasa por generar alianzas con otras luchas emancipadoras como el movimiento feminista, obrero, migrante, laicista… y articular un espacio de lucha común que haga frente a las violencias y discriminaciones de las políticas neoliberales y heteropatriarcales dominantes.

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