Panorama latinoamericano

Colombia: siguen los ataques al proceso de paz

El conflicto armado colombiano excede sus propias fronteras y se usa para tensionar un área conflictiva para los EEUU.

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Imagen de archivo. En la tribuna, Iván Márquez, integrante de la delegación de las FARC-EP en las negociaciones de La Habana.

En esta oportunidad parten del propio Jefe de Negociación del Gobierno, Humberto de la Calle, que en una entrevista a un afamado periodista colombiano amenaza a la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) diciendo que cualquier día de estos la representación del Gobierno colombiano no estará en la Mesa de Diálogo.

Desde hace casi 3 años tienen lugar las conversaciones de la Mesa de Diálogo que se desarrollan en La Habana (Cuba), con la participación en calidad de garantes del proceso de representantes de Cuba, Noruega, Venezuela y Chile.

Se han logrado importantes avances, más allá de que el sólo hecho de iniciar las conversaciones lo sea. El gobierno del ultraderechista Álvaro Uribe, predecesor del actual mandatario Santos, mantuvo encuentros informales y secretos con la guerrilla aunque su acción haya sido la de impulsar la solución militar como la única vía.

Recordemos que Juan Manuel Santos fue ministro de Defensa con el gobierno Uribe (2006-2009), y ganó en 2010 la presidencia de Colombia, siendo reelegido en 2014. En estas últimas elecciones buscó, y logró, el apoyo de un amplio espectro social y político enarbolando la bandera de la puesta en marcha de la Mesa de Negociaciones con la guerrilla de las FARC. Pero su ambición declarada de lograr una paz negociada queda en entredicho al negarse a una tregua bilateral.

El proceso ha sufrido innumerables ataques desde los sectores más recalcitrantes de la ultraderecha colombiana que participan de ese entramado político-militar-económico-terrorista que representa el ala más dura, agresiva y guerrerista de una geopolítica ligada a los intereses del Pentágono. Los diferentes Planes Colombia han creado un poderoso lobby al que no le interesa en absoluto una paz verdadera, es decir una paz con justicia social. El interés que manejan es el mantenimiento de un estado guerrero y represor que imponga en todo caso la paz de los cementerios y el silencio de los amordazados.

El presidente Santos no ha tenido hasta ahora el coraje o la voluntad política de ordenar el establecimiento de una tregua bilateral, aprovechando el cese unilateral que había decretado la guerrilla. El ejército continuó bombardeando posiciones y campamentos de las FARC. El pueblo colombiano se movilizó masivamente en apoyo del proceso de paz y de la tregua bilateral. El Gobierno hizo oídos sordos a esta demanda popular, continuó con los ataques y así el 26 de mayo pasado resultó muerto el Comandante Jairo Martínez, uno de los integrantes de la Mesa de Paz por parte de la insurgencia.

Uno se pregunta cómo hubiesen reaccionado medios de comunicación y voceros oficiales si la guerrilla de las FARC hubiese asesinado a un miembro gubernamental de la Mesa de Negociaciones. Sin duda hubiesen puesto el grito en el cielo, justamente.

Parece ser que la causa belicista gana adeptos en Colombia. El Jefe de Negociadores del Gobierno sale ahora a plantear amenazas. No es razonable imaginar que el presidente Santos desconociera el sentido de las declaraciones. El conflicto armado colombiano excede sus propias fronteras y se usa para tensionar un área especialmente conflictiva para los EEUU, agregando preocupaciones a gobiernos como los de Rafael Correa en Ecuador y Nicolás Maduro en Venezuela. La geopolítica y los intereses imperiales necesitan de esa guerra regional.

Hace pocos días Carlos Lozano, director del Semanario comunista Voz, resumía en su blog la situación y la principal paradoja señalando que “El cese bilateral de fuegos es una necesidad y mientras se llega a él las partes podrían pactar el desescalamiento, sin imposiciones arrogantes, regresando al menos al cese unilateral de la insurgencia y a la suspensión de los cobardes bombardeos. En ambos casos con verificación específica. La verdadera paradoja en los diálogos de La Habana, al contrario de lo que dice la parte oficial, es que el gobierno de Santos, al tiempo que habla de paz con las FARC-EP, en Colombia hace la guerra, no solo contrainsurgente sino también antipopular, porque todos los informes internacionales en materia de derechos humanos les son adversos. Como si fuera poco, la Fiscalía General de la Nación está investigando cinco mil casos de “falsos positivos”, bien dicho son ejecuciones extrajudiciales, que comprometen a generales y altos oficiales de las Fuerzas Militares”. (ver http://bit.ly/1HdESf2)

Hay que ver la actitud del presidente Santos en las próximas semanas. Si realmente busca la paz, deberá cambiar de Jefe de Negociadores o al menos efectuar declaraciones que maticen mucho las palabras del representante gubernamental. Reconducir la situación planteando la posibilidad de una tregua bilateral daría al proceso un impulso determinante y pondría a todos los negociadores en la obligación de completar acuerdos y daría esperanza real al sufrido y luchador pueblo colombiano.

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