Amianto: un genocidio impune

Unidos contra la conspiración del silencio que encubre la industria asesina del amianto

España fue uno de los últimos países de la UE en incorporarse a la prohibición del amianto debido a las presiones de los lobbies españoles.


Amianto: un genocidio impune
Francisco Báez Baquet,
con la colaboración de Ángel Cárcoba Alonso.
Ediciones del Genal, Málaga (2015)

Lo esencial de esta aproximación, injusta por breve: Amianto: un genocidio impune es un libro imprescindible escrito por un ciudadano admirable –sin exageración en ninguno de los dos adjetivos- que debería ser libro de cabecera, a consultar con frecuencia, de cualquier activista, de cualquier ciudadano o ciudadana, de cualquier persona interesada por la justicia y la salud pública y laboral.

Unas palabras sobre el autor. Francisco Báez, ex trabajador de Uralita en Sevilla, inició en los años 70 del pasado siglo desde las filas de Comisiones Obreras una tenaz y documentada lucha contra esta industria de muerte obrera y ciudadana. Ha dedicado más de 40 años a la investigación sobre el tema. En ello sigue, en pie de lucha, resistencia y estudio. Incansablemente, como si fuera el primer día, como hacen y enseñan los imprescindibles. Su vinculación con el tema: “Cuando ingresé en la empresa [Uralita], y durante mucho tiempo después, ignoraba que en ella se utilizara amianto, sustancia que no conocía, más allá de lo que supone una cultura a nivel universitario o de enseñanza secundaria. En cualquier caso, en mi centro de trabajo –una oficina comercial, fuera de la fábrica-, no se trabajaba con amianto de una manera ostensible, limitándose su presencia, como componente de productos ya elaborados con él, a los fabricados de amianto-cemento, almacenados allí para su venta”.

Unos breves comentarios sobre el libro y la temática protagonista. Tomo pie en reflexiones del autor y en fuentes complementarias.

El amianto puede afectar a los trabajadores de la industria (e industrias asociadas), a sus familiares (hijos incluidos por supuesto), a los vecinos del entorno, a los usuarios de los productos que lo contienen y, cuando media la degradación por obsolescencia del amianto instalado, indiscriminadamente a toda la población general, afectando además al medioambiente. Vale la pena insistir: a toda la población, nadie se salva. En Estados Unidos, es un ejemplo entre muchos otros, se calcula que unas 15.000 las personas fallecen anualmente por su causa.

El récord de tiempo de latencia (entre el inicio de la exposición y el momento de aparición de los síntomas) en el caso del mesotelioma se cifra en 75 años. Pero, como nos recuerda oportunamente Francisco Báez, se trata de una distribución gaussiana, en la que lo más frecuente es que esa cifra quede comprendida entre los 30 y los 40 años, sin que quepa descartar surgimientos por debajo de los 20 años, ni, hacia el otro extremo de la distribución, a los 50 o 60. Sólo una minoría de las personas expuestas resulta afectada, una minoría que (estamos hablando de grandes números: se calcula que más de cien millones de personas han estado expuestas hasta el momento en el mundo) es mucho más que una minoría. La biodiversidad humana, como en tantas otras cosas, juega aquí un papel central. “No existe umbral de exposición, en intensidad y/o en duración, por debajo del cual se pueda comprobar que el riesgo es nulo”. No obstante, como es evidente, la probabilidad en la afectación, es proporcional a la intensidad acumulada en la exposición. Esta “espada de Damocles” no viene aislada. Otras patologías “benignas” del amianto, presentan síntomas similares a los del mesotelioma: los engrosamientos, los derrames pleurales no malignos, y en algunos casos, las placas pleurales hialinas, señala Francisco Baéz, “imitan al mesotelioma, siendo precisos varios años de seguimiento médico (caso de los derrames) para poder descartar un diagnóstico de malignidad”. Nunca cabe descartar una ulterior transformación maligna, aunque se trate de una posibilidad poco probable”.

En la prohibición de todos los tipos de amianto (incluyendo al amianto blanco o crisotilo), España fue una de las últimas naciones de la UE en incorporarse. Se hizo efectiva a partir del año 2001. ¿Por qué tan tarde? Con palabras del autor: “Eso fue así, indudablemente –hay evidencias-, por la acción del lobby de la industria española del asbesto”. Sin piedad. Los negocios son los negocios. ¡Qué importan unas cuantas muertes obreras más en el asfalto!

Es la mayor catástrofe industrial de la historia de la Humanidad. Lo es, en primer lugar, señala Francisco Baéz, atendiendo a la extensión de la afectación, pero también por la intensidad del sufrimiento que genera. “Difícilmente cualquier otro contaminante podría disputarle ese siniestro primer puesto”.

¿Genocidio impune? ¿Por qué impune? De nuevo es el autor quien responde: “Digo “impune” por dos motivos. En primer lugar, porque, como se pone de manifiesto a lo largo de toda la obra, son innumerables los casos en los que tal impunidad ha sido manifiesta. Y en segundo lugar, porque el daño causado es tan inmenso, que no hay justicia humana capaz de equilibrarlo mínimamente”.

Está anunciado un nuevo libro de conversaciones sobre el libro y temáticas afines con el autor, también en Ediciones del Genal. Deberíamos estar atentos a ser posible.

ETIQUETAS:

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.