En junio de 2012 Julio Anguita lanza un llamamiento al conjunto de la sociedad española. Las razones son las comunes, las inmediatas, las que atañen a toda la ciudadanía. El mensaje también es claro: esa misma mayoría de personas debe reconocerse a sí misma para forjar «un poder que al principio no gobierne, pero que determine». Se propone así la constitución de un referente de poder ciudadano capaz de inducir de manera creciente a los poderes públicos a legislar y gobernar en beneficio exclusivo de la mayoría. La respuesta es masiva.
Desde sus inicios el Frente Cívico “Somos mayoría” (FCSM) se articula en torno a un programa, una seña de identidad de su fundador y también del movimiento en cuanto es clave para la consecución de sus objetivos. Un programa de mínimos que atienda la emergencia social y que goce del acuerdo común, inicialmente se proponen diez puntos –ampliados posteriormente a dieciséis- abordando medidas como la elevación del salario mínimo interprofesional a 1.000 euros al mes, que ninguna pensión se sitúe por debajo de esa cantidad, una profunda reforma fiscal, la nacionalización de los sectores estratégicos de la economía para evitar los cortes en suministros básicos, la creación de una banca pública o la reforma del sistema electoral por uno más proporcional.
La metáfora empleada por Anguita para ilustrar la tarea del movimiento fue la Penélope de Homero, la tejedora paciente. Comienza así una lenta bola de nieve que nos lleva hasta el momento actual, casi cuatro años en los que el Frente Cívico ha estado trabajando en espacios aglutinadores y plurales, muchas veces definidos por la movilización social como las Marchas de la Dignidad, otras de carácter netamente programático como la propuesta de Programa ciudadano, el cometido era y es sumar. Sin embargo, la andadura del FCSM tiene un momento de inflexión, la organización rechaza desde su fundación protagonizar procesos electorales a consecuencia lógica del objetivo de sumar y unir fuerzas, en palabras de Julio Anguita: “aquí no se le pregunta a nadie de dónde viene, sino a dónde va”; esta independencia radical de lo electoral y de las adscripciones individuales –sin entrar en detrimento de las mismas- es necesaria y definitoria para el Frente Cívico pero supone también un tremendo coste en activos. En el trayecto, el FCSM pasa por momentos poco definidos como resultado de diferentes visiones y discursos, pero se mantiene hasta el momento.
Pasadas las elecciones, momento al que Julio Anguita se refiere como el día (D+1), encontramos un acusado desgaste en el tejido social del país. En contrapartida el deterioro económico, político y social es percibido por una mayor parte de la población conforme se marca en las carnes de cada cual. En estos casi cuatro años de andadura el lenguaje del FCSM ha impregnado, aunque someramente, la conciencia de nuestra sociedad sobre la situación que atraviesa traduciéndose en términos y actuaciones que relacionan conceptos afines: mayoría social, unidad, confluencia… son lugares comunes que intuitivamente persiguen una misma solución, pero incapaces de contener en sí mismos las condiciones suficientes y necesarias para desarrollar los planteamientos del FCSM, un razonamiento preclaro aunque exiguo en la asunción colectiva. El actual clima de ingobernabilidad está demostrando, en su práctica más dolorosa, que los postulados y los análisis aportados por el Frente Cívico son necesarios para conformar un camino despejado en la defensa de los intereses de la mayoría social de este país.
El próximo 17 de abril, el Frente Cívico “Somos mayoría” abordará en su II asamblea estatal aspectos internos, organizativos y estatutarios que correrán paralelos a un foro social dedicado, a su vez, al debate ciudadano. De manera previa, el 1 de abril comenzará el proceso para elegir una nueva Mesa Estatal (órgano ejecutivo). Al fondo, en el último estante pero por encima de todo lo demás, se adivina una cuestión que trasciende a la misma organización, ¿y si el Frente Cívico tenía razón? Su próxima asamblea será decisiva para la existencia del proyecto, así como su orientación definitiva en el clima postelectoral o preelectoral –según se mire- que ha dejado patente la necesidad de implicar al conjunto de la sociedad en la realidad de una España dominada por la Troika y los poderes económicos.
La propuesta del Frente Cívico no sólo habla del despertar de la mayoría social y su posterior organización para constituirse en contrapoder, también señala al enemigo a batir. Nos enfrenta a la deuda, a la pérdida de soberanía o la actual Unión Europea y su diseño de pobreza, la negación de las posibilidades, el atraco a los derechos. Igualmente, señala una última cuestión, la responsabilidad de cada ciudadano y ciudadana en el futuro que comparte de manera colectiva y que vivirá junto con el resto.
En esta asamblea el Frente Cívico se juega su futuro, de cómo se desarrolle la asamblea y del resultado de la misma dependerá su utilidad para la mayoría social en la construcción del “contra poder” que manifiesta Anguita, desde la recuperación de los valores fundacionales del mismo realizando un nuevo impulso organizativo y político desde la pluralidad, la autonomía de poderes, colectivos y formaciones políticas, o por el contrario ir a una deriva para constituirse en un colectivo cerrado y alejado de esa mayoría de la sociedad que necesita un referente activo en defensa de sus intereses y necesidades más básicas, teniendo como objetivo el programa y la elaboración colectiva como marco de participación social.
Toda la información relativa a la asamblea podrá ser consultada en la página web del FCSM en los próximos días www.frentecivicosomosmayoria.es






