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Muhammad Alí / Teófilo Stevenson, el combate perfecto (II)

Alí, el boxeador que supo combinar la pelea con los puños y las demandas de la conciencia social.

“Ningún vietcong
me ha llamado negro”
(Muhammad Alí)

La entrega de ‘El tren de la memoria’ en julio de 2012 llevaba por título, ‘Teófilo Stevenson / Muhammad Alí, el combate perfecto’, en el que se recreaba -de lo que pudo haber sido y no fue- la velada de boxeo más grande de la historia. Aquel texto surgió a raíz del fallecimiento del cubano Teófilo Stevenson (1952-2012), el mejor boxeador amateur de todos los tiempos. Tres veces campeón olímpico –no asistió a Los Ángeles (1984) cuando aún estaba en buena forma debido al boicot de los países del bloque socialista- y otras tres campeón mundial, un récord difícilmente superable que le convirtió en rey absoluto de los pesos pesados en los años setenta. No obstante, a Stevenson quizá se le recuerde tanto por su espectacular currículum como por haber rechazado ofertas millonarias para pasar al boxeo profesional. Así, en aquel contexto de guerra fría de los años 70 pudo haber tenido lugar el enfrentamiento con Muhammad Alí, pero nunca llegó a celebrarse, aunque con el tiempo quizá pueda concluirse que fue mejor así…

Cuatro años después de Stevenson ha fallecido Alí, el boxeador que supo combinar la pelea con los puños y las demandas de la conciencia social. La suya fue una aventura para ser contada a los niños. El héroe deportivo que se enfrentó a unas consecuencias durísimas porque asumió la tarea de hablar por los que no podían. Y lo hizo en años en los que perder la vida era una posibilidad cercana, como en los casos de Luther King o de Malcolm X. El posicionamiento de Alí en aquella América no era una pose. En su país, los Estados Unidos, una mitad blanca y reaccionaria de la población aún aplaudía los asesinatos del Ku Klux Klan y sufría con cada una de sus inapelables victorias.

A raíz de conocer la noticia del fallecimiento de su amigo caribeño, Alí manifestó: “siempre recordaré el encuentro con el gran Teófilo en su Cuba natal” (…)”Aunque nunca peleó profesionalmente, haber ganado tres medallas de oro en tres Juegos Olímpicos diferentes garantiza que él habría sido un enemigo formidable para cualquier otro campeón de peso pesado reinante o cualquier retador en su mejor momento” (…) “Él fue uno de los grandes de este mundo, y a la vez fue un hombre cálido y entrañable. Que descanse en paz”. Unos cuantos años antes, en unas declaraciones al diario oficial cubano “Granma”, publicadas el 19 de febrero de 1989, Teófilo Stevenson había reconocido: “Me preparé mucho, con mucho entusiasmo y dedicación para enfrentarme a Alí, a quien consideraban un buen rival para mí, y con el cual incluso había opiniones divididas sobre el posible vencedor”. “Alí ha dicho varias veces que habría sido un empate y yo también lo creo. Me hubiera gustado pelear contra él, porque era un boxeador muy técnico, como mis rivales favoritos. En 1978, estuvimos cerca de organizar una pelea, pero no se llegó a un acuerdo”, señaló.

Más allá de sus extraordinarias carreras como deportistas y del intento frustrado de su enfrentamiento, Stevenson y Alí fueron dos tipos que tenían ideas propias. Uno, el de la ciudad oriental de Las Tunas, desoyó los cantos de las sirenas con la tentadora figura del dólar; mientras que el de Louisville, Kentucky, al mismo tiempo que se iba consolidando como campeón de los grandes pesos se fue ligando a la lucha de la minoría negra y al sector radical de los musulmanes la “Nación del Islam”. Incluso adoptó un nuevo nombre, Mohamed Alí, denunciando que su apellido Clay había sido impuesto a sus ancestros por los amos esclavistas. («Classius Clay es el nombre de un esclavo. No lo escogí. No lo quería. Yo soy Mohammad Ali, un hombre libre».) Llegó incluso a perder la licencia para boxear y el título mundial de los pesos pesados porque se negó a sumarse a las tropas que invadieron Vietnám. («No voy a recorrer 10.000 kilómetros para ayudar a asesinar a un país pobre simplemente para continuar la dominación de los blancos contra los esclavos negros»).

Tras su apariencia arrogante había un hombre muy inteligente, concienzado y con un gran sentido del humor, como lo demuestran declaraciones del tipo: «¿Creéis que el mundo se ha sorprendido por la dimisión de Nixon? Esperad a que le parta el culo a George Foreman. Vuelo como una mariposa, pico como una abeja, sus puños no pueden tocar lo que sus ojos no pueden ver. Ahora me ves, ahora no me ves. George cree que puede pero yo sé que no. Ya me he batido contra un cocodrilo, ya he luchado contra una ballena. La semana pasada maté una roca, herí una piedra y envié al hospital a un ladrillo. Soy tan malvado que vuelvo enferma a la medicina», dichas antes de volver a ganar el título tras una victoria ante Foreman el 30 de octubre de 1974.
Aquellas notas de hace cuatro años en MO terminaban: “Extraño artículo éste –digo yo-, pues trata del encuentro que nunca se llegó a producir de dos campeones en un ring, o tal vez sí…, porque lo cierto es que ambos púgiles ‘sólo’ llegaron a intercambiar algunas fintas en una tarima de La Habana en 1998 en uno de los viajes de Ali a Cuba en misión humanitaria. Después del escarceo, Stevenson y Alí se abrazaron y quedó plasmado un sentimiento de admiración mutua y amistad. ‘Los dos habíamos esperado esos momentos durante muchísimos años’”, resumió Stevenson.

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