Si rompemos la lógica que nos impone esta sección al recomendar y comentar varios libros del poeta Gabriel Celaya es porque su extensa obra fue creada con voluntad dialéctica o actitud proteica. Para ello hemos señalado tres momentos en su trayectoria para tener un conocimiento aproximado de la misma. El propio poeta cuando afirma en su Itinerario poético (Cátedra, 1976) que la creación de varios heterónimos, como Rafael Mujica y Juan de Leceta, para elegir definitivamente Gabriel Celaya, o cuando nos recuerda sus sucesivas tendencias o etapas poéticas que van de la vanguardia al existencialismo para alcanzar o estar a la altura de las circunstancias con una poesía civil, llamada con reiteración social, es consciente que su carrera poética es una extensa sinfonía, o como diría el profesor José María Valverde, un escándalo de capacidad creadora y de compromiso poético.
Aunque volveremos a su etapa cívica o realista, es obligado señalar que Gabriel Celaya representa la plenitud de la mal llamada poesía social, término equívoco por sus ambigüedades semánticas, pues como se ha repetido, qué poesía no es social, y por otra parte, su historia abarcó una época en la que se confundieron las realizaciones de los “maestros” y “discípulos”, fenómeno que se utilizó para su denostación política y desmerecimiento estético en favor de poéticas muy próximas al neoliberalismo. Son de esta época títulos como Las cartas boca arriba (1951), Paz y concierto (1953), Cantos iberos, La resistencia del diamante, y otros títulos. Posteriormente el poeta inicia otra etapa o tendencia llamada por él ‘personal’ y por la crítica ‘poesía órfica’.
No nos vamos a detener en los datos biográficos de Gabriel Celaya, porque creemos que son bien conocidos, pero sí hacer referencia a sus dos libros de “memorias” de un autor poco proclive y contrario, cuando no hostil, a este género pero que rompe el trazado tradicional con títulos como sus Memorias inmemoriales, 1980 y con Tentativas publicado en 1946, considerado como una novela de formación en la que explica sus etapas de desarrollo intelectual con el objetivo de resolver sus experiencias personales en figuras arquetípicas para trascender el “yo” y así poder crear mitos en los que su vida accidental y una metahistoria se fundieran. Este libro, tan caro a su autor, puede resolvernos como Memorias inmemoriales muchas de las claves de sus últimos libros, como Penúltimos poemas.
Después de Marea del silencio aparecen Avisos de Juan de Leceta y Tranquilamente hablando, poemario de los que Gabriel Celaya comentaba años más tarde: Este fantasma que llamo Juan de Leceta se atreve a escribir lo que mí me avergonzaría pensar. ¿Me da el quién vive, me pide el santo y seña, y -burla, burlando- pone el dedo en mi llaga y logra que su “decir” sea un ‘digo, dice? tan en primera persona como en tercera, tan de Gabriel Celaya como de Juan de Leceta. Este distanciamiento poético de su heterónimo que el poeta expresa es un recurso para que su “yo” hable de sí mismo, pero sin situarse en el terreno de la sacralización romántica y no perderse, como dice Machado, en un laberinto de espejos. Existe una voluntad antiidealista que se concreta con un lenguaje coloquial para “contar lo que me pasa”, como ocurre en el poema “A vuestro servicio”, que ejemplifica la crisis de individualismo que resolvería en la siguiente etapa. Este poema contiene elementos que anticipan el compromiso militante de Gabriel Celaya con el paso anterior del “yo” al nosotros que observamos en el poema “A vuestro servicio”, en el que la ironía como propuesta, desaparece al final del poema. Sus elementos constitutivos como la descripción, la narración, la reflexión se agrupan para poetizar una anécdota que le ocurrió al poeta en 1944. Como gerente de una empresa, Gabriel Celaya dirigía los trabajos de descarga de un barco en el puerto de Pasajes, en una jornada que tuvo que ampliar para no incidir en estadías. Para hacerles más llevadero el trabajo, les repartía a los estibadores vino y cigarrillos. Quizás – nos dice el poeta – fue aquel día cuando tuve plena consciencia de lo lejos que estaba de los trabajadores, pese a mi ‘izquierdismo’ paternalista, aunque el poema compuesto por cuatro estrofas trasciende lo anecdótico.
En la primera estrofa, el elemento narrativo se combina con el descriptivo para señalar una situación: Me he acercado hasta el puerto / Chillan hierros mojados y una grúa resopla. / Los obreros trabajan y maldicen a ratos, cuyos protagonistas son un “yo”, un “tú” y la personificación del paisaje obrero. En la segunda, se articula en torno a un ofrecimiento del “yo” y a un rechazo del “tú”: / ¿Un cigarro, buen amigo? / Buen hombre me ha escupido en silencio…, rechazo que desemboca en la descripción totalizadora de obrero-hombre: Los hombres tienen hambre … miedo. Mas no nos piden pan…sueño. El colofón es una cuarta estrofa en la que el grito del “yo” poético nace de una concepción humanista cristiana de la vida, posición dialéctica, superada en la siguiente etapa, pues su redención la consigue con la negación de sí mismo y posible perdón del “otro”: Gritaré lo que quiera para no sentirme odiado / Cuando me fusilen / Quizás alguien me ponga un cigarro en los labios.
En este poema, comprobamos que el lenguaje hablado es parte integrante de su estructura interna y que nos sitúa ante diversos problemas como es la conciencia por parte del poeta del llamado lenguaje hablado y escrito, que en su caso es parte integrante de sus poéticas con las que consigue, unas veces, su distanciamiento de la poesía garcilasista de los primeros años de postguerra a partir de 1944, años de Hijos de la ira de Dámaso Alonso, y otras, su formulación, años más tarde, de su pensamiento poético/político en la Antología consultada de 1952 de Francisco Ribes de la que hemos extraído las siguientes ideas:
Cantemos como respiramos. Hablemos de lo que cada día nos ocupa.
La eficacia expositiva me parece más importante que la perfección estética.
Poesía es un instrumento entre nosotros para transformar el mundo.
Nada de lo humano debe quedar fuera de nuestra obra. En el poema debe haber barro… ideas…calor animal…retórica, descripciones y argumento.
La Poesía es ‘un modo de hablar’, no está encerrada y enjaulada en los poemas.
Nuestros hermanos mayores escribieron para ‘la inmensa minoría’. Los poetas deben prestar voz a esa sorda demanda de los receptores expectantes. En la medida en que lo hagan ‘crearán’ un público, y algo más que un público.
En Lo demás es silencio, poema estructurado en torno a dos personajes poéticos, Protagonista y el Coro, su poética se corporeiza y concreta: Quiero ser entre los otros. Quiero morir por algo. / perderme un provecho, descansar de lo que he sido / pasar de mis problemas personales que son nada.
Este pensamiento poético es el que fundamenta poemarios como Las cartas boca arriba (1951), Lo demás es silencio (1952), Cantos iberos (1955). Antes de introducirnos en el comentario del tercer libro citado, creemos necesario nombrar Cantata en Aleixandre que, además de ser un reconocimiento al autor de Sombra del Paraíso, se enriquece la dimensión de su quehacer poético con este poema extenso en el que las voces de sus protagonistas, EL POETA, LOS OTROS (poetas) Y LAS MADRES PRIMERAS se constituyen en una cosmovisión de la vida, de la muerte y de la poesía desde distintas perspectivas, como cuando LOS OTROS interpelan al POETA: No vienes a nosotros, no nos canta / el canto de la paz y del martillo. / Eres un niño grande, y aún sumido / en la noche de origen, no haces tuyos / los días y trabajos de los hombres.
En la Nota que precede a Cantos Iberos (Ediciones Turner, 1975), Gabriel Celaya explica que este libro fue escrito en los años de furor y esperanza, pero a pesar de eso, o quizá por eso mismo, es libro más calculado para producir un determinado efecto de cuanto he escrito en mi vida. Y esto, tanto por su técnica (…) como por su temática. Una poética enraizada en “el problema de España” planteado como una superación de la visión de los escritores de la Generación del 98 y sentido con una cercanía de la visión en otras circunstancias que tenían de esta cuestión autores como César Vallejo expresada en España, aparta de mí este cáliz, o como Pablo Neruda en su España en el corazón.
En Cantos Iberos el sentimiento civil se concreta en los poemas “Dime que sí”, “España extraña”, “La arcilla que palpo y beso”, y “España en marcha”, poema que fue la afirmación de un tiempo nuevo y acompañante de la épica y resistencia de la lucha de la militancia antifranquista: Nosotros somos quien somos. / Basta de Historia y de cuentos (…) ¡A la calle que ya es hora / de pasearnos a cuerpo / y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo. En otros poemas como “A Sancho panza” se amplifican las ideas de este compromiso de resistencia, ejemplificado en el personaje cervantino en el que el poeta ve el paradigma de verdad y libertad. En este clima de fervor, el poeta se enfrenta al tema de la violencia en el poema “La dificultad y el deber de la acción”. Sin romper la técnica “martilleante” habitual en este poemario, pero en un tono de ponderación y reflexión construye sus argumentaciones para encontrar razones éticas a la acción violenta.
La temática de Cantos Iberos se diversifica en otros caminos, como la crítica a la poesía pura y a los poetas esteticistas que encubren la verdadera realidad con la intemporalidad de sus poéticas. Este alegato se imbrica en las ideas de Poemas Políticos de Paul Eluard, cuyo lema era “Del horizonte de uno, al horizonte de todos” y culmina con el manifiesto La poesía es un arma cargada de futuro.
Gabriel Celaya antes de publicar Buenos días, buenas noches, un título polisémico que sugiere saludo y despedida, había constatado el agotamiento y el cansancio de las posibilidades de la poesía social, fenómeno que coincide con el cambio económico y social de nuestro país que había abrazado el consumismo. Ante esta situación el poeta se había interrogado qué camino debería seguir: ¿volver a los orígenes, iniciar otra propuesta de poesía civil, intentar una poesía realista o encontrar un punto de encuentro entre poesía y ciencia?, interrogaciones que podemos extraer de Lírica de Cámara o Función de uno, equis, ene. En este camino surge Buenos días, buenas noches que confunde a la crítica y lectores por el reclamo que aparece en la contraportada: “Un nuevo Celaya”: Si yo fuera un César / proclamaría el desorden, la anarquía, / el derecho a ser idiota / y como primera virtud ciudadana dictaría / la explosión de la risa: / La risa a todo trapo frente al orden, / frente al César, frente al mundo, frente a mí, / frente a ti que me miras con cierta ironía.
Este pensamiento se explica en varios poemas como en el primero, “La expulsión”, que sirve de pórtico al libro y en el que leemos: Porque he nacido, y estoy / temblando ante el vacío, serpiente enroscada, nido, / trato de ser el de siempre / envolviéndome en mí mismo. Otros poemas, como “La puerca poesía” y “Fábula”, colofón del libro han podido contribuir a la percepción de que estamos ante “otro” Celaya, pero como bien explica Ángel González esta evolución del poeta, como las anteriores, no cierra un círculo, sino que prolonga una espiral que trata de ceñirse a su cambiante realidad personal e histórica. Por este carácter dialéctico, frente a los guardianes del discurso, es necesario recordar que la poesía de Celaya trasciende lo actual hasta alcanzar la categoría de contemporaneidad (palabra en el tiempo) en el mismo sentido que Carlos Marx analiza la tragedia griega.








