A las dos en punto del último viernes de Julio, cuando los afortunados que pueden ir de vacaciones andaban ya con las maletas en la puerta de casa, pudimos ver en ETB1 al Lehendakari “de todos los vascos” Iñigo Urkullu, anunciar muy solemne la convocatoria de elecciones en Euskadi y, sobre todo, dar un repaso a los maravillosos logros de su gobierno en todo tipo de materias. La campaña electoral había comenzado y el primer Spot publicitario le salía gratis a EAJ-PNV y eso que tanto el Lehendakari como algunas de sus consejeras y consejeros ya llevaban unas semanas de inauguración en inauguración en los teleberris.
Urkullu había decidido esperar al viernes 29 de Julio para anunciar que las elecciones no serían en Octubre como esperaba todo el mundo, sino que serían el 25 de Septiembre, con la clara intención en mi opinión de dejar el menor margen de maniobra a sus contrincantes electorales; y también para que vascas y vascos votemos en nuestro país antes de que pueda darse cualquier entendimiento de los jeltzales con un posible gobierno en Madrid. Este hecho, aunque ahora se antoje impensable para algunos, no sería ni novedoso ni sorprendente y lógicamente afectaría negativamente al resultado electoral del Partido Nacionalista.
Ante la convocatoria, los partidos vascos ponen en marcha su maquinaria para captar el voto de una sociedad plural, compuesta de espacios sociopolíticos hasta ahora muy definidos tradicionalmente; unos espacios que podrían estar sufriendo cambios importantes en los últimos años rompiendo así con el esquema electoral de cuatro grandes espacios representados por cuatro partidos (PNV-Izquierda Abertzale-PSE-PP) y lógicas situadas siempre en el eje identitario que ahogaban en el plano electoral a quienes desde la izquierda marxista vasca apostábamos por un proyecto federalista, republicano y alternativo que molestaba por igual a ciertos talibanes de identidades opuestas. Ya se sabe, para los más zorocotrocos del nacionalismo español éramos amigos de los “terroristas” y para los más zorocotrocos del nacionalismo vasco éramos unos “españolazos”.
Ese espacio político al que algún analista calificó de quinto espacio vasco, ha sido defendido en el último lustro prácticamente en solitario por la joven organización Ezker Anitza-IU y el histórico Partido Comunista de Euskadi-EPK, quienes han estado muy presentes en la vida política del país a pesar de quedarse sin representación parlamentaria en 2012. Hemos demostrado que se puede y se debe hacer política más allá de las instituciones, especialmente participando en el conflicto social en momentos de fuertes agresiones del capital contra la clase trabajadora, cuestión a no confundir con el errático izquierdismo de no presentarse a las elecciones burguesas, pues también hemos comprobado en este tiempo la dificultad añadida para defender nuestros ideales, cuando eres excluido de los medios de comunicación públicos bajo el argumento-excusa de que no tienes representación en el Parlamento Vasco. De los privados desde luego no esperamos nada, tienen dueños y responden a sus intereses de clase.
Este mapa político está siendo modificado por transformaciones profundas tal y como estamos viendo en los últimos años y el eje identitario ha perdido peso frente a otras preocupaciones, consecuencia eso sí, de una crisis que ha golpeado muy duro a toda la clase trabajadora vasca, a toda, independientemente de su sensibilidad identitaria. Es una paradoja, pero puede ser que sea finalmente el capital, con sus ataques y sus políticos corruptos quién consiga poner en evidencia que la clase trabajadora en Euskadi tiene unos intereses comunes, de clase, opuestos a los intereses de clase de una burguesía vasca que solo se enfrenta a España con retórica, porque en el fondo defienden intereses comunes, los de su clase.
Aparecen como consecuencia de estas transformaciones sociales nuevas fuerzas políticas también en Euskadi en los últimos años, y desaparecen otras. Por la derecha y por la izquierda. Novedad ante la que desde Ezker Anitza-IU se reacciona con la búsqueda de la unidad con quienes tengamos el mínimo común denominador para hacer más efectiva la defensa de nuestros valores e ideas, siguiendo la política que ya veníamos defendiendo antes de la irrupción de estas fuerzas: la unidad. Primero en las elecciones municipales mediante el acuerdo con Equo y plataformas ciudadanas e independientes en muchos municipios en lo que se ha llamado Irabazi y con Podemos también en otros (allí donde han querido), como en el caso de la candidatura Udalberri en Bilbao; y más recientemente con el acuerdo estatal con Podemos para la coalición Unidos Podemos para el 26J.
La coalición Unidos Podemos-Elkarrekin Ahal Dugu (Podemos, Ezker Anitza-IU, Equo) se situó como primera fuerza en votos y diputados en las elecciones generales del pasado mes de Junio. Pero lo transcendente no es la posición, primero, segundo o cuarto… Es la ruptura que esto supone de los espacios sociológicos tradicionales en Euskadi, la Euskadi a cuatro diseñada para mantener los equilibrios entre nacionalismos de un signo y de otro, basada en el mapa institucional PP-PSOE versus PNV-EH Bildu.
En el nuevo escenario vasco que se plantea era importante presentar una candidatura lo más amplia y unitaria posible de quienes por la izquierda desencajamos en ese mapa de confrontación identitaria, para poder impulsar una alternativa centrada en la defensa de los intereses de una clase trabajadora, la vasca, heterogénea sociológicamente pero con unos problemas comunes derivados precisamente de su condición de clase obrera: el desempleo, los salarios, la vivienda, las condiciones en el trabajo, las prestaciones sociales, educación, sanidad… son las cuestiones fundamentales.
Este objetivo unitario ha cuajado en el acuerdo que desde Ezker Anitza-IU hemos alcanzado con Podemos Euskadi y Equo Euskadi para concurrir en coalición a la cita electoral con nuestro pueblo; un objetivo alcanzado no sin dificultades porque, al fin y al cabo, somos organizaciones diferentes con contenidos programáticos diferentes y, sobre todo, con orígenes ideológicos diversos. Pero el acuerdo se ha alcanzado porque también tenemos los suficientes puntos en común como para presentar un programa unitario que no obliga a prescindir de nuestros proyectos, ideologías e identidades a ninguna de las tres partes. Esto es así, porque la masa social de la que se nutren las tres organizaciones tiene el mismo origen: la clase trabajadora vasca.
Esos puntos en común que conformarán la columna vertebral del programa electoral de la coalición Elkarrekin Podemos tienen que ver precisamente con las cuestiones fundamentales para nuestra clase en Euskadi, es decir para la mayoría del pueblo vasco, que son las ya mencionadas: el desempleo, los salarios, vivienda, las condiciones en el trabajo, las prestaciones sociales, educación, sanidad…
Pero debemos ir más allá y presentar un proyecto de país completo, basado en lo público frente al modelo vasco de privatizaciones, externalizaciones y conciertos. Un modelo de fiscalidad basado en la consigna «que pague más quien más tiene» sin excepciones y con una fuerte redistribución de la riqueza. Un modelo con objetivos de empleo digno para todas como tarea principal. Debemos construir un proyecto de país con memoria, verdad, justicia y reparación para las víctimas de la dictadura y para las víctimas del terrorismo de ETA y del Estado o cuerpos parapoliciales. Debemos reclamar un país que intervenga para que la vivienda sea un bien de uso y no un objeto de negocio. Con una sanidad y educación pública y universal real, frente al actual modelo de conciertos. Un proyecto defensor del Euskera como lengua de todas y para todas. Un proyecto ecologista frente a los grandes macroproyectos, incineradoras, fracking, etc…
Y debemos plantear también una posición clara respecto a la cuestión nacional y el derecho a decidir. La defensa de la democracia radical pasa por el derecho a decidir, pero no basta con respetar ese derecho en el vacío y sentarse a esperar a que otros convoquen un posible referéndum donde las posibilidades se reduzcan a independencia sí o no. Debemos proponer a nuestro pueblo la construcción de un proyecto plurinacional y solidario en el conjunto del Estado, radicalmente democrático en lo político y en lo económico. Respetuoso con lo particular de cada pueblo, de cada nación, de cada región y garante de la igualdad y los derechos de las personas. La República.
Ese es el «quinto espacio» vasco de verdad, el que comprende a una mayoría social trabajadora muy heterogénea en lo identitario pero con unos intereses comunes: Intereses de clase. No es un espacio intermedio entre nacionalistas vascos y nacionalistas españoles, ni un espacio indefinido para atrapar electoralmente a despistados de uno y otro lado. Es un espacio de clase o lo que nuestros aliados llaman transversal. Y por lo tanto para conseguir el apoyo electoral de esa mayoría social, debemos plantear claramente ese proyecto cuyo objetivo es la construcción de esa Euskadi social e igualitaria que vamos a proponer el 25S.







