Libertad

Estados Unidos, ese gran consejo de administración que, históricamente, se confunde con un país, fue edificado sobre el expolio y el genocidio al tiempo que se autoproclamaba paladín de la libertad.

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“Arbeit macht frei”, entrada al campo de concentración de Auschwitz | CC BY-SA 3.0
“Arbeit macht frei”, entrada al campo de concentración
de Auschwitz | CC BY-SA 3.0

Recuerdo un tiempo en que la palabra “libertad” tenía un sentido acorde con el concepto que contiene, con lo que significa. Era ese tiempo en el cuál, en este país nuestro, si la esgrimías en público había que hacerlo a escondidas y en voz muy baja, casi un susurro. Pero si la gritabas en la calle, previamente a ello, era conveniente calzarse unas buenas botas que te permitieran salir corriendo, aunque, a veces, por muy rápido que lo hicieras, acababas molido a palos, o, a veces, encarcelado. También, en ocasiones, el resultado de enarbolarla, suponía la muerte, de un tiro al aire, ante un paredón, cayéndote desde una altura considerable o rompiéndote el cuello mediante el garrote vil.

Era ese tiempo en el que se vivía bajo una dictadura, pero de las de verdad, de las que tienen denominación de origen, no como la que algunos dicen que vivimos ahora, en la que puedes decir en cualquier lugar que estás viviendo en una dictadura sin más consecuencias que la de lograr que una banda de gente, aún más estúpida que tú, te siga vociferando frenéticamente que no hay libertad. Era ese tiempo en el que, quienes ahora se llenan la boca de libertad, se encontraban a gusto.

Era en ese tiempo cuando machaconamente te repetían y te obligaban a repetir, que España era “una, grande y libre”, cuando ni era una, sino múltiple y diversa, ni grande, porque estaba vendida a saldo al gran capital y menos aún, libre. Pero es que no hay palabra que permita aberraciones mayores que la que nombra a la libertad.

“El trabajo os hará libres” podía leerse en la entrada de los campos de exterminio nazi en donde se exprimía la vida de los prisioneros en beneficio de las grandes empresas

“El trabajo os hará libres” podía leerse en la entrada de los campos de exterminio nazi en donde se exprimía la vida de los prisioneros en beneficio de las grandes empresas germanas, las mismas que, lejos de haber pagado por sus culpas, siguen liderando la economía mundial.

Los antiguos esclavos afroamericanos, de alguna manera expulsados del país donde nacieron, los Estados Unidos de América, cuando fundaron Liberia en la costa oeste de África, cuyo lema patrio es “El amor por la libertad nos trajo aquí”, lo primero que hicieron fue despojar de la libertad a quienes habitaban esa tierra. Les prohibieron su identidad y sometieron su lengua y cultura. En una palabra, esclavizaron a los seres humanos libres en nombre de la libertad.

En Uruguay, durante la dictadura militar, el penal que albergaba a la mayoría de presos políticos, esto es, luchadores por la libertad, se llamaba irónicamente, Penal Libertad.

La falangista del pinganillo que manda en la Comunidad de Madrid, apeló a la libertad que contienen “las cañitas” para saltarse a la torera las normas que intentaban detener la pandemia del Covid, a la vez que dejaba morir en las residencias a su cargo a 7291 personas, aquellas que carecían de un seguro privado, algo que, según ella —y Quirón— es garantía de libertad.

El loco de la motosierra que habla con sus perros muertos, grita “¡Viva la libertad, carajo!”, mientras sume en la miseria a pensionistas, jubilados y demás desfavorecidos en Argentina y condena a las generaciones futuras a la bancarrota, al tener que asumir la deuda externa que, en nombre de la libertad, ha contraído alegremente.

Estados Unidos, ese gran consejo de administración que, históricamente, se confunde con un país, ahora presidido por el Pedófilo Naranja, fue edificado sobre el expolio y el genocidio al tiempo que se autoproclamaba paladín de la libertad, una libertad que arranca a sangre y fuego la libertad de otros pueblos y, por supuesto, sus materias primas.

“Que me arreglen lo mío. Lo de los demás no me importa”. Ese es el lema de esta nueva libertad. Pero, ¿qué clase de libertad es esa que masacra, roba, invade, tortura y asesina? ¿Qué clase de libertad es esa que abraza la ignorancia?

Eso no es libertad. Eso se llama fascismo.

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