Ha llegado a mis manos el borrador de un texto que se somete a la opinión de la militancia y que trata de cómo debe funcionar una organización de base del PCE. Cito textualmente: “No son reuniones de tertulia política. Son reuniones de trabajo intensas, participativas, de debate y encaminadas para la acción política y sindical. Se adoptan y concretan actuaciones en las diferentes organizaciones de masas y, finalmente, se valora el complimiento de todas ellas”.
Me emociona el “sabor” clásico del párrafo (y del texto completo del borrador)pero he encontrado una carencia que me apresuro a señalar.
Las reuniones presenciales no abarcan todo el abanico de posibilidades que, técnica y metodológicamente, podemos usar en nuestro trabajo sociopolítico e institucional. La aparición, desde hace años, de nuevas tecnologías de información y comunicación (NTIC) han dado un vuelco al ámbito de la gestión política y la participación ciudadana y, por lo tanto, también ha de tenerse en cuenta para el trabajo interno de la organización y para el trabajo de organización de masas.
Nuestro enemigo de clase dispone y usa eficazmente un amplio espectro de conocimientos y técnicas para imponer su visión del mundo y hasta la forma de dirigir nuestra mirada hacia ese conocimiento. Resulta muy difícil elaborar un pensamiento no contaminado, si el debate teórico-práctico no está basado en una información científica y comunicacionalmente asequible. Si no se garantizan, por citar algunas necesidades evidentes, el uso de la documentación, la técnica de análisis y la técnica de toma de decisiones. No pueden alcanzarse conclusiones transformadoras si no conocemos rigurosamente la realidad a transformar y cómo hay que incorporar a los trabajadores al conocimiento de esa realidad y a la lucha por su transformación.
Para alcanzar este conocimiento, no basta con la formación teórica sobre textos clásicos del marxismo filosófico o político, sobre todo si esta “formación” se queda limitada al aprendizaje monacal de “principios” que luego no se plasman en la acción sino que se utilizan mayormente para dar apariencia ortodoxa a una práctica incoherente con dichas formulaciones teóricas.
Todavía resulta más evidente que nuestra clásica “agit-pro” no podrá desarrollarse sin un conocimiento actualizado de cómo funciona en nuestros días la manipulación de la opinión pública. Porque, entre otras tareas, nos vemos impelidos a practicar la contrapublicidad.
En resumen, tenemos el gigantesco reto de posicionarnos eficazmente en medio de la actualizada acumulación de datos y de interpretaciones que nos llegan, incluso, a través de medios de comunicación que pertenecen al “enemigo”, para extraer de ellos el conocimiento de la situación y para alcanzar una rápida capacidad de respuesta ante la evolución de la misma (ya estemos hablando de decisiones políticas, de cambios en el modelo de producción o de valores sociales).
Tenemos que asegurar el aprovechamiento de nuestros propios recursos comunicacionales que están incorporados minoritariamente a un gigantesco “ruido mediático” que sufrimos casi inermes, y tenemos que practicar, con técnicas tomadas al enemigo y no desde criterios intoxicados por éste, la difusión de nuestro modelo de vida política, nuestra visión del mundo y sus problemas y la promoción de nuestras actividades, ya sean reivindicativas ante problemas concretos o de replanteamiento sociopolítico.
Debemos estudiar el uso inteligente de aplicaciones, ampliamente extendidas e incorporadas al homo consumer de la actualidad (y a los y las militantes comunistas) como son el whatsapp, el twiter, Instagram, facebok, webs… etc. Hay que plantearse el uso apropiado de estas aplicaciones y los resultados que verdaderamente queremos extraer de su uso. Incluso deberíamos plantearnos corregir usos frívolos, superficiales y escasamente “orgánicos” cuando las opiniones no se sustentan más que en las ocurrencias personales “irresponsables” y no ligadas a ningún plan de trabajo.
Hablando de planes de trabajo hay que hacer un serio esfuerzo de aplicación de documentos compartidos, tipo google doc, titan pad y otros, así como programas de planificación de tareas y agendas, que permiten una gestión de actividades con toda la información útil necesaria para el seguimiento de la buena marcha de tareas, actividades y el control de objetivos.
Estas aplicaciones de las nuevas tecnologías nos permiten mantener el ritmo acelerado con el que nos llegan los retos pero sin que la respuesta a los mismos pierda riqueza de debate y garantías metodológicas frente a la militancia del emoticon.







