Hicimos esta entrevista en Budapest. Iole Iliada, que además de Vice-presidenta de la Fundación Perseu Abramo es su responsable de cooperación internacional, participó como invitada en el Ejecutivo del Partido de la Izquierda Europea que se celebró en la capital húngara. Lo hizo, junto a otros representantes del Foro de Sao Paolo, para hablar de la situación que se vive en América Latina. Fue una oportunidad más que Iole aprovechó para pedir solidaridad internacional para denunciar el golpe de estado institucional en Brasil.
Esa tarde, la mayor preocupación de Iole era la posibilidad de una inminente detención de Lula da Silva para impedir un liderazgo fuerte en la lucha contra el gobierno que se ha hecho con el poder tras el Impechment a la presidenta Dilma Rousseff. Más de 54 millones de brasileños habían dado su voto para que Dilma presidiera el mayor país de América Latina, con 200 millones de habitantes y uno de los pilares de la integración regional latinoamericana y de los BRICS. En Brasil las noticias decían que La detención de Lula se esperaba para el día siguiente. En esta entrevista Iole explicaba que una de las cosas que lo podría impedir era la solidaridad internacional… de momento la solidaridad se unió con la presión de la izquierda brasileña y, quince días después, la detención aún no se ha realizado.
Mundo Obrero: Parece que el gobierno brasileño no pierde un segundo en reestructurar el país. ¿Cuáles son las principales medidas que ha adoptado el presidente Temer desde que en mayo asumiera la presidencia en funciones tras el Impechment contra Dilma?
Iole Iliada: Dilma fue apartada definitivamente en agosto, pero este gobierno asumió el poder el 12 de mayo. Había un debate sobre si el gobierno iba a implementar los cambios y una política neoliberal inmediatamente o si haría cambios más lentamente. Pero desde el primer momento en que usurparon el gobierno empezaron a tomar medidas que claramente apuntan a un programa de derechas de neoliberalismo absoluto o, como dicen algunos, de paleo-liberalismo porque es el liberalismo en su forma más radicalmente desreglamentada con medidas que no sólo destruyen lo que fue construido por los gobiernos de Lula y Dilma sino que compromete algunos de los derechos consagrados de la Constitución de 1988 y otros derechos conquistados por la clase trabajadora brasileña en los años 20 del siglo pasado, derechos consagrados como el estatuto de los trabajadores brasileño, llamado CLT (Consolidación de las leyes del Trabajo).
Y esto está pasando de forma concreta. La primera gran medida que fue votada en nuestro Congreso, con la mayoría absoluta necesaria, es una enmienda constitucional, la 241, que establece un ajuste fiscal obligatorio para los próximos veinte años, de forma que cualquier gobierno que gane las elecciones tendrá que respetar ese límite de gasto, recortando incluso los gastos sociales básicos, la sanidad, la educación… Y eso va en contra de lo que aprobamos en el 1988, que era garantizar un mínimo para la salud y la educación pública. Ahora ese mínimo ya dejará de estar garantizado con la aprobación de esa ley.
También están trabajando en una propuesta para reformar los derechos laborales. Existen unos derechos garantizados por el estatuto de los trabajadores, pero las negociaciones que se impondrán son las que se hagan entre los patrones y los empleados aunque en ellas no se respeten los derechos consagrados en el estatuto. Por ejemplo, tenemos derechos a vacaciones, pero en un acuerdo entre el patrón y los empleados se pueden suspender. Se piensa que eso sólo sucederá si los sindicatos y los patrones llegan a un acuerdo de ese tipo. Pero, primero, en Brasil no tenemos sindicatos fuertes, excepto en algunos sectores. Segundo, en la situación de desempleo en la que estamos claro que los acuerdos que se realicen van a estar siempre por debajo de lo que determina la ley. En la práctica va a significar que los derechos consagrados en la Constitución y en el Estatuto de los Trabajadores no se van a aplicar más.
Además, quieren aprobar una reforma sobre la jubilación antes de que acabe el año. Hasta ahora, en Brasil, como la gente empieza a trabajar muy joven, no hay una edad mínima para jubilarse. Y las mujeres, siempre con una doble jornada de trabajo, se pueden jubilar cinco años antes que los hombres. Pero con esta reforma se establecería una edad mínima de 65 años para hombres y mujeres, que puede ampliarse según varíen las expectativas de vida. Esto significa que la mayoría de los brasileños no se van a poder jubilar porque el tiempo durante el que tendrían que trabajar es muy largo y que, por otra parte, los que empezaron a trabajar muy jóvenes tendrán que trabajar quizá 50 años de su vida para poder jubilarse. Y con el desempleo es mucho más difícil llegar a los 65 trabajando, ya que en Brasil es muy difícil que un desempleado con más de 50 años pueda conseguir un trabajo.
Además del ataque a los derechos de los trabajadores hay otras medidas que son una locura. Por ejemplo, quieren prohibir que los profesores puedan debatir de política en sus clases. Hay un proyecto conocido como “una escuela sin partido” que hace una crítica a la seudo-partidización de la enseñanza como si todos los profesores fueran de izquierdas. Se crea así una vigilancia sobre todo lo que el profesor habla en el aula. Si un profesor, por ejemplo, va a hablar de la esclavitud y de la colonización, de las relaciones internacionales… tiene que tener cuidado porque la acusación de un alumno puede causarle la expulsión.
Otro concepto que cambia en la enseñanza media es que se quitan no sólo materias como filosofía y sociología, sino también geografía e historia, asignaturas que forman críticamente. Quieren dejar la formación básicamente en las matemáticas y la lengua porque no quieren que se formen conciencias críticas.
Otra decisión posible es sobre la posesión de armas. Hasta ahora está controlada en Brasil, pero quieren cambiar la legislación, de forma que estaríamos como en Estados Unidos donde cualquiera puede comprar armas en cualquier sitio. También están trabajando sobre bajar la edad mínima para condenas penitenciarias, etc.
Es toda una derechización y una neoliberalización de nuestra sociedad muy grave y muy rápida, de forma que cuando el pueblo se dé cuenta de lo que está pasando, todo esto ya estará aprobado.
M.O.: ¿Cómo se está organizando la izquierda para combatir este golpe de estado?
I.I.: Por ahora, la reacción se realiza en los sectores organizados: sindicatos, movimientos de trabajadores sin techo, sin tierra, los campesinos que están más organizados. Estamos agrupados en dos frentes de lucha: Brasil Popular y Pueblo sin Miedo. Actuamos muy conjuntamente y estamos llamando a un gran paro nacional para el 11 de noviembre y con la tarea de explicar a la gente lo que está en juego. La gente no es consciente y los medios hacen propaganda sobre estas nuevas medidas como si fueran moralizantes y argumentando que el Estado no puede gastar más de lo que tiene. Lo simplifican como si la economía de un país pudiera compararse con la economía de los hogares.
Nuestra expectativa es que más y más gente comprenda lo que va a pasar. Ahora están aburridos con nosotros, el Partido de los Trabajadores (PT), por los errores que hemos cometido y también por la propaganda de los grandes medios, pero en algún momento, creo que muy rápido, van a percibir que el golpe no es contra el PT sino contra los trabajadores y que el objetivo es precarizar más las relaciones de trabajo para ampliar la ganancia del capital. Y, de otra parte, realinear Brasil en la órbita política y económica internacional con los intereses de los Estados Unidos apartándonos de esta concertación regional que fuimos capaces de impulsar. Las élites brasileñas están totalmente alineadas con los intereses del imperio.
Intentaron aplastar a Venezuela en Mercosur; tenía el derecho a la próxima presidencia, pero hubo un acuerdo entre Brasil, Paraguay y Argentina, los tres con gobiernos de derechas, para impedirlo. Y ya están hablando de la entrada de Brasil en los tratados de libre comercio bilaterales con Estados Unidos y con la Unión Europea. El objetivo es muy claro y esperemos que la gente lo vea y reaccione.
Nuestra lucha no es sólo para impedir que esto ocurra sino para derribar este gobierno ilegítimo
M.O.: Y ¿qué puede aportar el Partido de la Izquierda Europea a la lucha por la recuperación de la democracia en Brasil?
I.I.: Sufrimos el bloqueo de los grandes medios de comunicación, que no solo están todos al lado de los golpistas, sino que también son parte importante del golpe. La mayoría de la gente se informa por los grandes medios y éstos venden que el PT es corrupto, que Lula es corrupto, y que Dilma, que no es corrupta, es la responsable de todos los problemas, con lo que así justifican que todo lo que el nuevo el gobierno está haciendo es para solucionar la situación.
La reacción de la izquierda y del PIE fue fundamental para que la gente en otras partes pudiera escuchar nuestra versión. Y así fue más fácil que algunos medios que no son nada de izquierdas, como El País y Le Monde, publicaran que lo que pasaba no era normal, que era como un golpe blando.
M.O.: Se habla de una inminente detención de Lula. ¿Cuál es el objetivo de esta campaña de criminalización contra el ex presidente?
I.I.: El gobierno está avanzando muy rápido en medidas impopulares y cuando la gente reaccione hay un liderazgo que puede ser fundamental, no sólo para liderar el movimiento sino para volver al gobierno, y es Lula. Con todo lo que está pasando las encuestas siguen demostrando que Lula sería el candidato con más expectativas de voto para las elecciones de 2018 o que ganaría si se convocaran ahora. Por eso para ellos es clave encarcelar a Lula, algo que puede pasar en cualquier momento.
La única forma para evitar que esto pase es con una gran campaña de solidaridad internacional. El PIE, con sus partidos y aliados, son fundamentales para divulgar nuestra versión y explicar que el verdadero objetivo de la posible detención a Lula no es la corrupción sino que haya una reacción popular y que podamos volver a recuperar el gobierno. Estamos viviendo una dictadura y la detención de Lula sería la forma de impedir que recuperemos la democracia.
Si detienen a Lula luego irán encontrando otras medidas para situar a los movimientos, sindicatos y al PT en la ilegalidad e impedir que continuemos la lucha. Por eso pedimos que nos ayuden a difundir lo que está pasando.
M.O.: ¿El papel del presidente Temer podría ser el del tonto útil necesario que pavimente el camino al gobierno de la oligarquía brasileña?
I.I.: Sí. Es terrible. Temer va a realizar el trabajo sucio. Por ahora su impopularidad no es un problema para él ya que no necesitó los votos para gobernar porque no fue elegido en las urnas. Pero si su impopularidad llega a ser tal que en las calles se le cuestione fuertemente, puede ser que le quiten. Pero según la Constitución brasileña, si el presidente sale del cargo durante los dos últimos años del mandato, su sucesor será elegido indirectamente por el Parlamento.
Pensamos que los del PSDB, que son el partido orgánico hoy de la derecha neoliberal brasileña, tienen el interés de que Temer sea el impulsor de estas medidas impopulares y que luego caiga y sea un hombre del PSDB, tal vez el actual ministro de Hacienda, o el propio Cardoso, antiguo presidente, el que le sustituya. Y así el PSDB gobernaría con todas las leyes ya creadas por lo que no sería ya tan impopular y podría vencer las próximas elecciones. Aunque también generaría problemas al crear una disputa entre ellos. Temer y su partido tampoco lo aceptarían tranquilamente. Y justo por esto quieren acelerar el encarcelamiento de Lula y la ilegalización del partido, porque para poder disputar entre ellos necesitan que nosotros no seamos más un peligro.
Para mí éste es el guión de esta novela: primero nos debilitan totalmente con la detención de Lula, quitando sus derechos políticos, luego ilegalizan el PT y finalmente disputan entre ellos cómo lo van a hacer hasta el 2018. Pero nosotros vamos a romper su guión.







