«Hemos venido a declarar a todos los trabajadores, nuestros camaradas, nuestra resolución de luchar con ellos para salvar contra una dictadura fascista lo que el pueblo ha ganado en materia de derechos y libertades públicas»
Del Manifiesto del Comité de Vigilancia contra el Fascismo, fundado por el físico comunista Paul Langevin y del que Irène formó parte activa.
Así la definió en su título un artículo dedicado a nuestra protagonista de hoy en el periódico L´Humanité. Y aún se queda corto: Irène Joliot- Curie fue una persona profundamente comprometida con el antifascismo, la sociedad, la lucha feminista y la paz. Y con la ciencia, ¡por supuesto!
Desde luego le ayudaba, y mucho, el entorno familiar que la rodeada: desde su abuelo a su madre pasando por muchos de los amigos científicos que pasaban por su casa. Pero empecemos por el principio…
Irène nació en 1897 en París, hija del celebérrimo matrimonio entre Marie Curie (Nobel de Física en 1903 y de Química en 1911) y Pierre Curie (Nobel de Física en 1903). Desde pequeña recibió, junto a su hermana Ève, una esmerada educación en su propia casa, gracias a la implicación de su abuelo, para “escapar de la ortodoxia y la influencia clerical”. Poco después de la muerte de su padre, un mazazo para toda la familia, pero especialmente su madre (nota: si no han leído “La ridícula idea de no volver a verte”, de Rosa Montero, no se lo pierdan), su madre, su abuelo y un grupo de amigos científicos crearon una “Cooperativa de enseñanza” donde recibieron durante tres años una exquisita formación.
Después de completar sus estudios en el Colegio Sévigné e ingresar en la Facultad de Ciencias de París, Irène junto a su madre emprende un fantástico apoyo al servicio médico del ejército francés en la Primera Guerra Mundial a través de las conocidas como Petites Curies: ambulancias radiológicas que permitían detectar, mediante cálculo geométrico, dónde se alojaban los proyectiles en las personas heridas y garantizar una mejor intervención (y prónostico). También formó a enfermeras, y aprendió a reparar las ambulancias.
Una vez acabada la guerra, Irène entra como ayudante con su madre en el que sería conocido como Instituto Curie, consiguió el doctorado en Ciencias, se casó con su ayudante, Frédéric Joliot, tuvo dos hijos y, fruto de un intenso trabajo en investigación, obtuvieron el Premio Nobel de Química en 1935 por su descubrimiento de la radiactividad artificial. Y tremendamente merecido por las posibilidades que su descubrimiento abría en el campo de la medicina. Como dijeron en su discurso de recepción del Nobel: “La diversidad de las naturalezas químicas, la diversidad de las vidas medias de estos radioelementos sintéticos, permitirán sin duda investigaciones nuevas en biología y en físicoquímica”.
Fue detenida por actividad política en 1943 en la frontera de Suiza, y en 1948 por su implicación en la recogida de fondos para ayudar a los refugiados españoles
Pero siendo esta la parte más conocida de su vida, vamos a explorar qué hizo Irène además de ser una de las más brillantes científicas del siglo XX…
Nuestra protagonista, y también su marido, fueron convencidos antifascistas. Frédéric incluso militó en el Partido Comunista Francés e Irène fue siempre muy cercana ideológicamente. Por ello formaron parte desde el principio del Comité de Vigilancia de Intelectuales Antifascistas en 1935 e Irène se involucró en política siendo una de las tres mujeres que formaron parte del gobierno del Frente Popular francés; en su caso, como subsecretaria de Estado de la Investigación Científica. Pero su compromiso con la República Española casaba mal con la política de no intervención en la guerra de España, lo que la hace alejarse del Frente Popular francés.
Tanto en el propio transcurso de la guerra de España como posteriormente en los años de posguerra española y Segunda Guerra Mundial, Iréne y su marido estuvieron profundamente implicados: un pie en la calle y en la resistencia y otro pie en el laboratorio.
Lideró junto a Pasionaria la tremenda movilización internacional del Comité Internacional de Mujeres Antifascistas para exigir que no aplicaran la pena de muerte a la química María Teresa Toral
Por repasar algunos de los hitos: fue detenida por actividad política en 1943 en la frontera de Suiza, de nuevo detenida en 1948 en la Isla de Ellis por su implicación en la recogida de fondos para ayudar a los refugiados españoles que huían de la dictadura franquista y lideró junto a Pasionaria la tremenda movilización internacional del Comité Internacional de Mujeres Antifascistas para exigir que no aplicaran la pena de muerte a la química María Teresa Toral (de quien ya hablamos en otra ocasión).
Y, por supuesto, en el ámbito científico también llevaron su combate: en contra de su propia creencia de que había que publicar todos los resultados científicos, el 30 de octubre de 1939 guardaron los principios de los reactores nucleares en la Academia de las Ciencias, donde permaneció en secreto hasta 1949. Eran muy conscientes del peligro de que sus descubrimientos cayeran en manos de los nazis.
Una vez liberada Francia tanto Irène como su marido recibieron el reconocimiento que merecían: fue nombrada en 1946 directora del Instituto del Radio (posteriormente, Instituto Curie) y Frédéric nombrado director del Centre National de la Recherche Scientifique; así como comisarios de la energía atómica, desde donde ambos trabajaron para la primera pila atómica francesa.
Sin embargo, llegó la guerra fría y, con ella, la persecución a los comunistas y cuantos simpatizaran con ideales de paz, libertad e igualdad social. Los Joliot-Curie fueron purgados por filiación con el PCF a partir de 1950. Sí, la depuración y purga no fue cosa solo del gobierno de EE.UU., Francia también tuvo lo suyo.
Irène militó abiertamente contra la energía atómica con fines bélicos, fue vicepresidenta de la Unión de Mujeres por la Paz y se adhirió al Manifiesto Russell-Einstein en 1955
¿Y a qué de dedicaron desde entonces? Pues a hacer exactamente lo mismo que venían haciendo: investigar (solo que ahora en su propio laboratorio), formar a las siguientes generaciones de científicos y científicas y luchar desde varios frentes por la paz: Irène militó abiertamente contra la energía atómica con fines bélicos, fue vicepresidenta de la Unión de Mujeres por la Paz y se adhirió al Manifiesto Russell-Einstein en 1955.
Irène murió en 1956 después de toda una vida haciendo lo que quería: ciencia y antifascismo para construir un mundo mejor.
Y a mí no se me ocurren mejores objetivos en la vida, la verdad. Desde un laboratorio, desde las calles, desde un escenario o en una tribuna en los parlamentos, seamos siempre constructoras de antifascismo.








