Negociaciones sobre la guerra de Siria

Astana: el principio del fin

…Vine aquí para matar la guerra.
Pintada de una soldado soviética en el Reichstag alemán (1945)

Las negociaciones sobre la guerra siria en la capital de Kazajstán, Astana, el 23 y 24 de enero no detendrán la guerra. El encuentro era parte de un paquete de iniciativas, que incluye una tregua declarada a finales del año pasado. Cuenta con el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU.

Creer que estas negociaciones implicarían la resolución definitiva del conflicto, es, en este momento, una meta demasiado ambiciosa. Se perseguían otros objetivos. El primero de ellos era la inversión de la política exterior turca en la zona. El segundo, conseguir una tregua parcial en un número significativo de frentes que permitiera la intensificación de los ataques contra los grupos terroristas señalados por la ONU, en especial Al-Nusra, y los grupos que ignoran la tregua. El tercero pretendía, aunque fueran pequeños progresos, profundizar en el arreglo diplomático. El reconocimiento entre las partes, aunque fuera a nivel de intermediarios, ayuda a crear las condiciones para un cese real de las hostilidades. El cuarto objetivo era comprobar cómo la guerra en Siria tiene posibilidades de resolverse sin la participación directa de los Estados Unidos (sólo estuvo presente el embajador de ese país en Kazajstán).

La participación fue muy amplia, incluyendo representantes de Siria, Irán, Turquía, Rusia, EEUU (sólo el embajador), Naciones Unidas, así como representantes de unos 15 grupos de militantes apoyados mayoritariamente por Turquía. Entre ellos el líder de «Dzheyh al-Islam», grupo financiado por Erdogan y muy activo en el este de Damasco. Es la primera reunión en este tipo de formato desde que se inició la guerra en Siria.

Los principales puntos a discutir han sido cinco. El primero, la observación estricta del cese el fuego promovido por Rusia y Turquía. Segundo, el levantamiento del cerco, auténticamente medieval, que han impuesto los grupos terroristas al abastecimiento de agua en la capital y alrededores durante un mes (unos 5 millones de personas estaban afectados). Tercero, la liberación de los presos en las cárceles sirias. Cuarto, la separación total de los grupos «moderados» de los «inmoderados». Quinto, asegurar las necesidades humanitarias básicas para la población civil en las zonas de combate.

La primera victoria que se ha apuntado el gobierno sirio, a diferencia de las reuniones anteriores, ha sido que los combatientes y sus promotores no exigen como requisito previo la retirada incondicional de Al Assad. Los grupos de «militantes» reconocen que la caída del presidente sirio es inviable y lo mismo hacen portavoces del gobierno turco e incluso, aunque ausentes en la reunión, los representantes cualificados de algunos gobiernos occidentales. La victoria militar en Alepo es el factor determinante en la nueva situación. La segunda, el mantenimiento del alto el fuego que, en paralelo, ha implicado una coordinación militar entre el ejército sirio y el ejército turco, a través de Rusia. En cambio el objetivo esencial para el gobierno sirio, el cierre de la frontera turca, no se ha conseguido.

En este nuevo escenario se están produciendo importantes movimientos que apuntan a una nueva definición geopolítica en la zona. Los cambios en la cancillería de exteriores alemana señalan la necesidad de reconocer la nueva situación en Siria. El nuevo ministro, Sigmar Gabriel, es muy crítico de la política imperial de Estados Unidos y ha denunciado a Arabia Saudita como financiadora de los grupos terroristas. Las declaraciones del ministro de exteriores inglés, Boris Johnson, señalan en la misma dirección; mientras que su predecesor mantenía que Al Assad era un dictador y que debía irse. La política exterior de la desmembrada Unión Europea está girando para adaptarse de «facto» a la nueva situación. Siria y su gobierno están ganando la guerra al terrorismo financiado e impulsado por el propio Occidente. Los grandes promotores europeos del terrorismo en Oriente Medio (EEUU, Reino Unido y Francia especialmente) se están demostrando alumnos aventajados de Maquiavelo. Estos cínicos criminales (el presidente francés François Hollande, el expremier Cameron o el expresidente Obama) dejan paso a otra oleada de políticos que acogiéndose a la «razón de Estado» intentarán posicionarse en la nueva situación.

En realidad, estos líderes políticos antiguos o nuevos, no son sino “capataces de obra” de otras fuerzas que gobiernan en la oscuridad. La resistencia del pueblo sirio en estos seis años de guerra ha trastocado los planes de esos gobernantes en la sombra.

Vislumbramos los primeros cambios en la política internacional respecto a Damasco. La posición turca se desliza hacia una cooperación cada vez más intensa con Rusia. La aviación de los dos países está atacando de forma coordinada a los grupos terroristas especialmente en el norte de Siria. Unido todo ello al fracaso de la ofensiva unilateral denominada «escudo del Éufrates» liderada por Ankara han precipitado la búsqueda de este alto el fuego. La separación entre grupos «moderados» o «inmoderados» está provocando una auténtica guerra civil dentro de los grupos terroristas, sobre todo en la región de Idleb. Aquellos militantes derrotados que no han querido incorporarse a la vida civil, se han refugiado en la región de Ibdil. Esto está provocando el enfrentamiento entre la multiplicidad de grupos terroristas con ideologías y objetivos diferentes. En muchos casos, sus patrocinadores han dejado de financiarlos.

El escenario en Siria se está moviendo a gran velocidad. Los contactos entre congresistas y senadores estadounidenses y el gobierno sirio se multiplican. El último ha sido la visita de la congresista Tulsi Gabbard en el mes de enero. Gabbard, que se manifestó contraria a la renuncia del presidente sirio declaró a la CNN que se había reunido con Al Asad. Aparentemente la posición de los Estados Unidos puede cambiar de forma rápida. El marco temporal que tiene la nueva administración es escaso. Las negociaciones que comenzaron en Astana continuarán en Ginebra en el mes de febrero y Estados Unidos querrá tomar parte en la solución del conflicto para obtener el mayor rendimiento posible.

En la entrevista con la televisión señaló la congresista norteamericana “No hay rebeldes moderados en Siria” y se planteó “¿Por qué EEUU y sus aliados están ayudando a Al Qaida y otros grupos terroristas a tomar el poder en Siria? Siria no atacó a EEUU, pero Al Qaida sí lo hizo. Yo no tenía respuesta para eso”.

Los criminales que inventaron la “primavera siria”, los que hablaban de humanidad, democracia, libertad, pero que financiaban y armaban a los asesinos, aquellos que han azuzado a los cuatro jinetes tienen la respuesta.

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