Donald Trump no ha descansado durante el mes de agosto. Después de amenazar a Corea de Norte y a Venezuela con ataques militares, evitó posicionarse claramente contra los «supremacistas blancos» (a.k.a. neonazis) cuya forma de terrorismo en Charlottesville, embistiendo a una multitud con un vehículo, se reprodujo poco después en Barcelona. Normal, él es uno de ellos. Por cierto, vale la pena ver en https://goo.gl/BZHGFo un vídeo de Arnold Schwarzenegger aleccionando a Trump contra el nazismo.
Y al mismo tiempo Trump la emprendía con Internet, queriendo obligar a un proveedor de Internet a facilitarle los datos personales de los 1,3 millones de personas que visitaron una web en su contra desde cualquier rincón del mundo. Como ya explicamos en marzo, ello nos involucra a todos porque casi la mitad de las webs de todo el mundo están alojadas en Estados Unidos. Y Trump podría hacer lo que quisiera con nuestros datos, como dárselos a algún dictador amigo para que persiga a sus propios ciudadanos.
Naturalmente, la respuesta contra esa agresión antidemocrática ha sido inmediata, y estamos firmando en https://goo.gl/U3srEK contra dicha pretensión (556.945 firmas cuando redacto este artículo).
Hay que ser conscientes de que Trump representa una amenaza mundial a las libertades democráticas equiparable a la de Hitler en el siglo XX. Agravada por la inmediatez que permite la globalización de las comunicaciones. Y para hacerle frente es necesario unir nuestros esfuerzos, en el ciberespacio y en la calle, a lo largo y ancho de todo el planeta.







