El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha condenado a España por la devolución en caliente de dos personas en el año 2014. Es una buena noticia que, como era de esperar, ya ha recibido una respuesta reaccionaria por parte del gobierno de la Ciudad Autónoma de Melilla, donde gobierna la derecha más xenófoba del Partido Popular, que recurrirá la sentencia.
Juan José Imbroda, presidente de la Comunidad Autónoma, está muy molesto con la sentencia y asegura que elevará la altura de la valla. Por muchos metros que suba la valla nunca alcanzará su nivel de xenofobia.
Al presidente de Melilla no le molesta, sin embargo, que bajo su tutela se encuentren en torno a cien menores no acompañados (MENAS) viviendo en las calles y siendo víctimas de distintos tipos de abusos.
Tampoco le molesta que en el centro de menores “La Purísima” se duplique su capacidad, llegando incluso a triplicarla en algunas habitaciones, donde, además, una escasa plantilla de personal malatiende a los menores, según afirma un informe del Defensor del Pueblo del 30 de mayo de 2017 [1], cuyas conclusiones no avergonzarían al presidente de Melilla, ya que la gestión política de la ciudad en materia de inmigración no es otra que la de desarrollar políticas insolidarias que desprecian los derechos humanos.
La política fronteriza de Melilla ha servido como laboratorio de pruebas para el resto de la UE y así se ha exportado este modelo de concertinas con cuchillas antihumanas que rodean, por ejemplo, kilómetros de frontera en países con políticas migratorias xenófobas como Hungría.
2016 fue un buen año para la industria armamentística en España según declaró Zoido. Claro que esos kilómetros de concertinas de rodean Europa se fabrican en España, esos son los valores de nuestra marca.
Imbroda, siguiendo la tónica de su partido, ha criminalizado públicamente a las organizaciones pro Derechos Humanos declarando [2] que “animan” a que más personas traten de cruzar la valla. Después de 17 años en el gobierno melillense debe creer que la ciudad le pertenece. El único efecto llamada que se ha podido constatar en las estadísticas es el que, precisamente, realizó Mariano Rajoy durante su última campaña a la presidencia del gobierno. En ella dio la nacionalidad española de forma arbitraria, sin procesos de petición de asilo, sin pasar por el estrés vital al que se ven sometidas las solicitantes y con la facilidad de que quien expide un pasaporte a los padres del venezolano Leopoldo López.
Está mal visto hablar de este hecho pero la realidad es que ha repercutido en la sociedad de clase media–alta venezolana y esta nacionalidad se ha colocado como una de las demandantes de asilo por delante incluso de países como Ucrania, y de Venezuela no se viene a pie.
Cabe pensar que los gobernantes de Melilla están postulando a la ciudad para los próximos premios de Princesa de Asturias y, desde luego, son unos fervientes competidores.
Entre otras de sus ejemplares actuaciones no podemos olvidar la del bloqueo de embarcaciones. El pasado 31 de agosto esta práctica de bloqueo en el mar y devolución en caliente le costó la vida a siete mujeres que estaban a escasos metros de la costa de Melilla.
En una intervención entre la Guardia Civil y la Marina Real de Marruecos su patera, que estaba muy mal amarrada a la embarcación marroquí que realizaba la devolución volcó, ellas se ahogaron después de haber visto la costa española. Murieron, las asesinaron en la ejecución de una mala práctica. Luego vino el silencio, la morgue y el olvido. Ya nadie las recuerda.
Pacience, Clemence, Bebé, Aminatou, Merveille, Dalloba y una mujer más cuyo nombre no trascendió a los medios son las mujeres africanas que Europa escupió a la muerte, son las mujeres que rozaron su sueño de una vida mejor. El mar es un camino hacia la libertad en el que el fascismo hunde la vida y ahoga la humanidad.
Notas:
1. Informe Defensor del Pueblo Nº Expediente: 17006016
2. elfarodemelilla.es/2017/10/05/imbroda-dice-habra-subir-la-valla-no-se-pueden-rechazos-frontera/






