Hace más de diez años, la asociación AESCO de colombianos residentes en España organizó unos talleres en los que un grupo de mujeres se re-conocieron. Como empleadas de hogar que sufren la invisibilización, como mujeres, como migrantes. Se reconocieron cada una en las otras, y se organizaron. Sin embargo, Carolina Elías, presidenta de Servicio Doméstico Activo (SEDOAC), destaca que la situación en la que se encuentran deriva principalmente de “nuestra situación de clase, no nos ven como trabajadoras”. A eso hay que añadir el machismo, el racismo y el clasismo. “Donde más explotación sufrimos es en los hogares de las clases altas, con la excusa de la crisis eran los primeros en bajarnos el salario, pero claro -añade irónicamente- luego se van de vacaciones tres meses a Marbella y si nos llevan es para seguir trabajando sin descanso”.
Sólo en la Comunidad de Madrid son cerca de 150.000 trabajadoras del hogar y los cuidados. Y es que 8 de cada 10 mujeres migrantes desarrollan esta tarea en algún momento de su estancia en España. “Durante estos diez años hemos hecho un trabajo de hormiguita que hoy tiene el premio de nuestra mayor visibilidad -dice Carolina Elías, orgullosa- pero es lamentable que no nos vean, a veces ni en el espacio en el que trabajamos, parece que las mujeres nacimos con el gen de cuidar y limpiar, y cómo es natural que limpiemos, por qué considerarlo un trabajo”.
SEDOAC denuncia que el sistema especial por el que se rige su actividad no concede el derecho a la prestación por desempleo, no reconoce las dolencias que su trabajo provoca como enfermedades profesionales ni hay nada que se parezca a una política de prevención de riesgos laborales, y a la inspección de trabajo ni se le ve ni se le espera. Así mismo, Carolina Elías, que además de trabajadora del hogar es Licenciada en derecho y Master en Igualdad de Género en las Ciencias Sociales por la Universidad Complutense de Madrid, nos llama la atención sobre el “despido por desestimiento”, es decir, por la pérdida de confianza del empleador, una figura específica creada para las trabajadoras del hogar. “Eso es el despido libre y casi gratuito, ya que la indemnización es sólo de 12 días por año trabajado, frente a los 20 de los otros colectivos de trabajadores”. Eso, si el empleador quiere hacerte los papeles. “Juegan con nuestra necesidad de papeles para poder renovar el permiso de trabajo, nos dicen que si nos hacen los papeles nos hagamos cargo de la cotización a la Seguridad Social, o nos piden certificados de inglés, carnet de manipuladoras de alimentos, carnet de conducir y hasta conocimientos de cocina española”. Me imagino que los mismos que juegan con hacerles o no los papeles son algunos de los que luego se manifiestan contra la inmigración. Carolina sonríe.
En el tríptico informativo de la asociación se lee bajo un epígrafe que reza “¿Qué hacemos?” lo siguiente: “Empoderar a nuestras socias por medio de la información y la formación sobre sus derechos y obligaciones para el ejercicio de su ciudadanía, desde una perspectiva de Género y de Derechos Humanos, trabajando su autoestima y su ser integral”. Crear poder popular, superar las barreras del individualismo, el patriarcado, el racismo y el capital desde la fuerza del reconocimiento mutuo. Carolina me cuenta que “a una socia se le ocurrió preguntar en la entrevista con su posible empleador cuánto iba a cobrar de salario, al parecer eso enfureció al señor, que comenzó a cuestionar a voces las ganas de trabajar de nuestra socia. Menos mal que era una compañera empoderada -me dice- y le respondió tranquilamente que necesitaba saber si el trabajo le daría para comer”. Era una compañera empoderada. Esa es la expresión que se queda retumbando en la cabeza como el eco alegre de la lucha diaria, cotidiana de este colectivo de mujeres trabajadoras que nos interpela sobre el tipo de sociedad que estamos construyendo pero, sobre todo, del tipo de sociedad que queremos construir.
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