Por favor, que alguien, si es capaz, me lo explique. ¿Cómo abstenerse ante un crimen? ¿Voy por la calle y me encuentro con un energúmeno a punto de clavarle un cuchillo jamonero a su mujer en el cuello y me abstengo? Podría gritarle, pedir ayuda, convencerle de lo nefando de su acto, intervenir, incluso podría darme la vuelta si es que estuviese de acuerdo con el asesinato, pero ¿abstenerme?; ¿pasar por su lado como si tal cosa mirando al infinito?; ¿evitar participar de mi derecho a defender la vida?
Pues eso es lo que han hecho los diputados y diputadas del PP y Ciudadanos al no participar de su derecho a condenar, o no, la Dictadura Fascista y digo fascista porque lo de franquista es quitarle importancia, pervertir la historia dotándola de un apelativo más de andar por casa que la aparta de la crueldad compartida con Hitler y Mussolini aceptada por todo el mundo.
Esa es la trampa a la que nos ha llevado el pacto de silencio, la omertá, acordada por los llamados Padres de la Democracia acogotados, todo hay que decirlo, por la amenaza real del ejército, la judicatura, de la que es heredera gran parte de la actual, y sobre todo, del poder económico internacional, que ese ya se sabe que no tiene ni patria, ni fronteras. Porque ¿se habrían abstenido igualmente si se hubiera propuesto condenar el genocidio nazi, los crímenes de los “camicce nere”, los campos de concentración o los hornos crematorios? Seguro que no. Seguro que han llorado viendo películas como “La vitta é bella”, “Roma cittá aperta” o “La lista de Schlinder”. Entonces, ¿cómo permanecen impasibles ante lo sucedido durante la Dictadura? ¿Cómo se atreven a ponerlo en duda?
La diferencia con lo ocurrido en España es solo una, que aquí se ha camuflado lo ocurrido, peor aún, se ha silenciado y con el paso de los años, en ocasiones, olvidado.
La Historia puede ser interpretable, pero no los hechos. Y los hechos son que aquí no hubo una guerra civil, sino un golpe de Estado contra un gobierno legítima y democráticamente elegido, apoyado por las Dictaduras Fascistas y el silencio de las Democracias occidentales, Inglaterra, Estados Unidos y Francia que se prolongó durante cuarenta años. Negarlo o no insistir en ello posibilita esas sandeces de los dos bandos y la culpabilidad compartida que han amparado la cobardía de los dos partidos de la recalcitrante derechona.
Está claro que de momento, desgraciadamente, no se va a hacer la justicia que debiera hacerse. No se va a despojar de la fortuna adquirida mediante el saqueo ni a la Iglesia Católica, ni a los Franco, Aguirre, Alba, Borbón, March o Fierro. Ni se va a condenar a gran parte del estamento militar y burocrático, ex ministros y policías incluidos. Pero al menos no debiéramos permitir que se siga callando o endulzando mediante series de televisión y otras argucias, lo realmente ocurrido.
Y eso solo se conseguirá si de una vez por todas que no sólo se condena la Dictadura, sino quién haga apología de ella.
Es demasiado peligroso olvidar la Historia. Casi tanto como abstenerse.







