Fuerza de mujer

El feminismo hace que empecemos a ver las cosas con esperanza, con convencimiento. Todas las cosas. Hablamos de una alternativa integral.

El ruido de la rabiosa actualidad, donde se cruza la electricidad de las incesantes variantes de superficie, que algunos llaman política, se hace en estos días insoportable. Esta guerra civil de los nacidos, que diría Quevedo, no establece una pugna de alternativas; no se trata exactamente de eso. Más bien se trata de una lucha, sobre todo en el terreno de los medios (la televisión se lleva el premio), por la visibilidad. Visibilidad de los distintos perfiles, de las diversas pluralidades, condensadas en el rostro y el lenguaje corporal de un dirigente determinado en cada caso.

En esta sinfonía de ruidos y de rostros famosos (no siempre populares), que llega a producir la impresión de que sufrimos de “acúfenos” (esa enfermedad), como si viviéramos en el interior de una potente e incesante caracola, destaca una alternativa, una alternativa de verdad: el universo feminista. Es decir, “otra” forma de entender las cosas, de poder organizar las cosas. Todas las cosas.

El feminismo hace que tengamos esperanza y empecemos a ver las cosas (corrigiendo al poeta Ángel González) con esperanza, con convencimiento. Todas las cosas. Es decir, hablamos de una alternativa integral. Una alternativa que puede explicarnos, desde un imaginario fuerte, el pasado, el presente y el futuro. Una alternativa que tiene fuerza para (proponer) organizar de otra manera el espacio público y el espacio privado, la vida cotidiana y la vida en general; es más, que tiene capacidad para convertir la vida en algo realmente vivible, a condición de que desaprendamos, sobre todo los hombres, y aceptemos vivir en el continente nuevo que señalan (desde hace mucho tiempo, pero ahora con más fuerza) las mujeres.
Un fantasma que, atendiendo a novedades de la arena política europea (esa vieja y cobarde Europa), es la mejor versión en la calle y en los domicilios del “no pasarán” de Pasionaria.

En efecto, un fantasma recorre el mundo. Se trata de un nuevo fantasma, aunque la lucha haya sido larga. Hablamos de un fantasma violeta. Un fantasma que pide cuerpo social y político cada vez con más fuerza. Con fuerza de mujer.

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