A propósito del Mundial 2026, por un nuevo modelo deportivo para el fútbol que proteja a la infancia

Debemos aislar de manera urgente la práctica deportiva del fútbol infantojuvenil de los modelos de negocio y mercado del fútbol profesional. El problema no es el futbol sino el modelo de mercantilización.
Fútbol infantojuvenil
Fuente: Unicef. V. Musiienko / CC BY 2.0

Desde la mercantilización de las competiciones infantiles, hasta la presencia de diversas formas de violencia, el fútbol de base infantil transita del esparcimiento infantil a un fútbol que busca las estrellas del mañana sin importarle que hablamos de niños y niñas con sus derechos y necesidad de crecer sin la presión competitiva del modelo profesional adulto.

Con la celebración del mundial de México-EE.UU. volvemos a tener ante nosotros la presencia saturadora de un deporte practicado por millones de niños y niñas en el mundo pero que no es tan solo una práctica deportiva, sino un negocio que mueve miles de millones de dólares, que tiene una incidencia social y política evidente y que detentan modelos de negocio que están en las antípodas de los elementos más básicos de protección de la infancia ante las violencias, la explotación laboral y el derecho al ocio y esparcimiento sano.

En España, la práctica deportiva infantojuvenil y su protección ante las diversas fórmulas de violencia, se dirime también en el contenido de la Ley Orgánica de Lucha contra la violencia hacia la infancia (LOPIVI) que tiene un capítulo dedicado a la creación de la figura de protección en todos los clubes y entidades donde practican deporte personas menores; es el delegado o delegada de protección.  

Bajo esta premisa, todos los clubes de fútbol base, sin importar si son grandes o pequeños, deben tener nombrado un delegado de Protección al que los niños y niñas o sus familias o tutores legales puedan acudir en el caso de sufrir alguna forma de acoso, burlas o cualquier problema.

Esta figura, regulada en el artículo 48.1.c de la LOPIVI  además de la obligación de designar la figura, delimita sus funciones ya que es quien se encargará de la difusión y el cumplimiento de los protocolos establecidos, así́ como de iniciar las comunicaciones pertinentes en los casos en los que se haya detectado una situación de violencia sobre la infancia o la adolescencia.

Por desgracia la LOPIVI no desarrollaba con claridad sus funciones y perfiles y formación deseable por lo que en estos años de vigencia de la ley los diversos clubes y entidades vinculadas al fútbol de base han ido improvisando la figura sin que esté en general sirviendo para delimitar políticas de prevención efectivas ni que se vean disminuidos los casos de violencia o acoso en la práctica deportiva. Estamos hablando en ocasiones de clubes modestos o amateur pero no solo en estos casos se ha desarrollado de manera inefectiva la figura, es notorio que en el ámbito del fútbol profesional y de grandes clubes de la liga no se está apostando por delimitar una formulación diferente para el fútbol infantojuvenil, desarrollando prácticas nada acordes con la protección a la infancia: figura de los oteadores infantiles que buscan talentos en cantera dando regalos u oportunidades laborales a progenitores para provocar los traslados a las grandes canteras de los clubes profesionales, práctica de violencias verbales o castigos físicos para motivar, bullying entre iguales, insultos y violencia verbal de padres y madres en competiciones infantiles,  etc.…

La presión política del “lobby del fútbol”, vehiculizado claramente a través de la LIGA y la Real Federación del Fútbol, ha hecho además que el desarrollo de normas autonómicas para regular las figuras de protección que figuran en la LOPIVI no se cristalice, por lo que las entidades deportivas no se han visto obligadas a implicarse decididamente en el desarrollo normativo. Como muy bien han señalados desde la Red de Entidades protectoras de la infancia en actividades deportivas y socioeducativas “sin normas autonómicas de desarrollo, las entidades deportivas gozan de un amplísimo margen de discreción para decidir, según su mejor criterio, qué perfil debería tener el delegado o la delegada de protección, cuales son las características de la figura y qué funciones deciden encomendarle por el momento, a la espera de la normativa autonómica de desarrollo y los protocolos de actuación contemplados en el artículo 47 LOPIVI”.

Mientras se celebran los mundiales de fútbol, millones de niños y niñas siguen los partidos con atención, aprendiendo las maneras y los comportamientos del fútbol profesional mercantilizado, soñando con ser a futuro los protagonistas en el campo de estos partidos internacionales. Y muchos de ellos y ellas emprenden los tortuosos caminos del fútbol base perdiendo la inocencia y la práctica deportiva sana por un modelo que busca crear miles y miles de canteranos que puedan no solo ser buenos jugadores sino mercancía de venta millonaria en un mercado global endemoniado. Miles de ellos, la inmensa mayoría fracasarán, y con esto la salud mental e incluso la autoconfianza se verá minada.

Es por ello por lo que debemos aislar de manera urgente la práctica deportiva del fútbol infantojuvenil de los modelos de negocio y mercado del fútbol profesional. En primer lugar, convirtiendo el fútbol de base en “espacios de protección y libres de cualquier fórmula de violencia”. Cada club debe tener un plan escrito sobre qué hacer ante cualquier sospecha de violencia o discriminación, todos y cada uno de los participantes adultos del día a día de la entidad deben tener certificado de delitos sexuales, esto incluye a entrenadores, monitores, directivos y voluntarios. Deben ser espacios donde no se tolere ninguna discriminación por sexo, religión, idioma o habilidades, incluyendo la normalizada práctica de la violencia verbal durante los partidos y entrenamientos como “forma de violencia” y por lo tanto perseguida por la LOPIVI.

En definitiva, no es el fútbol el problema, es este modelo de fútbol mercantilizado y deseoso de jugadores que puedan seguir engordando el negocio a costa a veces, de los derechos más básicos de la infancia. La Convención sobre los Derechos del Niño (1989) reconoce el derecho al descanso, al esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas. Es lógico entonces pensar en un fútbol que impacte positivamente en la infancia promoviendo la salud (mejora la capacidad cardiovascular, la coordinación motora y previene el sobrepeso) que a su vez enseña valores fomentado la solidaridad, el respeto a las normas y el trabajo en equipo y que opera con una visión de integración social como un espacio de cohesión, tolerancia y prevención de la exclusión social o el bullying. El resto es convertir a la infancia en un nicho de mercado para un modelo futbolístico depredador.

(*) Secretario de Estado de Juventud e Infancia

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