Los depredadores de América Latina piden ahora remendar lo que ellos descosieron

Su herencia fue el endeudamiento internacional, la anemia de la hacienda pública, la sanidad sin recursos, las pensiones comercializadas, la desprotección de la mayoría y el sometimiento a la oligarquía.

“Olvídense de todo lo que he escrito”. Lo dijo Fernando Henrique Cardoso cuando se instaló en la presidencia de Brasil. El desarrollista se convirtió en neoliberal. Ahora vuelve a los altavoces de los grandes (pero no mejores) medios de comunicación para decirnos que nos olvidemos de lo que hizo. No viene sólo. Le acompañan otros tres depredadores de América Latina. Los también ex presidentes Ernesto Zedillo (México), Ricardo Lagos (Chile) y Juan Manuel Santos (Colombia).

Después de haberse dedicado durante sus mandatos a cazar a los pobres para alimentar a los ricos, ahora firman un manifiesto conjunto pidiendo la ayuda internacional para remendar lo que ellos descosieron. Su herencia fue el endeudamiento internacional, la anemia de la hacienda pública, la sanidad sin recursos, las pensiones comercializadas, la desprotección de la mayoría y el sometimiento a la oligarquía. Un escenario en el que la pandemia muerde como el cuchillo entra en la mantequilla.

En Colombia proliferan, como denuncia de la desigualdad, los trapos rojos colgados en las viviendas de los que reclaman con caceroladas la protección del gobierno frente al coronavirus. Chile está en llamas contra las políticas de empobrecimiento, privatizaciones y precarización. México intenta recuperarse de la desnacionalización provocada por el tratado del mal llamado libre comercio con Estados Unidos y Canadá. Y Brasil, que con Lula consiguió recuperarse del despojo de Cardoso, ha vuelto al gobierno del autoritarismo y de la arbitrariedad.

Este póker de depredadores que protegieron a la oligarquía, profundizaron la dependencia del endeudamiento, redujeron la capacidad fiscal del Estado y jibarizaron la sanidad pública para favorecer el negocio de los que sólo atienden a los privilegiados, ahora se conmueven por la pandemia y piden la caridad internacional porque no establecieron la justicia social. Una caridad que será en realidad más endeudamiento para, como reconocen en su manifiesto, “ayudar a las empresas y que el sistema bancario no sea una víctima”.

La Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina (CEPAL) calcula que, como consecuencia de la epidemia, el PIB de la región caerá un 5,3% en la peor crisis económica y social de toda su historia. La pobreza devorará a treinta millones de latinoamericanos y “aumentará la sobrecarga de trabajo no remunerado de las mujeres”.

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