Dice el académico ruso Sergey Bodrunov que las crisis a finales del siglo XX y principios del XXI mostraron claramente que el mundo está cambiando, pero lo más inquietante es lo que advierte desde el primer párrafo de su volumen Noonomía, un referente obligado al estudiar, investigar o formular cábalas del mundo por venir, ya en formación.
El profesor dice con absoluta seguridad: «El aumento de la inestabilidad de los sistemas sociales, la turbulencia financiera global y el comienzo de los cambios tectónicos en la economía mundial, indican inexorablemente que nuestra civilización está a punto de hacer la transición a una nueva formación que no puede describirse adecuadamente por las construcciones económicas y filosóficas convencionales, así como las existentes estructuras económicas y sociales».
Eso lo escribió en 2020. Desde entonces han pasado seis años, que son milésimas de segundos en la dimensión temporo-espacial y casi nada en la infinitud del universo, pero suficiente para darnos cuenta que estamos en ese período de transición en el que está en juego la vida misma del planeta.
Donald Trump está en el centro del debate, pero no piensen que por capacidad intelectual sino por todo lo contrario, es decir, como sujeto activo del cambio en tanto y cuando es requerida la presencia del hombre público en la materialización de la teoría política.
En el capitalismo como sistema socioeconómico se dan los mismos principios del movimiento que impulsa la transformación, tal como se expresa tanto en el materialismo dialéctico como el histórico aplicados por Marx, Engels y Lenin en sus investigaciones, y en ambos destacan el papel del hombre en la historia.
Trump no es la causa de esos cambios definidos por Bodrunov, sino su consecuencia. Al capital —que, además de un concepto político y económico es, sobre todo, una asociación de individuos que acumula un poder financiero muy elevado—, le hacía falta una persona absolutamente carente de escrúpulos, inculto, ambicioso y de otras cualidades mucho peores, capaz de ser aceptado por todas las partes y por encima de las pugnas. Su primitivismo en el trato humano les era perfecto.
Fue así que los delitos contra el Estado, la institucionalidad y la democracia de EE. UU., que merecen ser enjuiciados y penalizados, fueron valorados como factores esenciales por los multimillonarios demócratas y republicanos para transformar el bipartidismo en un escudo protector ante un cambio de tipo noonómico —en consideración a su esencia que es darle un orden racional al conocimiento—, el cual subyace de alguna manera en la fe de la gente de que un mundo mejor es posible.
Tomando el cambio como un hecho irreversible a pesar de todas las zonas oscuras que lo hacen indescifrable, sobre todo en su dimensión temporal, el gran capital estadounidense optó por un fortalecimiento a priori de su liderato mediante el uso de la fuerza y el tipo idóneo por su desfachatez delincuencial, es Trump.
Los multimillonarios descubrieron que su terrible adversario es el multilateralismo, el cual está conduciendo a un nuevo reparto territorial del mundo, aunque aún no admitan que la batalla no se está dando en el campo de la economía, aunque así lo parezca, sino del conocimiento.
Es lo que indica Bodrunov en su argumentación del cambio socioeconómico del sistema, en el cual cambiarán dogmas y paradigmas, en particular la necesidad de eliminar el dinero como referencia de valor en el intercambio de bienes y servicios.
En las condiciones actuales de una ferocidad sin límites y una ofensiva económico-militar abusadora, es muy difícil de asimilar, por ejemplo, que la guerra en Irán es resultado de la debilidad del imperialismo; que el secuestro de Nicolás Maduro y el control que está obteniendo del petróleo venezolano —como proclama Trump—, y su estímulo para continuar la guerra en Ucrania a fin de debilitar a Rusia, o el bloqueo a Cuba, se derivan de esa debilidad.
La fortaleza que desean mostrar con esas acciones, las guerras económicas, comerciales o arancelarias, las amenazas hasta a su propia sombra, que se extienden hacia todos los continentes, y su imagen de guapo del barrio frente a enemigos de musculatura como China, son engañosas apariencias de fortaleza.
Asimilar la noonomía en su alcance propositivo y necesidad de valorarla en su justa dimensión con ánimo aplicativo, es entender un poco más la complejidad de esa aparente dicotomía fortaleza-debilidad del imperialismo yanqui.
¿Por qué su debilidad se ve de forma contraria a lo real y crea el espejismo de un incremento de su fortaleza? Porque su poder operativo, háblese del militar, del financiero, del comercial, es enorme.
Pero el sistema radicular pierde fortaleza a un ritmo acelerado y cada vez su savia es menos para mantener grueso su tronco y bien frondoso su ramaje.
Su influencia universal es menos abarcadora y no solamente porque tenga enfrente a otras potencias iguales o superiores a EE. UU. en muchos aspectos, y la correlación de fuerzas a su favor pierda fuelle, sino porque ya su cultura, su encanto y su capacidad de hacer suspirar por el sueño americano, están en vías de extinción.
En 2026, gracias al rechazo que genera Donald Trump, estamos frente a un país convertido en uno de esos raros caracoles que enrollan su concha a la zurda y no se pueden aparear con los que la tienen a la derecha, que son la mayoría, y viven en celibato. El presidente forma cada día más bulla porque cada hora está más solo.
¿A qué le temen los millonarios de EE. UU., Europa, «Israel» y otros países que comulgan con Trump, en especial las monarquías del Golfo? A que la dirección de los cambios no va en el sentido de la acumulación de riquezas, sino del conocimiento y la racionalidad.
La aparente fortaleza de EE. UU. no es intrínseca a pesar de su innegable desarrollo tecnológico y ser la fábrica del dólar, sino extrínseca, pues internamente es un caos que la debilita mucho, como su rumbo financiero incierto y la necesidad de sustraer a como dé lugar hidrocarburos, minerales y materias primas que siguen siendo la base de toda producción material más allá de los aportes de la Inteligencia Artificial.
Eso explica la criminalidad de sus guerras de conquista y bloqueos bestiales como el de Cuba, y su comportamiento negativo respecto de las relaciones internacionales y la agresividad en una diplomacia más imperialista que nunca, lo cual es otra muestra de su debilidad genérica.
En ese contexto, Venezuela no es sinónimo de mayor poder, aunque lo parezca, tampoco lo es el bloqueo malthusiano y genocida a Cuba. En ningún caso han logrado el aplauso ni siquiera del estadounidense medio.
Para concluir, cito expresiones de Bodrunov en su obra Noonomía, fundamentales a la hora de analizar lo que está sucediendo en el mundo a partir de la visión errónea del club de millonarios de Washington.
«El futuro, por tanto, depende de todos nosotros. Si nos negamos a crear el futuro ahora y seguimos posponiendo el avance hacia lo desconocido, corremos el riesgo de no verlo en absoluto o, alternativamente, de encontrarlo no tan conveniente como podría haber sido».
«No son los problemas del sistema financiero los que se encuentran en el corazón de esta crisis en el sistema económico moderno. Aunque sí constituye un componente importante de la misma, surgen como consecuencia de sus causas reales».
«Hay una nueva normalidad que es la realidad de hoy, pero sigue siendo la norma lo que está sucediendo objetiva e inevitablemente, porque es la transición a una nueva etapa de nuestro desarrollo, de civilizaciones. Es que el capitalismo llegó al límite de la eficiencia de su modelo».
«¿Por qué es nueva? Porque como se deriva de cosas objetivas debemos considerarla como el inicio de una nueva etapa de nuestro desarrollo e incluso de nuevos paradigmas de la sociedad industrial».
«Lo importante es que el mundo está cambiando. Se avecinan cambios que nunca antes se habían presenciado, pero que pronto lo serán. Son necesarias reformas profundas en el mundo».
En fin, pongamos mucha atención para que las apariencias no nos engañen, pues por muy feroz que sea el lobo siempre hay formas de enfrentarlo, al igual que hizo David con su honda, frente al gigante Goliat.
Fuente: almayadeen.net







