La coalición de la canciller alemana, Angela Merkel, prepara un programa coyuntural para reactivar la economía tras los efectos de la pandemia del coronavirus.
En marzo ya aprobó un presupuesto suplementario de 156.000 millones de euros, el mayor desde la II Guerra Mundial.
La crisis del coronavirus ha dejado ya los primeros impagos en los balances de los bancos por parte de los clientes que no pueden hacer frente a la letra o vencimiento de sus créditos, en la mayoría de casos vinculados al consumo, entrando en el libro de morosos.
El tener dificultades financieras o imprevistos hace que muchas personas y entidades no puedan hacer frente a un pago de un recibo de suministros o a una cuota de un crédito. Aunque las entidades financieras deben avisar repetidas veces ante el retraso o impago de una o dos cuotas, si el cliente hace caso omiso a estas advertencias, como último recurso, la compañía crediticia o de suministros se ve obligada a incluir al cliente deudor en una lista de morosos. Por cualquier impago ante un crédito o préstamo, o ante las facturas de los suministros de luz, agua, gas o teléfono. Como norma general, una persona física o jurídica suele entrar en la lista de morosos al segundo mes de impago, consecutivos o alternativos. Pero entonces llegó el coronavirus y el gobierno decretó el estado de alarma.
La crisis económica desatada por la pandemia está causando estragos en Alemania. Más de 2.548.000 empleos se han volatilizado de la noche a la mañana. El número de personas sin trabajo ya asciende a 5,8 millones. Y al menos cuatro millones se han visto afectados por regulaciones temporales de empleo, lo que significa que, a pesar de las ayudas decretadas por el gobierno, en muchos casos sus salarios se han visto reducidos en un 50-80%.
Los bancos de alimentos
Antes solo venían personas sin hogar. Pero desde que empezó lo del coronavirus, vienen muchas, muchísimas familias. Les dan una bolsa con pan, una pieza de fruta, un yogur, un bocadillo, un envase con macarrones con tomate, productos que donan los supermercados.
Todo apunta a que esta crisis va a ser como la posguerra . Al problema del empleo se sumarán los hijos descolgados en las aulas y los problemas intrafamiliares del confinamiento.
El hambre no es lo peor. Lo peor es el miedo que veo en la gente. Y el miedo muerde muchas más veces al día que el hambre.
(*) Trabajador autónomo al que la crisis obligó a emigrar a Alemania en 2013.







